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 Editorial Miércoles 5 de Febrero de 2003 

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Hay dos caminos
Habría que repasar en los libros de historia o en los diarios y su constante reflejo de lo que ocurre para certificar si alguna vez los caminos de las urgencias sociales y las gestiones políticas tuvieron, como en el presente, caminos con direcciones tan opuestas.
Por un lado, más allá de las diferencias en las banderías y escuditos -detalle mínimo en comparación con las grandes coincidencias- se encuentran los candidatos del sistema, los postulantes de la buena conducta con el FMI, el Banco Mundial y los organismos de préstamo.
Se critican entre ellos, se muestran enemistados, venden a la prensa falsas peleas, reciclan discursos que ya no convencen a nadie, protagonizan internas lamentables y, ante todo, siguen el manual del perfecto político argentino. Responder a las exigencias externas sin reparar en los daños internos.
En ese punto nace el otro camino posible para aspirar a una salida de esta decadencia en la que nos supieron depositar. Hay cada vez más amplios sectores de la sociedad que, a fuerza de sacrificio, le dan la espalda al asistencialismo oficial, a los regalos que terminan saliendo demasiado caros.
No es fácil, porque las cajas negras del poder manejan el 90 por ciento de los recursos para asistencia social. Y cuando hay hambre es difícil mantener intactas las ideologías.
Sin embargo, aunque la panza reniegue, ése es el camino que, desde hace meses, eligió recorrer una innumerable lista de agrupaciones vecinales que rechazan identificaciones políticas y descreen de la salida institucional, de acuerdo a lo que marque el calendario electoral que negocia el senador en uso de la Presidencia, Eduardo Duhalde, con la jueza María Servini de Cubría.
Superando cientos de escollos, crecen cada día más los movimientos piqueteros -que lograron aislar a los oportunistas de siempre-; las agrupaciones de vecinos de zonas carenciadas que inician pequeños pero loables proyectos productivos; las asambleas vecinales que resisten al desgaste y continúan manifestando sus denuncias y críticas a las imposiciones institucionales.
La existencia de estos sectores no son sólo teorías o imágenes que dos por tres se observan en los noticieros. Basta con recorrer los barrios más carenciados de Luján para notar que los punteros políticos perdieron espacios a mano de las propuestas genuinas nacidas desde las propias necesidades de la gente.
Esos son los dos caminos que hoy nos expone la sociedad. Se pueden resumir en dos palabras: la política y la gente. Entre ellos hay una diferencia ineludible, sustancial. Los movimientos sociales independientes caminan por una senda sin desvíos, sacrificada, espinosa, carente de estructuras, pero coherente, en la que sólo el tiempo podrá decir cuál es su punto de llegada.
Los aparatos políticos y en particular los encargados del gobierno, transitan un camino estructurado, poderoso, pero zigzagueante que, según las situaciones y lo que impongan las encuestas, los ubicará entre la demagogia populista, chabacana o "pseudoizquierdista" y la derecha liberal, represiva o "pseudogorila", de esa que tanto se publicita en Canal 9.

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