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Sólo resistir
Al menos para lo que resta del año, los lujanenses estamos
condenados al fracaso o, mejor dicho, al mantenimiento mínimo
de las estructuras existentes. En la carpeta de planificación
del gobierno municipal (suponiendo que esa carpeta exista) no
figura un solo párrafo que hable del crecimiento, de la
inversión, del fomento del empleo seguro o de obras que
incentiven al turismo.
La semana pasada, once manos sin ningún poder de
discernimiento (no fueron doce porque el presidente del
Concejo Deliberante faltó a su responsabilidad) se levantaron
para avalar el proyecto de Presupuesto de Gastos y Recursos
del año 2003, herramienta primordial para cualquier gestión
pública. Y del contenido de esa ordenanza se extraen las
conclusiones anteriores.
Sin pruritos, el presidente del bloque de concejales del
Partido Justicialista, Rubén Leopardi, admitió que tal vez
más del 60% de los recursos que se generen este año con el
dinero de todos los ciudadanos, serán destinados al pago de
sueldos comunales. Para el resto de las partidas, apenas
algunas migajas.
En palabras que Leopardi jamás diría, la decisión se
traduce de la siguiente manera: 1.060 empleados y funcionarios
se llevarán la enorme mayoría de la plata que debe
utilizarse para administrar, mantener y construir en una
comunidad de más de 100.000 habitantes.
La defensa de ese modo de gastar, en boca de Leopardi, fue tan
ligera como irresponsable: "Nosotros no vamos a despedir
a nadie. Si la oposición cree que esto está mal, que ellos
hagan las cuentas y echen a todos los que les parezca.
Nosotros no vamos a asumir ese costo". Menos durante un
año electoral, le faltó decir al aplicado concejal
oficialista.
Nadie está solicitando despidos. Nadie los espera ni los
merece. Sin embargo, en esa gran masa de asalariados hay
cientos de personas que cobran por funciones que sólo el
intendente Miguel Prince conoce. Luján seguramente está
cerca del record argentino de "cobradores por
amiguismo".
Es en esos sectores donde se puede y debe aplicar un recorte.
No es posible que ante urgencias terribles como las que
padecemos a diario todos los lujanenses -Hospital, Planta
Depuradora, inseguridad- tengamos que seguir aceptando en
silencio la demagogia cara del jefe comunal.
Los coordinadores, directores y asociados dentro del Palacio
Municipal se cuentan de a docenas, se chocan por los pasillos,
insumen un gasto de cerca de un millón de pesos al año y la
única función clara que retumba en sus cabezas es que tienen
que aportar para la continuidad de Miguel Prince.
También es inaceptable que ante el pedido a gritos de
recursos de sectores como la salud o el medio ambiente, el
gobierno se dé el lujo de permitir que un par de señores
concesionarios no aporten un centavo a las arcas municipales y
se llenen sus bolsillos con la explotación de edificios de
todos.
Por la concesión de la Terminal de Omnibus, por ejemplo, la
Municipalidad debió recibir 72.000 pesos durante el 2002,
pero no cobró absolutamente nada. Recién un año después
del inicio de la mora, se estudia la posibilidad de iniciar
-si hay viento a favor- una o dos acciones judiciales.
Quizás con afirmaciones los funcionarios no entiendan las
críticas constructivas. Probemos con una serie de preguntas
directas: ¿El Hospital Municipal necesita 72.000 pesos? En
caso de que la respuesta sea un "sí", ¿tiene el
gobierno alguna posibilidad de conseguir ese dinero? En caso
de que la respuesta sea la misma, ¿por qué no se realizan
las gestiones para el cobro? ¿Estamos obligados a sospechar
de la capacidad y transparencia de nuestros gobernantes?
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