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Hay dos caminos
Habría que repasar en los libros de historia o en los diarios
y su constante reflejo de lo que ocurre para certificar si
alguna vez los caminos de las urgencias sociales y las
gestiones políticas tuvieron, como en el presente, caminos
con direcciones tan opuestas.
Por un lado, más allá de las diferencias en las banderías y
escuditos -detalle mínimo en comparación con las grandes
coincidencias- se encuentran los candidatos del sistema, los
postulantes de la buena conducta con el FMI, el Banco Mundial
y los organismos de préstamo.
Se critican entre ellos, se muestran enemistados, venden a la
prensa falsas peleas, reciclan discursos que ya no convencen a
nadie, protagonizan internas lamentables y, ante todo, siguen
el manual del perfecto político argentino. Responder a las
exigencias externas sin reparar en los daños internos.
En ese punto nace el otro camino posible para aspirar a una
salida de esta decadencia en la que nos supieron depositar.
Hay cada vez más amplios sectores de la sociedad que, a
fuerza de sacrificio, le dan la espalda al asistencialismo
oficial, a los regalos que terminan saliendo demasiado caros.
No es fácil, porque las cajas negras del poder manejan el 90
por ciento de los recursos para asistencia social. Y cuando
hay hambre es difícil mantener intactas las ideologías.
Sin embargo, aunque la panza reniegue, ése es el camino que,
desde hace meses, eligió recorrer una innumerable lista de
agrupaciones vecinales que rechazan identificaciones
políticas y descreen de la salida institucional, de acuerdo a
lo que marque el calendario electoral que negocia el senador
en uso de la Presidencia, Eduardo Duhalde, con la jueza María
Servini de Cubría.
Superando cientos de escollos, crecen cada día más los
movimientos piqueteros -que lograron aislar a los oportunistas
de siempre-; las agrupaciones de vecinos de zonas carenciadas
que inician pequeños pero loables proyectos productivos; las
asambleas vecinales que resisten al desgaste y continúan
manifestando sus denuncias y críticas a las imposiciones
institucionales.
La existencia de estos sectores no son sólo teorías o
imágenes que dos por tres se observan en los noticieros.
Basta con recorrer los barrios más carenciados de Luján para
notar que los punteros políticos perdieron espacios a mano de
las propuestas genuinas nacidas desde las propias necesidades
de la gente.
Esos son los dos caminos que hoy nos expone la sociedad. Se
pueden resumir en dos palabras: la política y la gente. Entre
ellos hay una diferencia ineludible, sustancial. Los
movimientos sociales independientes caminan por una senda sin
desvíos, sacrificada, espinosa, carente de estructuras, pero
coherente, en la que sólo el tiempo podrá decir cuál es su
punto de llegada.
Los aparatos políticos y en particular los encargados del
gobierno, transitan un camino estructurado, poderoso, pero
zigzagueante que, según las situaciones y lo que impongan las
encuestas, los ubicará entre la demagogia populista,
chabacana o "pseudoizquierdista" y la derecha
liberal, represiva o "pseudogorila", de esa que
tanto se publicita en Canal 9.
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