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Bolsillos masacrados
Si uno lee en la tapa de un diario "Jugada para subir luz
y gas sin que lo frene la Justicia", lo lógico es pensar
que detrás de la maniobra se encuentran los tentáculos
insaciables de las enormes empresas que se quedaron con la
concesión de esos servicios.
Sin embargo, una vuelta de página nos demostrará lo mal que
están distribuidas las funciones en la Argentina. Los autores
intelectuales y materiales de la mencionada maniobra son los
funcionarios del gobierno nacional. Sí, esos funcionarios a
los que, con el mismo esfuerzo con el que se junta el dinero
para los impuestos, todos les pagamos sus abultados sueldos.
Como guión de un texto fantástico, los diarios relatan que
el gobierno puso en marcha su nueva estrategia para aumentar
las tarifas de luz y gas buscando que la Justicia no se
interponga otra vez en el camino, como en los tres intentos
fallidos del año pasado. Es decir que acá la que molesta a
los nobles fines de los gobernantes es la Justicia, que no
deja hacer.
La ilustración que se puede apreciar en el diario Clarín es
acorde con la noticia: una foto del presidente de la Nación,
Dr. Eduardo Duhalde, sonriente porque logra aumentarle los
impuestos a todos los ciudadanos que gobierna.
Ahora la impecable estrategia contempla modificar dos
artículos de la Ley de Emergencia, que le impedía al
Departamento Ejecutivo conceder aumentos parciales fuera de la
renegociación global de los contratos. Y el decreto de
Necesidad y Urgencia firmado por el senador en abuso de la
Presidencia también habilita al Ministerio de Economía a
otorgar las recomposiciones tarifarias que considere
necesarias para garantizar la prestación de los servicios.
Más allá de las presentaciones que, adelantaron, realizarán
los organismos de defensa de usuarios y consumidores, todo
indica que a partir de febrero se aplicarán subas de entre el
7 y el 9 por ciento para la energía eléctrica y el gas.
Ahora falta que Duhalde salga a decir que eso equivale a
"apenas 3 pesos por mes", frase que es muy capaz de
pronunciar.
En definitiva, se está ante la presencia de otro ejemplo del
abuso de poder y de la indefensión en la que está sumido el
pueblo argentino. A los pesos de más que habrá que pagar por
los servicios básicos, se adicionan los centavos diarios que
aumentan los combustibles, la inminente
"recomposición" de los boletos de trenes y
colectivos, y la futura suba en los peajes, por citar sólo
algunos de los gastos prácticamente ineludibles.
Estas tarifas no son las únicas que tienen con la soga al
cuello a la inmensa mayoría de los ciudadanos. También
estamos sufriendo los costos de infinidad de productos que
"tienen precio dólar", repiten los vendedores, como
loros que no se comen ninguna papa.
Ese verso del "precio dólar" comenzó a sonar
semanas después de la devaluación del peso o del fin de la
convertibilidad, para llamarlo de otro modo. Con ese argumento
los productos alimenticios, eléctricos, de indumentaria, de
computación o del rubro que usted quiera citar, treparon a
valores directamente abusivos. "Lo que ocurre es que es
importado", explicaban algunos. "El tema es que el
precio de este producto se rige con las exportaciones",
decían otros.
Hoy el precio del dólar bajó a cotizaciones históricas,
llegando a traspasar el piso de los 3 pesos. Y en lugar de
bajar los precios como indica la lógica que los mismos
mayoristas y comerciantes aplicaron hace meses, se encontró
una nueva mentira para seguir saqueando los bolsillos de los
consumidores: "lo que pasa es que lo que tengo en stock
lo pagué con un dólar alto". El comerciante siempre
tiene la razón.
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