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Los presidenciables
El esquema electoral para los
comicios del corriente año ya está prácticamente definido.
José Manuel De la Sota finalizó con su sueño presidencial,
dilapidó unos cuantos miles de pesos en publicidades
televisivas y regresa al palacio de su Córdoba natal para
rearmar estructuras y pelear por otro período en la
gobernación.
Luis Zamora sigue con sus idas y venidas, con su eterno
cuestionamiento al sistema, con su dieta de diputado
incorporado a las estructuras que critica y sugiere que los
ciudadanos le den la espalda a las próximas elecciones. En
concreto, no aporta un solo camino de solución para la crisis
institucional y de representación que sufre la Argentina.
Parece un constante vicio de los partidos de izquierda:
anteponer las diferencias a las posibilidades de coincidir en
un bien común. En ese laberinto están inmersos en la
actualidad los dirigentes del Partido Obrero, de Izquierda
Unida, del Frente para el Cambio, de Autodeterminación y
Libertad y del Partido Socialista.
Los radicales esperan que la jueza María Servini de Cubría
les solucione su ineficiencia, su último gran papelón. Pero
a la hora de enumerar a los posibles presidentes del país,
Leopoldo Moreau y Rodolfo Terragno sólo están posicionados
para pelear el descenso.
En realidad, poco importa lo que pueda suceder con el
resultado de este enfrentamiento interno, porque en realidad
ambos protagonistas -junto con sus fieles seguidores- saben
que la lucha se centra en ganar la interna para tener una
tajada de negociación futura con quien tome las riendas del
gobierno, algo que al grueso de la comunidad le repugna.
Tachados de la grilla de partida todos los mencionados, sólo
nos quedan "los presidenciables". Y las opciones se
limitan hasta el extremo de generar preocupación en la
inmensa mayoría de los electores.
Y si de repugnancia se habló, debemos repetir el término
para definir lo que producen los dirigentes del Partido
Justicialista. Conocedores de las chances que la fuerza tiene
para las próximas elecciones, se trenzan en un feroz
enfrentamiento que desgasta aún más la credibilidad en la
política.
Más allá de esa vergüenza justicialista, todo indica que en
las futuras boletas estará Néstor Kirchner, actual
gobernador de Santa Cruz y alguna figura que le colocará a
dedo el actual presidente de la Nación. Su candidatura
permite dibujar algunas preguntas: ¿cómo se hace para
gobernar una provincia si durante meses se viaja alrededor de
todo el país embarcado en una campaña electoral? ¿Cuál es
el estado de la provincia en la que tiene poder de decisión?
¿Qué proyecto nos garantiza que su gestión no será más de
lo mismo?
No desespere; también competirá Adolfo Rodríguez Saá.
Aunque su propuesta -sólo en el discurso- suene presuntamente
"revolucionaria", nada asegura que a dos días de
asumir se ofenda con los dirigentes de su partido y cuelgue la
banda presidencial, como ya lo hizo cuando el destino lo
cruzó con el sillón de Rivadavia.
Hay otra opción: Carlos Saúl Menem. Sus seguidores pregonan
el retorno al uno a uno, ignorando no sólo la imposibilidad
de esa paridad entre el peso y el dólar, sino también las
nefastas consecuencias que esa falsa convertibilidad generó
en el país. Además, a ese sujeto habría que condenarlo por
la mayoría de los males actuales. Las privatizaciones no
sólo son las culpables de los incontrolables precios de la
actualidad y de la precariedad en casi todos los servicios,
sino que son el elemento que condiciona las negociaciones con
las entidades financieras del exterior.
¿Qué más se puede elegir? Elisa Carrió cargó nafta en su
coche y partió en familia hacia el sur, ¿para dar a conocer
su programa de gobierno? Prometió abandonar su discurso de
constante crítica para profundizar en sus planes de gestión,
pero la idea duró sólo semanas. Y es tan acotado el abanico
de opciones que Ricardo López Murphy, ex ministro de la
Alianza, cultor de las recetas del liberalismo y del eterno
recorte, se muestra como la propuesta "alternativa".
Está claro que cuanto más se acerca el día de las urnas,
queda en claro que las opciones podrán ser numerosas, pero
las posibilidades de un saludable cambio de rumbo son casi
nulas.
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