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 Editorial Sábado 1º de Febrero de 2003 

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Sólo resistir
Al menos para lo que resta del año, los lujanenses estamos condenados al fracaso o, mejor dicho, al mantenimiento mínimo de las estructuras existentes. En la carpeta de planificación del gobierno municipal (suponiendo que esa carpeta exista) no figura un solo párrafo que hable del crecimiento, de la inversión, del fomento del empleo seguro o de obras que incentiven al turismo.
La semana pasada, once manos sin ningún poder de discernimiento (no fueron doce porque el presidente del Concejo Deliberante faltó a su responsabilidad) se levantaron para avalar el proyecto de Presupuesto de Gastos y Recursos del año 2003, herramienta primordial para cualquier gestión pública. Y del contenido de esa ordenanza se extraen las conclusiones anteriores.
Sin pruritos, el presidente del bloque de concejales del Partido Justicialista, Rubén Leopardi, admitió que tal vez más del 60% de los recursos que se generen este año con el dinero de todos los ciudadanos, serán destinados al pago de sueldos comunales. Para el resto de las partidas, apenas algunas migajas.
En palabras que Leopardi jamás diría, la decisión se traduce de la siguiente manera: 1.060 empleados y funcionarios se llevarán la enorme mayoría de la plata que debe utilizarse para administrar, mantener y construir en una comunidad de más de 100.000 habitantes.
La defensa de ese modo de gastar, en boca de Leopardi, fue tan ligera como irresponsable: "Nosotros no vamos a despedir a nadie. Si la oposición cree que esto está mal, que ellos hagan las cuentas y echen a todos los que les parezca. Nosotros no vamos a asumir ese costo". Menos durante un año electoral, le faltó decir al aplicado concejal oficialista.
Nadie está solicitando despidos. Nadie los espera ni los merece. Sin embargo, en esa gran masa de asalariados hay cientos de personas que cobran por funciones que sólo el intendente Miguel Prince conoce. Luján seguramente está cerca del record argentino de "cobradores por amiguismo".
Es en esos sectores donde se puede y debe aplicar un recorte. No es posible que ante urgencias terribles como las que padecemos a diario todos los lujanenses -Hospital, Planta Depuradora, inseguridad- tengamos que seguir aceptando en silencio la demagogia cara del jefe comunal.
Los coordinadores, directores y asociados dentro del Palacio Municipal se cuentan de a docenas, se chocan por los pasillos, insumen un gasto de cerca de un millón de pesos al año y la única función clara que retumba en sus cabezas es que tienen que aportar para la continuidad de Miguel Prince.
También es inaceptable que ante el pedido a gritos de recursos de sectores como la salud o el medio ambiente, el gobierno se dé el lujo de permitir que un par de señores concesionarios no aporten un centavo a las arcas municipales y se llenen sus bolsillos con la explotación de edificios de todos.
Por la concesión de la Terminal de Omnibus, por ejemplo, la Municipalidad debió recibir 72.000 pesos durante el 2002, pero no cobró absolutamente nada. Recién un año después del inicio de la mora, se estudia la posibilidad de iniciar -si hay viento a favor- una o dos acciones judiciales.
Quizás con afirmaciones los funcionarios no entiendan las críticas constructivas. Probemos con una serie de preguntas directas: ¿El Hospital Municipal necesita 72.000 pesos? En caso de que la respuesta sea un "sí", ¿tiene el gobierno alguna posibilidad de conseguir ese dinero? En caso de que la respuesta sea la misma, ¿por qué no se realizan las gestiones para el cobro? ¿Estamos obligados a sospechar de la capacidad y transparencia de nuestros gobernantes?

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