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Angeles Bartolomé, ayer y hoy
Entretelones de una familia dedicada al arte
Nacida en el seno de una familia vinculada al arte en sus distintas expresiones, repasa junto a un álbum de viejas y nuevas fotografías, sucesos artísticos del pasado y de un presente en el que la acompañan su hermano y nieta.

Mientras los años se suceden, borrando en ocasiones nombres e historias que de algún modo enlazan hechos y culturas de un pueblo, escuchar los relatos de entrecasa de Angeles Bartolomé invitan a recuperar en muchos aspectos, ese pasado suyo y nuestro.
Casi un siglo tejido por sucesos familiares, se abren entonces como un revelador compendio. En él habitan personas y entidades, premios y por sobre todo, vocación y trabajo. Porque como una caja de sorpresas, los hilos que la condujeron a volver sobre sus raíces y retomar con bríos el recitado criollo, no se entendería sino es a partir de una historia familiar. Un álbum de familia que de pronto ante el cronista, comenzó a mostrar con orgullo, como un modo de sentirse parte de un ayer y un presente que se continúa en las nuevas generaciones. En su caso, en una de sus nietas.
Pero entender el hoy, implica volver las hojas del almanaque hacia atrás.
Ordenada y prolija con recuerdos y testimonios que son parte de sus seres queridos, Angeles se presenta con viejos recortes de diarios, programas de teatro, fotos, medallas, diplomas y un sinfín de artículos que la devuelven a otros años.
Le resulta difícil tomar la palabra para hilvanar la historia familiar. Pero comienza el camino por una ciudad, San Pedro, donde nació. Cuenta entonces que su nacimiento tuvo lugar allí por circunstancias especiales.
Por aquellos años su padre, Julio Bartolomé, encabezaba una compañía de teatro de la que formaba parte su esposa, Emma del Valle Robles, con la que se hallaba en gira.
Pero el dato la lleva más allá en el tiempo.
Sus abuelos fueron inmigrantes españoles que se radicaron en San Nicolás. En 1910 nació Julio que desde muy joven comenzó con su vocación artística, mientras su hermano Manuel, se inclinaba hacia la escritura y la poesía.
Cuando fallece su abuelo, la familia se traslada a Villa Ruiz y más adelante a Capital Federal. Ya a los 17 o 18 años, Julio si bien se dedicaba a la construcción, comenzó a vincularse con mayor ímpetu a la actividad artística, recordó.
Primero fueron sus entusiastas participaciones en programas radiales y luego el teatro, formando con el tiempo su propia compañía. Así fue que con motivo del centenario de la Vuelta de Obligado, su padre ganó un concurso teatral en la provincia de Buenos Aires que lo llevó a representar la obra "La vuelta a La Tablada" por distintas ciudades bonaerenses. Precisamente en una de ellas, San Nicolás, nació Angeles.


El tiempo de Luján
La historia continúa en Luján. Como toda la familia era muy católica, Luján siempre fue una ciudad visitada por el grupo familiar, hasta que un día Julio decidió quedarse aquí.
Pero la familia Bartolomé traía en su haber una nutrida trayectoria teatral cuando se instaló en el medio.
Julio había participado en Radio Mayo en el programa "Papel picado" como recitador, y lo había hecho junto a consagradas figuras, como Oscar del Serro y Blanca Podestá. Después comenzó con su propia compañía.
Hizo muchos sainetes. Y Angeles muestra los programas, algunos fechados en 1934 donde el nombre de Julio Bartolomé ya encabeza las compañías.
Pero instalado en Luján en 1942, Julio no sólo se dedicó a la construcción, sino que continuó con su espíritu artístico, retomando el teatro y a la vez tomando contacto con distintas entidades, a las que se entregó su dedicación y empuje.
Sus largos años de vinculación al Club San Lorenzo, la Liga Lujanense de Fútbol, así lo atestiguan.
Pero Angeles recuerda especialmente muchas de sus construcciones, como algunas casas revestidas en piedras y los trabajos realizados en la avenida Muñiz, con columnas y jarrones hoy desaparecidos.
Guarda en su memoria aquellos días en que Julio trabajaba la piedra, en los que como un fértil y creativo artesano, dibujaba el molde de cada una para después cortarla en su exacta medida. "Como trabajaba muchas veces en las veredas de la avenida España, a veces muchos colegios se acercaban para ver lo que hacía y cómo llevaba adelante su labor", recuerda. "Era un artista en su trabajo, un escultor, por eso lo llamaban `maestro', sintetiza emocionada.
Ese trabajo que muchos recuerdan con cariño, también fue reconocido alguna vez por una institución. Una medalla de oro en premio a su obra artística, otorgada por una entidad de San Andrés de Giles en 1965 es prueba de ello.
Por aquellos años, Luján descubría en los rostros de sus vecinos a jóvenes actores dirigidos por Julio, y Angeles, que había aprendido recitado criollo en sus primeros años, participó también en aquellas obras teatrales que conducía su padre. En este sentido, recuerda sus actuaciones en el viejo Cine Numancia y el Teatro Luján. Su hermano Antonio -que después cambiaría su nombre artístico por Aldo Videla- se dedicó especialmente a la música, integrando distintos conjuntos con otros artistas de Luján. Su primer maestro de guitarra fue Naldo Guazzaroni, al que acompañó en el grupo "Cerro de la Gloria". Hoy, dice orgullosa, Aldo integra el dúo "Un nuevo camino" junto a Víctor Visconti, continuando así el camino del conocido dúo de hermanos. Pero también es docente de música.
Pero mientras Julio continuaba con sus amplia actividad, Angeles se puso freno a la misma, formando una familia en Mercedes, que se tradujo con el paso de los años en dos hijos, cinco nietos y dos bisnietos.
Uno de sus nietos, María Celeste Di Franco, sigue la rama artística, es profesora de piano, estudia canto y forma parte de la agrupación "Fortín Luján".
La actividad escénica de Julio, recuerda que se extendió hasta cerca del año l960.
Angeles volvió a Luján en 1965, pero sólo cuando se jubiló después de muchos años de trabajos administrativos en escuelas, se le ocurrió retomar aquellos recitados juveniles que tantas satisfacciones le habían dado.
Así se anotó en los Torneos Abuelos Bonaerenses y luego en otros festivales folklóricos. Y el hecho de haber vuelto, le significó nuevas invitaciones para entregar lo suyo en distintos emprendimientos culturales.
Hoy su familia, sus recuerdos y su compromiso con los recitados criollos forman parte de su vida cotidiana. Una vida que disfruta a pleno, abranzando una larga historia de inmigrantes y vocaciones, que se continúa en las nuevas generaciones, como la vida misma.