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Sábado 1º de Febrero de 2003 - INFORMACIÓN GENERAL

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A cuatro años del caso Rocío Muro
El deber es no olvidar

El 31 de enero de 1999 la policía dio con el cuerpo sin vida de la nena de once años. La noticia conmocionó a Luján. Poco después, la Justicia encarceló al culpable, Pedro Cecilio Orozco. Meses atrás el homicida se fugó de la unidad carcelaria en la que estaba detenido. Pero volvió a ser apresado.

Pasaron cuatro años de aquel fatídico 31 de enero de 1999 cuando Luján amaneció con la terrible noticia: en un descampado del barrio Las Casuarinas, en el interior de un monte al costado de un camino vecinal, la policía había encontrado el cuerpo sin vida de Rocío Vanesa Muro.
El 9 de noviembre de ese año, la nena de apenas 11 años había desaparecido camino a su casa del barrio San Juan de Dios, cuando regresaba de la EGB N° 7 "Juan Bautista Alberdi", a la que concurría. Algunos testigos dijeron haberla visto ese día junto a Orozco en un Dodge 1500 color amarillo, propiedad del asesino.
El cuerpo de Rocío fue encontrado un día después de que la policía diera con Orozco, que se hallaba prófugo de la Justicia. En el medio, familiares y vecinos de Luján realizaron marchas en reclamo de respuestas, y el caso se convirtió prácticamente en una cuestión de Estado.
Ante los sucesivos fracasos de los rastrillajes realizados por los efectivos de Luján Primera, en ese momento bajo las órdenes del comisario Julio García, el Ministerio de Seguridad de la provincia digitó un enroque de policías y se hizo cargo del caso el entonces subcomisario Raúl Lezcano, quien a los pocos días consiguió dar con el paradero del asesino que estaba oculto en Suipacha y, poco después, desenterrar el cuerpo de la nena.
Un año y medio más tarde, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 2 del Departamento Judicial de Mercedes declaró a Orozco autor penalmente responsable del asesinato. El tribunal estaba integrado por los doctores Fernando Bustos Berrondo, Ricardo Marfía y Carlos Gallasso. De este modo, Orozco fue condenado a permanecer 20 años en prisión.
La instrucción de la causa estuvo plagada de desprolijidades. Entre otras cosas se cuestionó el hecho de que el detenido informara espontáneamente el lugar donde había sido enterrado el cuerpo, sin la presencia del fiscal a cargo de la instrucción.
No obstante, con la detención de Orozco y su posterior condena, nadie volvió a ahondar en estos pormenores. La causa parecía cerrada para siempre hasta que el 8 de diciembre del año pasado se conoció la noticia de que el asesino se había fugado de la Unidad Penal Nº 12 de la localidad de Joaquín Gorina del Servicio Penitenciario Bonaerense.
Esto provocó la inmediata reacción de los familiares de la víctima, sobre todo de su madre, Miriam Soler, quien apenas conoció la noticia comenzó a movilizarse para que el asesino vuelva a la cárcel.
Finalmente, cinco días más tarde, el Servicio Penitenciario de la Policia de la Provincia de Buenos Aires informó que Orozco había sido detenido en Villa Espil, a unos 20 kilómetros de Luján. "Me vuelve el alma al cuerpo", dijo la madre de la nena apenas recibió la noticia.
Esta semana, el concejal justicialista Gabriel Jurina elevó una nota al gobernador de la provincia, Felipe Solá. En la misiva, el edil solicitó que Pedro Orozco sea remitido a una cárcel de mayor seguridad, debido a que, tras su detención, fue alojado en el mismo lugar del que se fugó sin mayores problemas.


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