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"Una noche con el señor Magnus e Hijos"
Un retrato sin tiempo
Con un discurso vigente que admite varias lecturas, la pieza de Ricardo Monti abrió la temporada del teatro El Galpón. Un trabajo loable que fue retribuido con aplausos del público.

"Hay un momento en la obra de arte en que el creador debe desaparecer, y es cuando deja de ser un individuo que anuda formas significativas interiores y exteriores para transformarse en un mero mediador de la conciencia social, que se desdobla y se vuelve sobre sí misma a fin de reconocerse, palparse el rostro o hacer muecas delante del espejo. Necesariamente entonces, el creador se comprueba casi un instrumento; devolverá al grupo social lo que durante un momento fue suyo, algo de lucidez, algo de pena, algo de ironía, el instante de su creación. Ganará nostalgia".
Con estas palabras Ricardo Monti prologó el programa del estreno de "Una noche con el señor Magnus e Hijos", en marzo de 1970.
Reflexivo y personal respecto a su labor como dramaturgo, "Magnus" fue el primero de sus intentos dramáticos que sellaron desde el comienzo, un estilo y una coherencia conceptual y crítica que el tiempo sólo pulió poéticamente.
Su visión y comprensión de otros años -que en definitiva reflejan un presente y por su actualidad, vigencia-, no hacen sino reflejar su búsqueda por un teatro revelador y movilizador.
Pero no es el suyo un teatro al que el público acceda con comodidad. Responde a una propuesta que invita a varias lecturas. Desde la misma estructura de la pieza -que destella rasgos trágicos y a la vez "clownescos", hasta la inserción en ella de personajes patéticos y oprimidos-, "Magnus" aparece como un símbolo de poder, de libertad y sumisión; reflejo de un momento o una sociedad que se proyecta más allá de los límites geográficos, para confundirse con lo universal.
Monti, como en las antiguas tragedias o misterios, sazonó su producción con tintes cómicos y trágicos y el carnaval con el drama. Un estilo que comenzó a hilvanar en "Magnus" y al que dio continuación en su siguiente producción dramática.
Atemporal, la pieza es un vehículo que muestra a Magnus obsesionado por el poder y enfrentado a sus hijos. En ese ámbito, enrarecido por la llegada de Julia y donde el teatro dentro del teatro va enlazando la acción, la rebelión de los hijos cerrará un tiempo, o tal vez una historia.
Como el mismo autor pone en boca de sus personajes, palabras más, palabras menos, importa "la vida, el momento, el acto vivo de los seres humanos".

La puesta en escena
Resulta una difícil tarea retomar los hilos con que Monti une sus piezas para tejer un desarrollo visual que permita acercarse al mundo de ideas propuesto por el autor.
En esta ocasión, esa labor fue asumida por Jorge Villar, director fundador de la Comedia del Pilar, que logró por su trabajo, erigirse en finalista regional del Certamen Regional de Teatro. Esa distinción los llevó a participar del Festival Provincial Tandil 2001 y ser nominados en los rubros mejor dirección, vestuario, escenografía y actor. De esa compulsa volvieron con dos premios, mejor escenografía (Sara Ramírez) y mejor actor (Fabricio Villagra).
Quizás el mayor logro del trabajo quede traducido en la concepción visual que director y escenógrafa plantearon para desarrollar la historia.
Un ámbito casi esperpéntico de puertas fue el marco elegido para mover a los personajes, que en su mayoría aparecen enmascarados con un gruesa capa de maquillaje en los rostros, así requerido por el autor para trazar su imagen de la condición humana.
Bajo esas características, conforma la trama Magnus, recreado por Fabricio Villagra, Wolfi encarnado por Gustavo Battiti, Santiago por Martín Simeoni, Gato por Guillermo Romani, Lou por Jorge Ramos y Julia personificada por Gabriela Ledesma.
Un trazado visual riguroso, rítmico, con actores vitales, dueños de palabras que imponen más allá del significado un rumor sonoro que apunta a edificar las situaciones; música incidental apropiada y un diseño lumínico tendiente a jerarquizar las situaciones, revelan en suma un trabajo coherente por parte de la Comedia del Pilar.
Este aspecto se vio doblemente reconocido la noche del sábado, en la sala del teatro El Galpón. La agobiante temperatura que acompañó la representación, exigió por demás a los actores, así como al público que siguió con interés su desarrollo.
En este marco, no puede dejar de señalarse la impecable y minuciosa elaboración del personaje de Magnus, en lo que a gestos, ductilidad y expresión se refiere, así como la voluntad y meritoria entrega de acompañamiento que exhibieron los restantes intérpretes, mostrándose Gabriela Ledesma como la más inexperta en cuanto a recursos dramáticos.
Primer acto del año de El Galpón, y una pieza clave del teatro argentino de los 70, con una lectura vigente.


Jorge Villar y los 35 años de la Comedia del Pilar
Diálogo con su fundador y director

Momentos antes de iniciarse la representación, EL CIVISMO dialogó con Jorge Villar acerca de la trayectoria del grupo que conduce.
"La Comedia nació en 1966; era Teatro Municipal en esa época y luego, pasados más de diez años, dejé la actividad en Pilar, precisamente en la época de la dictadura. Pero seguí trabajando en el interior: fundé el teatro de Capilla del Señor, trabajé en San Antonio de Areco y Zárate. Más tarde retorné a Pilar y volví a dar clases al Seminario Municipal, gratuito, para la gente. Entonces refundamos aquel Teatro Municipal con el título de Comedia del Pilar como grupo independiente. A partir de ese momento, seguimos trabajando ininterrumpidamente. Por eso festejamos 35 años de labor".
La primera presentación escénica del grupo en l966, recordó, fue "Un guapo del 900" de Samuel Eichelbaum; a ese título, siguieron "Panorama desde el puente" de Henry Miller, "Hamlet" en el 72, muchos autores argentinos, como el caso de Gorostiza y Dragun.
Hoy el grupo lo conforman alrededor de una docena de personas. "Para entrar a la Comedia -precisó- tienen que estudiar conmigo en el Seminario durante dos años: aprendizaje de técnicas en el primero y en el segundo montaje de obras". Precisamente esa labor le permitió a Villar, a fin de año, resucitar "Una libra de carne" de Agustín Cuzzani y antes hizo lo mismo con "Antígona Vélez" de Marechal, obras que requieren el concurso de muchos actores-alumnos. Y de ese semillero, aclaró, elige lo que más le interesa como material humano para incorporarlo a la Comedia.
Dijo también que hay otros grupos teatrales trabajando en Pilar, a los que se suelen sumar los alumnos del Seminario, aunque se encargó de señalar que a muchos de ellos los orienta al Conservatorio Nacional, de donde egresó, como un lugar de consolidación del aprendizaje. "Después cada uno se encargará de buscar otras cosas", remató.
En cuanto a la Comedia, indicó que sus actores siguen tomando cursos. "Yo soy un enamorado de que los actores y el director estudien. Yo mismo vengo de hacer un curso de perfeccionamiento de dirección y deseo lo mismo para los alumnos y el grupo, porque un actor nunca se recibe".
En cuanto a la selección del material que abordan escénicamente, manifestó que "trabajamos por políticas. Esta obra "Un noche.." pertenece a una trilogía que arrancó con "Destino de dos cosas o de tres" de Rafael Spregelburd, continuó con una versión particular de "La Nona" de Roberto Cossa y luego desembocamos en esta obra de Monti. Lo que puede unir una u otra es que en la primera mostrábamos la sociedad de control, en la segunda quien los devora y ésta, fue premonitoria, porque una de las lecturas era el miedo de la clase media al cambio: y quizás en este momento estamos viviendo un cambio. Y en la obra se vatician muchas cosas que pasaron".
De aquellos primeros actores que dieron forma a la Comedia 35 años atrás no hay ninguno en el grupo, pero Villar contó que a muchos de ellos los volvió a dirigir en "El conventillo de la Paloma", cuatro años atrás, porque continúan la labor actoral en distintos grupos y muchos volvieron a las tablas.
La Comedia, no obstante, es el más antiguo grupo en funcionamiento, reconoció. Funciona en el Teatro Municipal, en la sala "Lope de Vega" y allí tienen acceso para algunos ensayos y las funciones.
En cuanto a los mejores momentos vividos por el grupo, Villar señaló que el año 1986 fue un momento muy importante, porque ganaron un concurso en la provincia de Buenos Aires, con "El viejo criado", de Roberto Cossa, que los llevó a ser contratados por la Comedia de la Provincia para trabajar en Mar del Plata, a la vez que les posibilitó también recorrer casi toda la provincia y llegar a San Luis, San Salvador de Jujuy y Chaco. Otro momento para destacar fue con la puesta de "Destino de dos cosas o de tres", que fue invitada a Ecuador, y la pieza actual, "Una noche con el señor..." con la que ganaron el Certamen Regional de Teatro en San Fernando y deberán salir de gira.
En cuanto a proyectos, se muestra confiado en lograr un espectáculo con una autora local. En ese sentido ya está trabajando y alentando a una psicóloga que un día le acercó un poema para que elabore un guión escénico sobre el mismo. Reconoce que de darse esa experiencia, le permitirá dejar atrás el aspecto social para encarar un trabajo con una veta cercana más cercana a los sentimientos. Un título tentativo es "Los espejos del tiempo" adelantó.
Pero mientras espera el momento de comenzar a trabajar, Villar sabe que aún le espera un buen camino con "Magnus", pieza que estrenó en julio de 2001 y que aspiran a representar en muchos lugares. "Fueron seis meses de ensayo y sólo diez funciones y se necesitan algunas más para el espectáculo alcance mayor solidez", reflexionó.


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