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Mal educados

"Sentiré cumplida la misión de mi vida si al cabo de estos cuatro años cada brasileño desayuna, almuerza y cena", aseguró Luiz Inácio Lula da Silva al asumir el cargo de presidente del Brasil. Su promesa es ambiciosa para países como el suyo o la Argentina, condenados por las presiones externas y las corrupciones internas.
Sin embargo, al pronunciar esas frases el primer mandatario del país vecino habrá imaginado que su pueblo tiene la educación necesaria para ayudarlo a cumplir la misión. O, en todo caso, lo expresó porque en su carpeta de gobierno figura un plan serio de educación para los sectores más castigados por la pobreza y el derroche oficial.
Nosotros estamos en los escalones previos a una elección. Y no faltará el político delirante o cínico que en campaña prometerá, para su gestión, "lograr en cuatro años que todos los argentinos desayunen, almuercen, merienden y cenen". Nuestros dirigentes son así, están siempre en la búsqueda de la frase, del impacto, del comentario, pero son inútiles en la acción.
Sin educación no hay posibilidad de comida para nadie. Eso lo saben en detalle los políticos argentinos. Y los líderes actuales hacen abuso de ese conocimiento. Con la carencia de una mínima educación, por ejemplo, es imposible entender que el "uno a uno" de la gestión menemista era una mentira y que el costo de esa mentira lo estamos pagando ahora, con una recesión y una miseria imparables.
Aquellos que no tienen educación porque la realidad les cerró los caminos de ese derecho, tampoco alcanzan a comprender el uso intencionado de la asistencia. Esa asistencia que los teóricos denominan asistencialismo o "dar a cambio de".
Si una familia recibe una bolsa de alimento por mes, algún remedio, chapas o un "plan" de empleo de 150 bonos y no logra entender las razones o el costo de esa ayuda, creerá que el "donante" es un ser superpoderoso. Un sujeto a quien hay que concederle cualquier deseo. En ese nivel de razonamiento, poner un voto en la urna es una pequeñez, una insignificancia.
El problema radica en la suma de grandes cantidades de insignificancias. Así es como ganaron (y ganan) Menem, Prince, se mantiene Duhalde y otros sujetos cultores del modelo de exclusión y beneficiarios de la falta de educación.
El hambre que tanto golpea a través de los medios de prensa se apoya en dos pilares: la ignorancia y la corrupción política. Y los culpables de esos dos males son los mismos sujetos.
En el 2002, 30 mil chicos dejaron el Polimodal en la Provincia de Buenos Aires a causa de impedimentos económicos y sociales. En ese mismo período, el Ministerio de Educación de la Nación no compró libros para las escuelas pobres. En Entre Ríos, Río Negro y San Juan hubo más días de inactividad que de clases. Se implementó una reducción drástica en los programas de capacitación docente.
¿Hacen falta más datos para entender que las autoridades políticas consideran a la educación un gasto y que, además, saben que si "gastan" en ese rubro a mediano o largo plazo podrían perder el poder?

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