SECCIONES

 Editorial

Escríbanos
 Portada
 Editorial
 Deportes
 Espectáculos
 Clasificados
 Archivo
 Historia
 Links
 Suplementos


 

 
Egoísmos

En el editorial de la edición pasada, este medio hacía referencia a lo legítimo de cada uno de los reclamos que se escuchan por las calles, algunos de ellos detrás del ruido de cacerolas. Y se señalaba que los jubilados y pensionados tienen todo el derecho a pedir por el respeto del monto y las fechas para el pago de sus haberes; que es lógico que los ahorristas reclamen por la devolución de su dinero, atrapado en el corralito bancario; que los afiliados al PAMI clamen cuando un solo servicio de salud esté cortado; o que la mayoría de la población pida a gritos que se vayan los políticos y jueces corruptos.
Cada uno, a su manera, siempre que utilice caminos pacíficos, reclama haciendo valer sus derechos. Y nadie debe cuestionarlo por ello. Pero esta repetición de algunas expresiones del editorial del miércoles estriban en cuestiones sucedidas recientemente, en sectores de la sociedad lujanense que sólo están dando muestras de egoísmo. Para que quede claro; una cosa es pedir por lo que uno cree justo, y otra muy distinta es cerrarse a las necesidades personales sin atender las urgencias que tenemos a nuestro lado.
El viernes pasado un nutrido grupo de trabajadores del Hospital Municipal "Nuestra Señora de Luján" marchó por las calles en defensa -según gritaban- del Hospital y de la salud pública. Nadie ignoraba que detrás había un legítimo reclamo por el pago de haberes adeudados. Pero ese dato era menor hasta que, a principios de esta semana, se conoció el texto de un comunicado del Sindicato de Salud Pública.
En ese documento, un delegado de ese gremio (que dice llamarse Angel Navarro) confirmó que la situación del Hospital es la que todos conocemos: atrasos en el pago de salarios; en la entrega del dinero de la autogestión; falta de insumos y materiales esenciales para la atención y "hermetismo" de los funcionarios responsables. Sin embargo, aunque usted no lo crea, ese sindicato asegura que descubrió "un cambio de mentalidad política en el intendente Miguel Prince" y por eso se suspenden las marchas para dar paso al diálogo.
La burla en la decisión está directamente dirigida a las decenas de vecinos que no trabajan en ese establecimiento, pero que agarraron su olla y marcharon para pedir por lo que, entienden, es un derecho de todos. El Hospital no es sólo de los que cumplen funciones en él; fundamentalmente, es de la comunidad. Y si una porción de esa sociedad dejó de lado el egoísmo y salió a las calles a pedir gasas, placas radiográficas, remedios, salarios dignos y atención adecuada, merecen un mínimo de respeto.
El "cambio de mentalidad política" que cita el Sindicato de Salud Pública, seguramente, no es otra cosa que un cambio de actitud. Si no medió una amenaza del intendente -que le tiene terror a los cacerolazos- a los trabajadores del establecimiento, no se entiende la medida de freno a las marchas del Hospital. "Siento que me tomaron el pelo", le dijo a este medio una señora que cada viernes sumaba su voz al pedido por la salud pública en Luján.
Algo similar sucedió el miércoles por la noche en el Sindicato de Luz y Fuerza. Los operarios de la Cooperativa Eléctrica se reunieron con sus autoridades para exigir el debido pago de haberes. Y echaron del lugar a cualquiera que pudiera dar a conocer lo que se habló en esa reunión.
La razones también se basan en cierto egoísmo. Si el lector no está muy al tanto de lo que sucede en la Cooperativa, no entenderá porqué los trabajadores se niegan a difundir sus padecimientos en el cobro. El tema es simple: lo que se está solicitando en este caso es el pago del aguinaldo y de una "bonificación a la eficiencia".
Salir a decir que esa es la deuda que la Cooperativa Eléctrica (de la que somos dueños todos los que pagamos la luz) tiene con sus trabajadores es, lisa y llanamente, burlarse del actual contexto social. Cientos de usuarios tratan de hacer magia para pagar sus boletas de energía, mientras hay quienes piden el pago de un premio "a la eficiencia", beneficio que se remonta a épocas de oro del Sindicato de Luz y Fuerza.
Por eso, con esos dos ejemplos bien claros, retornamos al inicio: es legítimo que cada uno reclame por lo suyo, pero no se puede ignorar lo que está sucediendo a nuestro lado.

 

Volver a Principal