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El deber es no olvidar
El 31 de enero de 1999 la
policía dio con el cuerpo sin vida de la nena de once años. La
noticia conmocionó a Luján. Poco después, la Justicia
encarceló al culpable, Pedro Cecilio Orozco. Meses atrás el
homicida se fugó de la unidad carcelaria en la que estaba
detenido. Pero volvió a ser apresado.
Pasaron
cuatro años de aquel fatídico 31 de enero de 1999 cuando Luján
amaneció con la terrible noticia: en un descampado del barrio Las
Casuarinas, en el interior de un monte al costado de un camino
vecinal, la policía había encontrado el cuerpo sin vida de
Rocío Vanesa Muro.
El 9 de noviembre de ese año, la nena de apenas 11 años había
desaparecido camino a su casa del barrio San Juan de Dios, cuando
regresaba de la EGB N° 7 "Juan Bautista Alberdi", a la
que concurría. Algunos testigos dijeron haberla visto ese día
junto a Orozco en un Dodge 1500 color amarillo, propiedad del
asesino.
El cuerpo de Rocío fue encontrado un día después de que la
policía diera con Orozco, que se hallaba prófugo de la Justicia.
En el medio, familiares y vecinos de Luján realizaron marchas en
reclamo de respuestas, y el caso se convirtió prácticamente en
una cuestión de Estado.
Ante los sucesivos fracasos de los rastrillajes realizados por los
efectivos de Luján Primera, en ese momento bajo las órdenes del
comisario Julio García, el Ministerio de Seguridad de la
provincia digitó un enroque de policías y se hizo cargo del caso
el entonces subcomisario Raúl Lezcano, quien a los pocos días
consiguió dar con el paradero del asesino que estaba oculto en
Suipacha y, poco después, desenterrar el cuerpo de la nena.
Un año y medio más tarde, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 2
del Departamento Judicial de Mercedes declaró a Orozco autor
penalmente responsable del asesinato. El tribunal estaba integrado
por los doctores Fernando Bustos Berrondo, Ricardo Marfía y
Carlos Gallasso. De este modo, Orozco fue condenado a permanecer
20 años en prisión.
La instrucción de la causa estuvo plagada de desprolijidades.
Entre otras cosas se cuestionó el hecho de que el detenido
informara espontáneamente el lugar donde había sido enterrado el
cuerpo, sin la presencia del fiscal a cargo de la instrucción.
No obstante, con la detención de Orozco y su posterior condena,
nadie volvió a ahondar en estos pormenores. La causa parecía
cerrada para siempre hasta que el 8 de diciembre del año pasado
se conoció la noticia de que el asesino se había fugado de la
Unidad Penal Nº 12 de la localidad de Joaquín Gorina del
Servicio Penitenciario Bonaerense.
Esto provocó la inmediata reacción de los familiares de la
víctima, sobre todo de su madre, Miriam Soler, quien apenas
conoció la noticia comenzó a movilizarse para que el asesino
vuelva a la cárcel.
Finalmente, cinco días más tarde, el Servicio Penitenciario de
la Policia de la Provincia de Buenos Aires informó que Orozco
había sido detenido en Villa Espil, a unos 20 kilómetros de
Luján. "Me vuelve el alma al cuerpo", dijo la madre de
la nena apenas recibió la noticia.
Esta semana, el concejal justicialista Gabriel Jurina elevó una
nota al gobernador de la provincia, Felipe Solá. En la misiva, el
edil solicitó que Pedro Orozco sea remitido a una cárcel de
mayor seguridad, debido a que, tras su detención, fue alojado en
el mismo lugar del que se fugó sin mayores problemas.
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