SECCIONES

 Editorial

Escríbanos
 Portada
 Editorial
 Deportes
 Espectáculos
 Clasificados
 Archivo
 Historia
 Links
 Suplementos


 

El olor de la ciudad

Otra vez los funcionarios corriendo detrás de los problemas. Otra vez la falta de planificación haciendo estragos en la gente de Luján. Ahora no somos ni siquiera dueños de respirar un aire limpio.
Según admiten las autoridades municipales, la Planta Depuradora de Líquidos Cloacales que recibe los residuos urbanos (ubicada en el barrio San Bernardo) funciona en un 10 o 20 por ciento de su capacidad.
Uno de los pocos funcionarios de carrera que supo sobrevivir al princismo, el ex director de Servicios Sanitarios Néstor Cosentino, trabajó en el mantenimiento del lugar. Pero sin dinero, sin recursos materiales y humanos, los milagros escasean.
La Municipalidad de Luján tomó la responsabilidad del cuidado de la planta, para alegría de la Provincia, que en su engaño de la descentralización dejaba de lado otra de sus obligaciones. Algo similar ocurrió con el Hospital.
La idea de las autoridades comunales es muy básica: si las cosas salen bien, se puede divulgar lo amplio y eficiente de la gestión. Pero si los edificios y servicios se empiezan a caer a pedazos, la culpa es la crisis general, que no permite gobernar como se debe.
Cuando los vecinos se movilizaron para pedir el suministro de los elementos más básicos al Hospital Municipal, el gobierno del intendente Miguel Prince salió a apagar ese incendio. Prometió tener el establecimiento de salud como la prioridad de la gestión. El tema se calmó y las cosas siguieron como siempre.
En algún momento la preocupación de moda fue el basural municipal. Y hacia allí corrió la demagogia princista, para anunciar que se cerraba el depositorio de la ruta 192; que los amigos del gobierno dejarían de tirar los residuos de los tanques atmosféricos y que se construiría "a la brevedad" una planta de tratamiento integral, con trabajo digno para los cirujas.
Todavía se espera la obra. En el basural, las cosas siguen como siempre, los camiones sigue amontonando los residuos y la única diferencia visible es un alambrado que rodea al predio.
Los olores de Curtarsa le dieron un respiro a las autoridades municipales. O mermaron o los votos de Jáuregui igual respaldaron la gestión de Prince. Lo cierto e importante es que el tema se borró de la agenda de trabajo y la curtiembre sigue su producción, muy a pesar de las consecuencias que puede llegar a generar en sus vecinos.
Pero cuando se gestiona con atraso, los problemas son constantes. Y ahora renació el conflicto de la Planta Depuradora. Sus olores son insoportables para gran parte del casco urbano. Habría que rezar para que la nube irrespirable llegue hasta la calle Alsina, concretamente a la morada del intendente municipal.
Si eso ocurriese, se tomaría conciencia de lo justo del reclamo de la gente. Hasta el momento, lo único que se esbozó fue la ineficiencia de un funcionario llamado Pablo Girotto, que jamás pasará a la historia de Luján. Este sujeto quiere explicar los errores de su gobierno sin un solo argumento sustentable. Es entendible, porque si no quiere mentir tendría que decir que la planta depuradora fue abandonada a la buena de Dios y que nunca se giró dinero suficiente para su mantenimiento, pensando que los olores no volverían. Sin embargo, Girotto escogió culpar a los vecinos, que a pesar de la crisis no dejan de ir al baño.

Volver a Principal