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Triángulo de las Bermudas
Intentaremos plantear la novedad a través de un juego, así
no resulta tan amarga la información. De las siguientes cinco
opciones, adivine las tres personas que están más
comprometidas con el trabajo de cara a las elecciones del
corriente año y, concretamente, a la definición de
candidaturas para intendente: ¿Miguel Angel Prince?
¿Silverio Pedro Sallaberry? ¿Rubén Darío Rampazzi? ¿Una
figura nueva de la política? o ¿Un dirigente surgido del
trabajo social o solidario en los barrios?
¿Adivinó? Para desgracia de aquel que sueña con una
renovación, los que se encuentran movilizando sus eternas
estructuras son los mismos de siempre: Prince, Sallaberry y
Rampazzi. Son algo así como un Triángulo de las Bermudas
local, en el que se pierde toda posibilidad de cambio de
rumbo, de aire fresco en las ideas y de distinto modo de
administrar una gestión comunal.
El caso de Prince es una consecuencia lógica de su actual y
lamentable gestión, plagada de demagogia y votos comprados.
El intendente actual y candidato para otro período, parte de
un puñado de certezas: sabe que la agrupación que más gente
nucleó en los últimos meses (la Asociación de Despedidos de
Luján) le aportaría -si todo sigue la lógica indignante de
la política- cerca de tres mil votos, porque se trabaja de
modo subrepticio en el inculcar en la gente que "el amigo
Miguel" es quien se esfuerza por conseguir planes de
empleo.
Además, contaría con el siempre seguro apoyo electoral de la
inmensa mayoría del enorme plantel de funcionarios y
empleados municipales (sumen a centenas de familiares). En ese
trabajo de direccionar el respaldo a la "causa
Prince" se basa la relación entre el intendente y el
secretario del Sindicato de Municipales.
Por otra parte, también es certero el dato de que Prince
tendría la vida complicada si tiene que conseguir el sustento
diario con algo que no presente posibilidades para explotar de
su carisma.
En la vereda radical, todavía no encontraron la cura para la
enfermedad del internismo. Juan Carlos Juárez intentó romper
con los moldes rampazzistas, pero quedó prácticamente solo
después de un par de fracasos electorales. Hoy, las cosas
están como hace tiempo, con consultas constantes al ex
intendente Rampazzi para cualquier jugada política que se
pretenda realizar.
El rampazzismo hace años que habla de renovación, de caras
nuevas, de necesidad de movimiento en su plana principal, pero
en la mesa chica en la que se discuten esos temas se siguen
sentando los mismos que hace una década o más.
Y al vecinalismo es casi imposible pedirle algo nuevo. Las
órdenes las sigue impartiendo el ex intendente y ex
comisionado Silverio Sallaberry y nadie se atreve a levantar
cabeza. Su antojo es ley.
Quiere candidatearse otra vez y todos los militantes, sin
chistar, se acomodan detrás de la cruzada. En el plano de las
ideas, el manual del "perfecto administrador" que
dice tener esa fuerza está intacto y, mal que le pese a
muchos, sigue encontrando adhesiones en la calle.
¿Cuándo los ciudadanos de Luján tendrán la chance de optar
por caras nuevas con ideas renovadoras, plataformas serias y
confiables, y proyectos que vislumbren una gestión y
planificación distintas, apartadas del nefasto amiguismo que
tanto le cuesta a toda administración pública? O, dicho
desde otra óptica, ¿cuándo estos dirigentes eviternos como
Sallaberry, Prince y Rampazzi dejarán paso a una nueva camada
de militantes que comprendan el hartazgo popular con los
viejos manuales de `hacer política'?
Quizás, algún día, la Intendencia de Luján sea ocupada por
sujetos que lleguen al Palacio Municipal sin compromisos
contraídos con anterioridad; sin ataduras y sin valijas
llenas de dirigentes, amigos y militantes que ayudaron en los
tiempos difíciles y con los que "hay que cumplir cuando
se arriba al poder".
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