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 Editorial Sábado 8 de Febrero de 2003 

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Triángulo de las Bermudas
Intentaremos plantear la novedad a través de un juego, así no resulta tan amarga la información. De las siguientes cinco opciones, adivine las tres personas que están más comprometidas con el trabajo de cara a las elecciones del corriente año y, concretamente, a la definición de candidaturas para intendente: ¿Miguel Angel Prince? ¿Silverio Pedro Sallaberry? ¿Rubén Darío Rampazzi? ¿Una figura nueva de la política? o ¿Un dirigente surgido del trabajo social o solidario en los barrios?
¿Adivinó? Para desgracia de aquel que sueña con una renovación, los que se encuentran movilizando sus eternas estructuras son los mismos de siempre: Prince, Sallaberry y Rampazzi. Son algo así como un Triángulo de las Bermudas local, en el que se pierde toda posibilidad de cambio de rumbo, de aire fresco en las ideas y de distinto modo de administrar una gestión comunal.
El caso de Prince es una consecuencia lógica de su actual y lamentable gestión, plagada de demagogia y votos comprados. El intendente actual y candidato para otro período, parte de un puñado de certezas: sabe que la agrupación que más gente nucleó en los últimos meses (la Asociación de Despedidos de Luján) le aportaría -si todo sigue la lógica indignante de la política- cerca de tres mil votos, porque se trabaja de modo subrepticio en el inculcar en la gente que "el amigo Miguel" es quien se esfuerza por conseguir planes de empleo.
Además, contaría con el siempre seguro apoyo electoral de la inmensa mayoría del enorme plantel de funcionarios y empleados municipales (sumen a centenas de familiares). En ese trabajo de direccionar el respaldo a la "causa Prince" se basa la relación entre el intendente y el secretario del Sindicato de Municipales.
Por otra parte, también es certero el dato de que Prince tendría la vida complicada si tiene que conseguir el sustento diario con algo que no presente posibilidades para explotar de su carisma.
En la vereda radical, todavía no encontraron la cura para la enfermedad del internismo. Juan Carlos Juárez intentó romper con los moldes rampazzistas, pero quedó prácticamente solo después de un par de fracasos electorales. Hoy, las cosas están como hace tiempo, con consultas constantes al ex intendente Rampazzi para cualquier jugada política que se pretenda realizar.
El rampazzismo hace años que habla de renovación, de caras nuevas, de necesidad de movimiento en su plana principal, pero en la mesa chica en la que se discuten esos temas se siguen sentando los mismos que hace una década o más.
Y al vecinalismo es casi imposible pedirle algo nuevo. Las órdenes las sigue impartiendo el ex intendente y ex comisionado Silverio Sallaberry y nadie se atreve a levantar cabeza. Su antojo es ley.
Quiere candidatearse otra vez y todos los militantes, sin chistar, se acomodan detrás de la cruzada. En el plano de las ideas, el manual del "perfecto administrador" que dice tener esa fuerza está intacto y, mal que le pese a muchos, sigue encontrando adhesiones en la calle.
¿Cuándo los ciudadanos de Luján tendrán la chance de optar por caras nuevas con ideas renovadoras, plataformas serias y confiables, y proyectos que vislumbren una gestión y planificación distintas, apartadas del nefasto amiguismo que tanto le cuesta a toda administración pública? O, dicho desde otra óptica, ¿cuándo estos dirigentes eviternos como Sallaberry, Prince y Rampazzi dejarán paso a una nueva camada de militantes que comprendan el hartazgo popular con los viejos manuales de `hacer política'?
Quizás, algún día, la Intendencia de Luján sea ocupada por sujetos que lleguen al Palacio Municipal sin compromisos contraídos con anterioridad; sin ataduras y sin valijas llenas de dirigentes, amigos y militantes que ayudaron en los tiempos difíciles y con los que "hay que cumplir cuando se arriba al poder".

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