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 Editorial Miercoles 12 de Febrero de 2003 

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Disculpe el señor

Para fortuna de los señores (ir)responsables del gobierno municipal, la movilización que la semana pasada culminó con un ingreso de gente carenciada al hall del Palacio Municipal, estuvo organizada por el Polo Obrero, brazo piquetero del Partido Obrero.
Esa característica permitió minimizar el reclamo, su entorno y, en definitiva, el problema de la pobreza en Luján. Ese sentimiento de los actuales dirigentes de apego hacia los reclamos de las clases bajas y de lucha por los derechos de los desposeídos, sólo quedó en los libros de historia peronista y únicamente se desempolvan en campaña. El resto del año son una molestia, porque es mucho más sencillo, práctico y rápido solucionar los inconvenientes con la policía. Ellos tienen los elementos y saben actuar.
Los manifestantes del miércoles pedían comida, materiales de construcción y otros servicios que consideran básicos. Ilusos. ¿Cómo se les ocurre que el gobierno princista, a meses de una elección, malgastará todos esos elementos en sujetos que no les aseguran un voto "comprado"?
"La información que yo tengo es que la mayoría (de los manifestantes) no son de familias de Luján. Yo no soy la autoridad policial ni mi vocación es obtener información, pero los comentarios generalizados coinciden en que esta gente no es de Luján, no tienen historia y raíces en Luján". Perfecto. Impecable. Un puñado de punteros, militantes y amigos a sueldo son los que le dan la información al intendente. De inmediato se identifica al enemigo, se lo critica y se pasa a otro tema.
Sin duda, poco le importará a Miguel Prince que se le asegure que prácticamente todos los vecinos que el miércoles coparon el hall municipal son gente de Luján, de barrios en los que, evidentemente, sus punteros rentados están perdiendo el control. Prince, es usted quien está perdiendo, en el camino del poder, su historia y sus raíces.
"Dejo constancia en mi nombre personal y siguiendo instrucciones de nuestro Intendente, que de proceder en próximas oportunidades con los mismos mecanismos de prepotencia, insultos y amenazas (...) esta Dirección no aceptará responder a ningún petitorio futuro ni establecerá relación alguna que no tenga como base un mínimo de diálogo y respeto", respondió a los protestantes Iris Bustos, funcionaria, justicialista y madre de familia, que mensualmente cobra un sueldo de cuatro cifras y que -se supone- no dudaría en cortar una calle si no fuese amiga de Miguel y tendría que mantener su hogar con 150 lecops.
Resulta repugnante escuchar a los funcionarios municipales de Luján explicando lo injusto de las movilizaciones populares. Cuando un gran grupo de vecinos ingresó al Teatro Municipal para plantear su grito de que se vayan todos, los Princes, los Leopardis, los Vanines, los Peñalbas se sintieron amenazados y cuestionaron la actitud. Algo similar hicieron cuando el Concejo Deliberante se llenó de opositores al manejo que se realiza con la Tasa Asistencial o cuando se metió por la ventana el proyecto de una Tasa de Seguridad. "Son sólo un puñado de zurditos", "Son políticos frustados" o ahora, con las marchas del Polo Obrero, apareció la expresión: "La mayoría no son familias de Luján".
Seguramente, si bien a Prince las circunstancias lo cegaron, y las ideas y los textos revolucionarios que supo defender quedaron relegados, hay gustos que se mantienen de por vida. En sus momentos de descanso; qué escuchará nuestro intendente cuando el equipo de música que atesora en su despacho suene: "Disculpe el señor/ si le interrumpo pero en el recibidor/ hay un par de pobres que/ preguntan insistentemente por usted./ No piden lismona, no/ ni venden alfombras de lana/ tampoco elefante de ébano/ son pobres que no tienen nada de nada./ No entendí muy bien si "nada que vender" o "nada que perder"/ pero parece que usted tiene alguna cosa que les pertenece./ ¿Quiere que les diga que el señor salió? (...) ¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise si tienen en regla sus papeles de pobre...?".

Los actuales funcionarios justicialistas del gobierno local se olvidaron de su sentimiento de apego hacia los reclamos de las clases bajas. Son una molestia, porque es más fácil solucionar todo con la policía.

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