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Miércoles 5 de Febrero de 2003  - CULTURA & ESPECTACULOS

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Luis Macaya (1888-1953)
Recordando a un creador

Este año se cumplen cincuenta años de la desaparición de quien ideara y dibujara la monumental obra plástica inspirada en el Martín Fierro, de José Hernández, que encontró la adhesión estética del escultor Jorge Casals.

En 1999 el Museo Municipal de Bellas Artes tuvo la feliz iniciativa de devolver protagonismo a Luis Macaya, artista catalán injustamente olvidado por ciertas modas o ismos, como señalara el escritor y crítico de arte César Magrini.
En un interesante comentario incluído en el catálgo de entonces, el mismo autor señaló que en su momento se lo valoró tanto en el país como en el extranjero, apuntando que varias enciclopedias y colecciones de arte europeas, además de las nacionales, vieron en las realizaciones de Macaya a un gran artista. "Y más allá de sus valiosas pinturas al óleo y de sus espléndidas acuarelas (y ésta es una de las manifiestaciones plásticas de más difícil realizaciones, como el pastel), Luis Macaya fue un prodigioso dibujante, como lo reconocieron sus admiradores a partir de la década del 20..."
Desde su llegada a Argentina, donde se radicó definitivamente, Macaya se sintió particularmente atraído por los temas gauchescos. Mientras su fama crecía, y sin abandonar sus pinturas, acuarelas y de cuando en cuando alguna serie de xilografías, el maestro fue concibiendo la idea de una serie de dibujos que sirvieran más que como ilustraciones, como una guía y una glosa visual a los ditintos y múltiples avatares del inmortal poema de José Hernández. No se trataba de simples ilustraciones, como las que suelen acompañar a las ediciones de esa obra, sino con un enfoque quizás un poco cinematográfico, de ideas muy profundas en lo filosófico, en lo conceptual, en lo psicológico, en lo costumbrista y artístico. Trazos ricos, poderosos de su elocuencia, y a veces, también conmovedores, dado que Macaya había calado hondo en las raíces de lo guachesco, y sabía expresarlo a la perfección.
Con el tiempo el artista fue transmitiendo su entusiasmo, especialmente el que había despertado en él la larga historia en verso, y despertó la adhesión del escultor Jorge Casals, quien siguió fielmente sus ideas, traduciendo sus imágenes en piezas talladas en madera.

La obra
Las tallas fueron expuestas además de Buenos Aires, también en La Plata, donde se reconoció el talento imaginativo y artístico de Macaya, y se habló positivamente de las aptitudes de Casals, diciendo que "el poema de Hernández ha sido escrito de nuevo", pero primero en los dibujos, y luego en las piezas de escultura.
Con el paso del tiempo -se está entonces en 1944- la obras de ambos fueron exhibidas permanentemente en el Museo Histórico de Luján, y por una de esas travesuras inexplicables de la vida, atribuídas primero en importancia a Casals, reconociéndose luego los méritos de Macaya. Criterio alejando de la justicia, porque Macaya había sido no sólo el inspirador de la empresa, sino, y principalmente, su ideólogo. Macaya hacía largos años que se interesaba profundamente por los temas guachescos; lo hacía desde 1926, mucho antes de que la versión del "Martín Fierro" y por sus desvelos se tornase posible. Desde ese año, y como lo atestiguan varias de las publicaciones especializadas en artes plásticas desde entonces, Macaya llevó a cabo numerosas exposiciones de dibujos y de xilografías, algunas de ellas con notable sentido del humor y de la particular idiosincracia del guacho, tanto en la Argentina como en su tierra natal, Catalunia.
Cuatro años atrás, la entidad local expuso los dibujos-boceto de Luis Macaya, y parte de las esculturas en las que se inspirara Casal, la mayoría de ellas coincidentes, en sus proporciones, exactamente con la de los dibujos de Macaya.
Como apuntara César Magrini -de la que fue extractado este comentario- fue un modo reivindicar mediante una importante muestra a su inspirador, Luis Macaya. "Se lo puede volver entonces a admirar en sus verdaderas dimensiones, y comprobar de qué manera, tan honda y tan valiosa, el artista supo recuperar el verdadero significado del también inmortal poema de Hernández, cumbre de la argentinidad".


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