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 Editorial Miércoles 29 de Enero de 2003 

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Los presidenciables

El esquema electoral para los comicios del corriente año ya está prácticamente definido. José Manuel De la Sota finalizó con su sueño presidencial, dilapidó unos cuantos miles de pesos en publicidades televisivas y regresa al palacio de su Córdoba natal para rearmar estructuras y pelear por otro período en la gobernación.
Luis Zamora sigue con sus idas y venidas, con su eterno cuestionamiento al sistema, con su dieta de diputado incorporado a las estructuras que critica y sugiere que los ciudadanos le den la espalda a las próximas elecciones. En concreto, no aporta un solo camino de solución para la crisis institucional y de representación que sufre la Argentina.
Parece un constante vicio de los partidos de izquierda: anteponer las diferencias a las posibilidades de coincidir en un bien común. En ese laberinto están inmersos en la actualidad los dirigentes del Partido Obrero, de Izquierda Unida, del Frente para el Cambio, de Autodeterminación y Libertad y del Partido Socialista.
Los radicales esperan que la jueza María Servini de Cubría les solucione su ineficiencia, su último gran papelón. Pero a la hora de enumerar a los posibles presidentes del país, Leopoldo Moreau y Rodolfo Terragno sólo están posicionados para pelear el descenso.
En realidad, poco importa lo que pueda suceder con el resultado de este enfrentamiento interno, porque en realidad ambos protagonistas -junto con sus fieles seguidores- saben que la lucha se centra en ganar la interna para tener una tajada de negociación futura con quien tome las riendas del gobierno, algo que al grueso de la comunidad le repugna.
Tachados de la grilla de partida todos los mencionados, sólo nos quedan "los presidenciables". Y las opciones se limitan hasta el extremo de generar preocupación en la inmensa mayoría de los electores.
Y si de repugnancia se habló, debemos repetir el término para definir lo que producen los dirigentes del Partido Justicialista. Conocedores de las chances que la fuerza tiene para las próximas elecciones, se trenzan en un feroz enfrentamiento que desgasta aún más la credibilidad en la política.
Más allá de esa vergüenza justicialista, todo indica que en las futuras boletas estará Néstor Kirchner, actual gobernador de Santa Cruz y alguna figura que le colocará a dedo el actual presidente de la Nación. Su candidatura permite dibujar algunas preguntas: ¿cómo se hace para gobernar una provincia si durante meses se viaja alrededor de todo el país embarcado en una campaña electoral? ¿Cuál es el estado de la provincia en la que tiene poder de decisión? ¿Qué proyecto nos garantiza que su gestión no será más de lo mismo?
No desespere; también competirá Adolfo Rodríguez Saá. Aunque su propuesta -sólo en el discurso- suene presuntamente "revolucionaria", nada asegura que a dos días de asumir se ofenda con los dirigentes de su partido y cuelgue la banda presidencial, como ya lo hizo cuando el destino lo cruzó con el sillón de Rivadavia.
Hay otra opción: Carlos Saúl Menem. Sus seguidores pregonan el retorno al uno a uno, ignorando no sólo la imposibilidad de esa paridad entre el peso y el dólar, sino también las nefastas consecuencias que esa falsa convertibilidad generó en el país. Además, a ese sujeto habría que condenarlo por la mayoría de los males actuales. Las privatizaciones no sólo son las culpables de los incontrolables precios de la actualidad y de la precariedad en casi todos los servicios, sino que son el elemento que condiciona las negociaciones con las entidades financieras del exterior.
¿Qué más se puede elegir? Elisa Carrió cargó nafta en su coche y partió en familia hacia el sur, ¿para dar a conocer su programa de gobierno? Prometió abandonar su discurso de constante crítica para profundizar en sus planes de gestión, pero la idea duró sólo semanas. Y es tan acotado el abanico de opciones que Ricardo López Murphy, ex ministro de la Alianza, cultor de las recetas del liberalismo y del eterno recorte, se muestra como la propuesta "alternativa".
Está claro que cuanto más se acerca el día de las urnas, queda en claro que las opciones podrán ser numerosas, pero las posibilidades de un saludable cambio de rumbo son casi nulas.

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