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Disculpe el señor
Para fortuna de los señores
(ir)responsables del gobierno municipal, la movilización que
la semana pasada culminó con un ingreso de gente carenciada
al hall del Palacio Municipal, estuvo organizada por el Polo
Obrero, brazo piquetero del Partido Obrero.
Esa característica permitió minimizar el reclamo, su entorno
y, en definitiva, el problema de la pobreza en Luján. Ese
sentimiento de los actuales dirigentes de apego hacia los
reclamos de las clases bajas y de lucha por los derechos de
los desposeídos, sólo quedó en los libros de historia
peronista y únicamente se desempolvan en campaña. El resto
del año son una molestia, porque es mucho más sencillo,
práctico y rápido solucionar los inconvenientes con la
policía. Ellos tienen los elementos y saben actuar.
Los manifestantes del miércoles pedían comida, materiales de
construcción y otros servicios que consideran básicos.
Ilusos. ¿Cómo se les ocurre que el gobierno princista, a
meses de una elección, malgastará todos esos elementos en
sujetos que no les aseguran un voto "comprado"?
"La información que yo tengo es que la mayoría (de los
manifestantes) no son de familias de Luján. Yo no soy la
autoridad policial ni mi vocación es obtener información,
pero los comentarios generalizados coinciden en que esta gente
no es de Luján, no tienen historia y raíces en Luján".
Perfecto. Impecable. Un puñado de punteros, militantes y
amigos a sueldo son los que le dan la información al
intendente. De inmediato se identifica al enemigo, se lo
critica y se pasa a otro tema.
Sin duda, poco le importará a Miguel Prince que se le asegure
que prácticamente todos los vecinos que el miércoles coparon
el hall municipal son gente de Luján, de barrios en los que,
evidentemente, sus punteros rentados están perdiendo el
control. Prince, es usted quien está perdiendo, en el camino
del poder, su historia y sus raíces.
"Dejo constancia en mi nombre personal y siguiendo
instrucciones de nuestro Intendente, que de proceder en
próximas oportunidades con los mismos mecanismos de
prepotencia, insultos y amenazas (...) esta Dirección no
aceptará responder a ningún petitorio futuro ni establecerá
relación alguna que no tenga como base un mínimo de diálogo
y respeto", respondió a los protestantes Iris Bustos,
funcionaria, justicialista y madre de familia, que
mensualmente cobra un sueldo de cuatro cifras y que -se
supone- no dudaría en cortar una calle si no fuese amiga de
Miguel y tendría que mantener su hogar con 150 lecops.
Resulta repugnante escuchar a los funcionarios municipales de
Luján explicando lo injusto de las movilizaciones populares.
Cuando un gran grupo de vecinos ingresó al Teatro Municipal
para plantear su grito de que se vayan todos, los Princes, los
Leopardis, los Vanines, los Peñalbas se sintieron amenazados
y cuestionaron la actitud. Algo similar hicieron cuando el
Concejo Deliberante se llenó de opositores al manejo que se
realiza con la Tasa Asistencial o cuando se metió por la
ventana el proyecto de una Tasa de Seguridad. "Son sólo
un puñado de zurditos", "Son políticos
frustados" o ahora, con las marchas del Polo Obrero,
apareció la expresión: "La mayoría no son familias de
Luján".
Seguramente, si bien a Prince las circunstancias lo cegaron, y
las ideas y los textos revolucionarios que supo defender
quedaron relegados, hay gustos que se mantienen de por vida.
En sus momentos de descanso; qué escuchará nuestro
intendente cuando el equipo de música que atesora en su
despacho suene: "Disculpe el señor/ si le interrumpo
pero en el recibidor/ hay un par de pobres que/ preguntan
insistentemente por usted./ No piden lismona, no/ ni venden
alfombras de lana/ tampoco elefante de ébano/ son pobres que
no tienen nada de nada./ No entendí muy bien si "nada
que vender" o "nada que perder"/ pero parece
que usted tiene alguna cosa que les pertenece./ ¿Quiere que
les diga que el señor salió? (...) ¿Quiere usted que llame
a un guardia y que revise si tienen en regla sus papeles de
pobre...?".
Los actuales funcionarios justicialistas del gobierno local se
olvidaron de su sentimiento de apego hacia los reclamos de las
clases bajas. Son una molestia, porque es más fácil
solucionar todo con la policía.
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