|
Capitalizar la experiencia
El próximo viernes se cumplirán
cinco años del asesinato de José Luis Cabezas, el reportero gráfico
de la revista Noticias que fotografió la cara bronceada del
empresario más influyente de la Argentina y a la vez menos conocido,
sin saber que estaba inaugurando una trama siniestra que, al poco
tiempo, concluiría con la muerte de ambos.
Tres años después del crimen del fotógrafo, la Cámara de
Apelaciones y Garantías de Dolores dictó sentencias de reclusión y
de prisión perpetuas para un grupo de personas vinculadas con la
seguridad personal de Alfredo Yabrán, y señaló al empresario como
instigador principal del homicidio.
Desde entonces, el "caso Cabezas" dejó de sonar en los
medios, y la famosa muletilla que instaba a los argentinos a no
olvidar al fotógrafo-mártir comenzó a escucharse a intervalos cada
vez más espaciados.
Si bien la Justicia falló por este hecho, quedó para algunos (no
muchos) la sensación de que aún restan varios cabos por atar, y
muchos puntos oscuros por iluminar. Para otros, en cambio (acaso para
la mayoría), el "caso Cabezas" está definitivamente
cerrado, incluso lo estaba antes de que se conociera la sentencia. El
final, en ese sentido, lo marcó el propio Yabrán cuando decidió
terminar con su vida a través de un disparo en la boca, el 20 de mayo
de 1998.
Tal vez si Argentina tuviera una industria cinematográfica tan
potente como la norteamericana, la historia del fotógrafo ya habría
sido llevada a la pantalla. Y entonces -para buena parte de la
población- el "caso Cabezas" habría pasado a ser apenas
una película de acción, un cóctel que combina crímenes y suicidios
con oscuras tramas de poder y corrupción policial. Un film
apasionante, pero eso sí: inspirado en un hecho real.
Cinco años después de la muerte de Cabezas, Eduardo Duhalde es el
presidente de los argentinos. La misma persona que -cuando fue
gobernador de la provincia- llamó a la policía bonaerense "la
mejor policía del mundo", pese a las reiteradas denuncias de
corrupción y gatillo fácil que pesaban sobre la institución. La
misma policía que, sin ir más lejos, participó en el asesinato del
fotógrafo.
Cinco años después, el país atraviesa una de las crisis más
profundas de su historia, y la clase política -más que nunca- está
sindicada como la mayor responsable de todos los padecimientos del
pueblo.
Cinco años después, la gente padece las injusticias más atroces, es
víctima de la desidia, la inoperancia, el hambre y la corrupción.
Cinco años después, las mafias continúan dirigiendo a su antojo el
destino de este país, y ya nadie dice "No se olviden de
Cabezas".
Pero de todos modos, el asesinato del reportero gráfico tal vez haya
sido el germen de una conciencia colectiva que, cada vez con más
fuerza, va creciendo en la gente, y que en la actualidad se traduce en
las distintas protestas sociales resgistradas a lo ancho y a lo largo
del país.
El crimen de Cabezas acaso haya despertado la voluntad de cambio de
los argentinos, que había sido apagada y silenciada por largos años
de amenazas, muerte y terror. Su muerte, quizá, represente un
peldaño más de una larga escalera que, si aprendemos a capitalizar
la experiencia, puede que nos lleve a materializar la verdadera
transformación que anhelamos.
|