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El tren de la esperanza
Son muchos los argentinos que están
subidos a un necesario tren de esperanza, ahora que las riendas del
gobierno pasaron a manos de Eduardo Duhalde y su esposa Chiche, los
padres del "asistencialismo". Es lógico y saludable que
así sea, porque los días que atravesó este país a fines del año
pasado fueron de los más tristes de su historia.
Sin embargo, también son muchos los argentinos que tienen la ollas a
mano porque pidieron el alejamiento de los anteriores presidentes en
busca de una modificación de fondo en la forma de gestionar, gobernar
y proyectar los destinos de todos los argentinos.
Apenas subió, Duhalde dijo que se cortaba la alianza con los
inversores, banqueros y parásitos financieros, para comenzar una
etapa de coalición con el sector productivo. Excelente, siempre y
cuando de la palabra se pase a la acción. Hoy, con el flamante
cronograma de pago de los depósitos en pesos y en dólares y el
precio que tiene el dólar en el mercado libre, la calle intuye que la
anterior alianza permanece intacta.
Para sorpresa de algunos y lamentable confirmación de pronóstico de
otros, los primeros pasos de este gobierno dan la impresión de una
repetición de recetas. En términos culinarios, si los anteriores
gobiernos salaban el asado con sal fina, el "duhaldista"
cocina con parrillera, pero el gusto es el mismo.
La reactivación o el proyecto que apunte a esa movilización
productiva todavía no aparece. Los cambios profundos en materia
económica son más una promesa que un hecho. Y el punto final para la
política que se limita a pedir prestado a los fondos extranjeros para
tapar los agujeros locales y seguir aumentando los montos de una deuda
imposible de pagar, es por el momento el sueño latente de las ideas
de izquierda. El plan "Fénix" duerme en algún cajón.
La porción de defraudación que está comenzando a cortar este
gobierno tiene muchos ingredientes. En los cacerolazos, que no fueron
hace tanto tiempo, se bregó por un cambio que la gente no está
palpando. Digamos las cosas más simple. ¿Cómo estaban los bolsillos
de la clase baja y media en los días de cacerolazo, saqueo y
hecatombe institucional? ¿Cómo están hoy esos mismos bolsillos?
El gabinete se sigue completando con figuras que fracasaron en sus
anteriores tareas, huyeron de sus cargos o sólo cumplieron con lo
justo y necesario. En los nombramientos no hubo sorpresas y los
diarios muestran una totalidad de caras conocidas. ¿Ese era el cambio
tan esperado? ¿Hay que aceptar con la cabeza gacha o se puede seguir
peleando por una depuración de los malos gobernantes? ¿Y las
elecciones de marzo? ¿Y la posibilidad de una asamblea popular?
La plata sigue sin salir del corralito bancario, porque "de
común acuerdo" (claro que sin la gente en la mesa de
negociación) los ahorros de particulares se empezarán a devolver en
comodísimas cuotas. Los precios de la canasta familiar treparon muy a
pesar del pedido del "compre argentino" o del origen de la
materia prima. Las empresas pequeñas y medianas sufren la
remarcación sin que se presente un plan de salvataje. Y volvemos a
escuchar a un señor trajeado en su rol de ministro de Economía
diciendo que si las cosas marchan mejor habrá un desembolso de los
prestamistas extranjeros.
Dejemos los datos de lado y subamos al tren de la esperanza, pero al
menos saquemos pasaje hasta la estación más próxima y no nos
engañemos con un viaje a destino incierto.
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