SECCIONES

CULTURA & ESPECTACULOS

Escríbanos
 Portada
 Editorial
 Deportes
 Espectáculos
 Clasificados
 Archivo
 Historia
 Links
 Suplementos
SERVICIOS
Farmacias de Turno
Direcciones útiles
Horarios de trenes y colectivos
Cartas de Lectores

 

Pasen y vean: Daniel Pascarelli y sus creaciones fantásticas
Un autodidacta del arte

Más reconocido en el exterior que en su propio país, los días de Daniel Pascarelli transcurren entre su familia y las ilustraciones. En su gran mayoría, encargos que le llegan de editoriales de distintas ciudades de norteamérica.

Los años de niñez, abiertos a dimensiones aúlicas inimaginables, suelen convertirse en eje determinante para los años futuros. En algunos casos, en un valioso capital para asumir o delinear, casi inconscientemente, rasgos o conductas; o bien, alentar una vocación que sólo el tiempo se encarga de madurar.
Desde muy pequeño, cuando sus posibilidades ya le permitían leer, Daniel Pascarelli comenzó a vivenciar placer y una pasión inocultable por el dibujo. Y todo porque un día llegó a sus manos una primera historieta, que se volvió con el correr de los días, en un instrumento más que necesario para ocupar y dar sentido a aquel tiempo.
Pero Daniel no experimentaba la misma ansiedad por descubrir la historia o el hilo conductor de aquellas cuadros ininterrumpidos, que por los dibujos que delineaban la acción. Poco le importaba si Patoruzú o Patoruzito, por ejemplo,
se veían en apuros por contratiempos de sus amigos o familiares, sino en los gestos o esas líneas fugaces -ejecutadas por maestros del dibujo- que definían una actitud o un pensamiento del personaje.
Esos cuadros en su mayoría en blanco y negro encendían su imaginación y lo invitaban a tomar una hoja de cuaderno, para reproducir aquellos rostros o siluetas. Poco importaban entonces los globitos de letras que los acompañaban. El imán de tinta estaba en esas facciones, en esos círculos y garabatos que en su mente, se volvían capaces de expresarlo todo sin apelar a la palabra.
Y en ese deslumbramiento semanal o mensual, una singular importancia adquiría la tapa, de desbordante color y realizada con mayores detalles y riqueza de elementos gráficos.
Ese universo de imágenes y sensaciones que le despertaban las historietas, y en algunos casos las inmensas carteleras de cines pintadas, lo acompañaron por siempre.
Con el paso de los años, Daniel supo de otras alegrías y sinsabores. Hombre al fin, sin alejarse de aquella pasión que comenzó a desarrollar de niño, sintió la necesidad de formar una familia y mediante el trabajo en una automotriz, procurar su bienestar.
Pero la vida -como en algunos cuentos cuyas últimas páginas se llenan de misterio y magia para resolver la historia de modo feliz-, le deparó una sorpresa. Quizás producto de su inclaudicable amor por el dibujo y su tesón por hallar un camino en él.

Una visita al taller
Italia al dos mil cien. Allí en una amplia casa vive Daniel, junto a su esposa Daniela y única hija, Luisina.
Para acceder al lugar cotidiano de trabajo se deja atrás un amplio living comedor, que entre otros objetos, incluyen artísticas fotos de su hija y algunos de sus trabajos. Su atelier, reducido en espacio, atesora sí una inmensa cantidad de piezas elaboradas por Daniel, que se adivinan, casi ocultas en forma vertical, una sobre otra, en distintos sectores. Mayor importancia reviste su mesa de trabajo y su computadora, dos herramientas imprescindibles para su labor. Enfrente se ubican dos esculturas realizadas también por Daniel: otra prueba de su inquietante búsqueda por las distintas aristas del arte.
Junto a su esposa -que lo secunda en muchos de sus dichos y se encarga de ilustrar con mayores observaciones aspectos de su trayectoria-, Daniel aparece como un hombre sencillo, seguro y dispuesto a hablar sólo a través de su obra.
"Esto es arte fantástico", responde a la pregunta sobre dentro de qué estilo define muchas de las piezas de su producción.
Y a modo de ejemplo, exhibe algunas de sus creaciones.
Las pinturas, en su mayoría de tamaño grande, tienen como protagonistas a esculturales mujeres con su anatomía en gran parte al descubierto, inmersas en un clima fantástico, pródigo en dragones o castillos inimaginables captados desde sugestivos ángulos visuales.
Sus mujeres son cercanas al ícono erótico impuesto por los comics americanos. Pero entre una y otra no hay lugar a confusión. Una vez que se comienza a hurgar en su obra, aparecen detalles que definen un estilo, sino único, con demasiada personalidad, diferente de otro de similares características.
Precisamente, el conocimiento de la anatomía humana y su habilidad para exponerla a través del dibujo o la pintura, distinguen sus trabajos de otros. Esa virtud lo ha erigido en un artista requerido por distintas editoriales americanas y reconocido por otras europeas.
Son muchas las preguntas que surgen frente a su obra y a propósito de sus comentarios; pero es el mismo Daniel quien da las respuestas.
Los personajes, rostros, poses o gestos, obedecen a su propia creatividad, salvo que se trate de un encargue. Cada ser tiene una historia propia, sin continuidad. En ocasiones, cuando se lo pide una editorial, le envían bocetos con ideas que él debe desarrollar.

En busca del destino
Autodidacta. Así se define. Nunca estudió dibujo ni pintura. Siempre miró, investigó y admiró a muchos ilustradores. Así fue conformando su estilo.
Hoy dueño de un lenguaje visual reconocible, es requerido por tres editoriales de Estados Unidos, una de Nueva Jersey, otra de Nueva York y una de California.
La vinculación, se encarga de señalar, no cayó del cielo. Y cuenta. En 1998 con la seguridad de que sus creación artística tenía valor, emprendió un riesgoso desafío. Dejó su trabajo en Argentina y partió para Estados Unidos.
Allí fue con su bagaje de pinturas y después de algunos meses de deambular y recorrer sitios y editores, merced a un amigo dibujante que le procuró direcciones, obtuvo su primera oportunidad.
Las demás conexiones se fueron dando con el tiempo, en algunos casos vía Internet.
Cada editorial, tiene su línea, idea y estilo, explica. Y sus trabajos suelen incluirlos en libros, o destinarlos a tapas o posters. En todos los casos, Daniel se queda con fotocopias y recibe los libros una vez editados.
Para complementar sus dibujos humanos, Daniel apela a archivos y mucha documentación, que le permiten acceder a ese marco fantástico en el que sumerje sus obras. Aclara también, que a cada una de esas atmósferas trata de conferirles un espíritu libre, procurando omitir todo rasgo de verosimilitud.
En cuanto a sus mujeres, subraya, aunque el estilo las iguale, cada una tiene facciones y proporciones distintas, que no se repiten.
Daniel ha incursionado también en otra pintura, la clásica o realista como la llama; pero esos trabajos están guardados, sin exhibir, como la totalidad de su producción. Reconoce sí, que en alguna ocasión, por un pedido especial, colgó uno o dos trabajos en El Aguila.
Pero aunque su obra no ha sido colgada, sí aparece y puede apreciarse en su página de Internet. Una página que él mismo elaboró, que reúne datos personales y muchos de sus trabajos. Un medio además, que le posibilitó a editores y dibujantes de otras latitudes, descubrir su arte y formalizar a partir de allí, en algunos casos, un nexo comercial.
Por otra parte, aduce que está tratando de reunir una cantidad de trabajos para concretar la publicación de un libro totalmente en colores.
Cada obra le insume tres días o hasta una semana, dedicando a su labor ocho horas diarias, según la complejidad de la pieza.
Esos trabajos, reconoce, a veces surgen de modo espontáneo, mientras otras, sólo después de una búsqueda constante en el papel.

Su proyección
Una serie de revistas de distintos orígenes que acerca su mujer, incluyen dibujos de Daniel. Así desfilan ante el cronista, Jungle Tail, Breast Duel, Leather y Lace y Crimson Embrace, que enlazan distintas producciones de artistas, todas enmarcadas por una sola temática.
Entre otras publicaciones, hay una de mayor volúmen que reproduce un trabajo de Daniel y su biografía. El dibujo mereció un primer premio. Se trata de un certamen que organiza cada dos años Fandom Directory Publication y del que participan artistas del dibujo de prácticamente todo el mundo.
Con una sonrisa en el rostro, cuenta que envió el trabajo mucho tiempo atrás, y un día viendo la publicación, reparó en la distinción que había obtenido.
Y si bien era importante el premio y la recompensa en dólares, lo más significativo para Daniel fue el hecho de hacerse conocer.
Hoy aparte de su página Web, el artista tiene páginas en Francia, Rusia y Bélgica y su nombre figura, por órden alfabético, en la de dos editoriales norteamericanas. "Estoy en constante exposición -dirá- por eso no necesito exponer en salas convencionales".
El contacto vía e-mail le posibilitó también que Lory Benson -una conocida modelo y fotógrafa estilo revista Playboy- se pusiera en contacto con él para solicitarle que la dibujara y concretar trabajos en conjunto.
Ese medio también permitió que el editor de Graffity Print, de California, lo ubicase después de una intensa búsqueda para incorporarlo como dibujante exclusivo. Si bien muchos son los dibujantes del staff, desean que la imagen de la empresa sean sus dibujos. En este sentido, el único requisito que le exigieron es que el estilo que les confiera a sus trabajos para la revista sea exclusivo, y no los desarrolle en otra.

El futuro y sus anhelos
Y mientras define propuestas, sin perder contacto con los pinceles o el aerógrafo, Daniel se tienta con proyectos futuros. Entre ellos dar animación a sus dibujos, tarea a la que se encuentra abocado y planea desarrollar en otra computadora.
Dos esculturas de sus dibujos que realizó tiempo atrás por la necesidad de experimentar con volúmenes, son un ejemplo de la tenacidad con que se ha propuesto llevar adelante el emprendimiento de la animación computarizada.
Pero Daniel, además de dedicar todo el tiempo a su vocación, se hace de algunas horas libres y no descuida dos hobbies: tocar guitarra eléctrica y armónica para hacer blues. Un gusto, además, que en ocasiones lo lleva a brindar alguna clase de guitarra.
Mientras el fotógrafo hace su trabajo y al que Daniel se entrega con serenidad, la conversación no se interrumpe.
Habla entonces sobre la labor de dos artistas a los que admira y espera algun día conocer: Frank Frazetta, un americano de origen italiano que fue el iniciador del arte fantástico, y Boris Vallejo, un peruano que de joven emigró a Estados Unidos, donde desarrolló toda su labor. Los dos modelos que llevaron su obra hacia su presente artístico.
Entre el montón de pinturas, aparece la silueta de un Tarzán y dos trabajos que llaman la atención, aunque sólo por las facciones del rostro: Natalia Oreiro y Valeria Mazza. El resto pertenece a la iconografía de Daniel.
Son nuevos testimonios de un artista que transcurre sus días en esta ciudad, junto a muchos vecinos que, quizás, desconocen la proyección artística de su creatividad.
Pero ello es algo que no le interesa demasiado. Daniel vive para su arte. Y crece junto a él, como el hombre que es y que manifiesta a todas luces, su urgente necesidad de perfeccionarse.
Con treinta y pico años, Daniel conserva un rostro añiñado; quizás en sus facciones juveniles, se esconda el chico de ayer que supo crecer ilusionado por los dibujos y los colores. Y hoy, tal vez sin pensarlo, vuelve a través de su arte, a despertar en otras generaciones de lectores visuales, la misma magia e inquietud que un día otros supieron despertar en él.

>>> volver