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Una temporada especialmente
valiosa
Con enorme esfuerzo, hacedores de
la cultural local empuñaron todas sus armas para brindar, a lo
largo de doce meses, una actividad ininterrumpida que se extendió
a distintos campos del arte. Una demostración ejemplar y de
resistencia, que otorgó otro espíritu al duro año.
La
llegada del 1º de enero significó la finalización de un año
atípico. Un año duro y crítico que se inició envuelto en un
clima de tensión generalizada como pocas veces recuerda la
historia reciente.
Después del fatídico diciembre de 2001 -que además de enlutar a
los argentinos testimonió para los tiempos futuros una
ininterrumpida sucesión de nombres destinados a ocupar el sillón
de Rivadavia-, el país se presentaba a los ojos del mundo,
derrumbado anímica y económicamente. Este signo alumbró las
primeras horas del año que se fue. En medio de ese caos, difícil
o ilusorio, resultaba pensar qué iba a pasar con nuestra cultura
cuando se imponían otros valores y urgencias.
Y aunque debieron pasar algunos meses para que las tensiones
comenzaran a desvanecerse, otras urgencias, en distintos campos,
centraron una y otra vez la atención de los argentinos. Pero
abriéndose camino en ese difícil tramo, los artistas, sensibles,
y casi representando el espíritu de seres anónimos con deseos de
dar batalla ante la impotencia, lograron poco a poco otorgar al
país otro clima. La música, el teatro, la danza y todas las
expresiones del arte, como resurgidas de un letargo y como un modo
de despertar conciencias, cobraron una fuerza inusitada en muchos
puntos del país. Y Luján, como eje de una historia
tricentenaria, no podía quedar afuera.
Hoy,
cerrada la última página del 2002, es posible ahondar con
proyección en el territorio cultural local, que se tradujo en un
actividad sostenida con pasión por artistas, instituciones y
organismos que de la nada, con esfuerzo, imaginación, trabajo y
sensibilidad, captaron la atención de los lujanenses.
Ni los emprendimientos privados ni oficiales contaron con
solvencia para encarar los proyectos. Pero así y todo, la agenda
cultural dispensó al público la posibilidad de escoger cada fin
de semana entre tres o cuatro programas.
En la mayoría de los casos, los precios de los espectáculos se
acomodaron a las circunstancias. Esto se advirtió especialmente
en las empresas promovidas por los artistas locales, que con
entradas muy populares, permitieron que el público llenara una y
otra vez las salas teatrales. Este aspecto sintetizó una
excelente estrategia valorada por ambas partes; de este modo, los
artistas pudieron solventar gastos de producción sin mayores
pérdidas, a la vez que el público pudo acceder y gratificarse en
la mayoría de los casos con espectáculos realizados con calidad.
Otros emprendimientos, en especial los gestados por productores
capitalinos, en algunos casos debieron ser suspendidos. Una platea
cercana a los 30 pesos desanimó e imposibilitó la asistencia a
algunas realizaciones, que no obstante su jeraquía, sólo
quedaron en proyectos.
Hasta la última semana del año hubo actividad, con muestras
diversas que dejaron al descubierto, además, la iniciativa de
muchos jóvenes, niños y adultos por acercarse al arte, ensayar y
estudiar una disciplina, para luego exhibirla como resumen de
muchos meses de actividad.
El 2003 se abre con otras perspectivas. Será un año de
elecciones y, quizás, tampoco sereno. Pero los artistas,
cómplices de su tiempo y conocedores de las armas para
entretener, con seguridad volverán con toda su potencia para
poner alegría y ritmo, y de este modo, condimentar el quehacer
cotidiano de los lujanenses.
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