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Esto no es una guerra
La Intendencia de Luján está
iniciando el peor camino para salir de la crisis en la que se
encuentra el partido. Se manifiesta abierta a las propuestas y a las
acciones de los más diversos sectores de la sociedad, pero en la
práctica hace todo lo contrario.
Como nunca, desde que Miguel Angel Prince está al frente de la
Comuna, la gestión se encerró en sus ideas, las profundiza y
directamente califica de "enemigos" a los que piensan
distinto. Da muestras de una extraña y poco interesante soberbia.
En su discurso de inauguración del período ordinario de sesiones del
Concejo Deliberante, Prince incluyó un puñado de lamentables frases
(extraídas de una obra de Joaquín V. González), y lo más triste
del caso es que las eligió para el final de su mensaje, dándole una
peligrosa importancia.
"Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme. El territorio de
mi estrategia es infinito, y puedo fatigar, desconcertar, desarmar y
aniquilar al adversario, obligándolo a recorrer distancias
inmensurables, a combatir sin comer, ni beber, ni tomar aliento, la
vida entera", leyó el jefe comunal, ante una barra repleta y
armada a medida.
¿Quién es el enemigo, señor intendente? ¿Usted cree que está
gobernando en un campo de batalla? ¿Su estrategia de guerra debe
entenderse como la planificación de su gestión? ¿No cree que está
equivocado al mirar al partido que administra como un espacio bélico?
De manera más sutil, Prince no hizo más que respaldar las
irresponsables expresiones del Partido Justicialista, cuando semanas
atrás sacó un comunicado en el que amenazaba: "¡Ojo! que la
violencia genera más violencia".
No le hace bien a Luján que Prince se crea un guerrero, sin siquiera
decirle a su pueblo qué es lo que observa como enemigo. Tal vez no lo
expresa porque debería salir a admitir que para él los enemigos
pasaron a ser los que piensan distinto; los que no comulgan con sus
ideas.
Que Prince baje las armas, deje de contratar patoteros, perdón,
soldados, y se ocupe de los verdaderos problemas de la ciudad. Que
atienda en serio al Hospital, no con un circo solidario que sólo
duró dos tardes. Que gire los fondos que los ciudadanos entregan en
forma de tasa asistencial. Que se olvide de los cohetes y los fuegos
artificiales para quemar a un Judas y los cambie por gasas, jeringas o
placas radiográficas.
La soberbia no es buena consejera. Con soberbia Alberto Fujimori
gobernó en el Perú y terminó prófugo en el exterior, después de
un innecesario derramamiento de sangre. Con soberbia reinó en el
país el poder de Carlos Saúl Menem y desembocó en la mayor brecha
histórica entre pobres y ricos.
Con soberbia "desgobernó" el doctor Fernando De la Rúa y
salió del gobierno en pocos meses y por la puerta de atrás. Con
soberbia resolvió sus medidas el gran ministro de Economía de la
última década, Domingo Felipe Cavallo, y hoy está preso.
Sobran los ejemplos para entender que con soberbia y encerrado en la
burbuja del poder no sólo no se resuelven los problemas del pueblo,
sino que se profundizan y se culmina irremediablemente mal. Hoy Miguel
Angel Prince, pésimamente aconsejado, está enfrascado en una notable
soberbia que no lo hace bien a nadie.
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