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Miercoles 12 de Febrero de 2003  - CULTURA & ESPECTACULOS

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Diálogo con Néstor Rosso
"El teatro fue el hobby de mi vida"

Se trata de uno de los actores más prolíficos de nuestro medio. Se inició en la escena muy joven. Próximo a cumplir 68 años, hace un alto y recuerda algunos momentos de esa vida enlazada con personajes que lo condujeron por igual entre la comedia y el drama.

Aunque la vida lo llevó a trabajar en distintas actividades, muchas de las décadas que exhibe orgulloso tienen un común denominador: el teatro. Todo comenzó un día cuando fue seleccionado para recrear un pastorcillo que se integró a las "Estampas Marianas" que formaron parte de la celebración cultural del 1er. Congreso Mariano Nacional, realizado entre el 5 y 12 de octubre de 1947.
Después llegaría su vinculación al conjunto teatral Rerum Novarum, dependiente de "Algodonera Flandria", su paso por la locución, la radio, el cine y distintos proyectos que lo vincularon con múltiples propuestas y directivas artísticas.
Sentado en una mesa de café -a la que llegó provisto de recuerdos fotográficos para ilustrar la nota prometida-, sereno y sin apuro, Néstor se dispone a contar: una manera de abrir las páginas de un libro semi oculto, que revelará su paso por el hecho artístico.
En sus primeras palabras declara que nació un 25 de marzo y vivió en Luján hasta los 8 años. Después, junto a sus padres y cuatro hermanos se radicó en Jáuregui. En la Escuela Nº 16 de esa localidad culminaría sus estudios primarios que inició aquí en la Escuela Nº 14; luego se produciría su ingreso a la escuela-fábrica que funcionaba en el Colegio San Luis Gonzaga, que le posibilitó después de un tiempo de estudio, comenzar a trabajar en Algodonera Flandria.
"Era obligatorio ese estudio para entrar a la fábrica -recuerda-. Ingresé a los 15 años, en 1950 y trabajé allí hasta 1961, cuando renuncié. Ni bien entré pedí participar de las agrupaciones artísticas: la música me gustó siempre, pero me tiraba más el teatro, porque ya había tenido una experiencia a los 12 años".

El primer papel

El tema lo llevó a volver más atrás en el tiempo. A la edad citada, participó de las "Estampas Marianas" que dirigió Gerardo Sanjuanbenito, y que fueron presentadas casi en la inauguración del Teatro Parroquial, con motivo del 1er. Congreso Mariano Nacional.
"Me eligieron para hacer uno de los pastorcitos que iba a visitar al Niño Dios. Con ese espectáculo fuimos a muchos lugares, entre ellos Chivilcoy, y acá hicimos cuatro o cinco funciones. Creo que fue en la reinauguración del hoy Teatro Luján, porque antiguamente había un teatro terriblemente deshecho. En 1947 ya lo habían remodelado. Me acuerdo que se comentaba que el hall del teatro había costado más que todo el resto, porque había que ver el mural y todo el mármol que tenía. Cuando lo inauguraron vinieron delegaciones de toda América y se quedaron con la boca abierta, porque realmente era hermoso", recuerda.
"Yo digo que un poco se nace para estas cosas, porque no sé; fue nada más que una experiencia, pero cuando entré a la fábrica, donde tenía dos opciones, la banda o el teatro, me gustó el teatro, no sé por qué. Y ahí arranqué. Creo que mi primera obra en el Rerum Novarum la hice a los 16 o 17 años. Fue un sainete, `El rey de los vividores'".
El grupo había nacido en 1937 fundado por Víctor Antonio del Grosso; cuando Néstor pasó a formar parte del mismo, estaba integrado por entre 15 y 20 personas, entre actores y técnicos. "Como había plata, los decorados los hacía Orlando Paladino y hacía cosas preciosas. Las obras, por entonces, se ofrecían en el viejo teatro Rerum Novarum, que era de chapa y estaba en esa época a un costado de la fábrica".
"Con ese grupo muy entusiasta viví una experiencia que nunca se volvió a repetir en mi vida. Llegaban maquilladores de Buenos Aires; recuerdo a uno que había maquillado a Florencio Parravicini; después de ensayar tres o cuatro meses, dábamos la obra una vez aquí y luego viajábamos mucho".
El grupo trabajó con distintos directores, llegando a concretar dos estrenos por año. Hubo, evoca, títulos inolvidables, como el caso de "Que noche de casamiento", que llegó a ver en Capital Federal con su elenco original, y apuntó que el de Jáuregui quedaba muy bien parado en comparación. Hoy, aunque se lo propone, no recuerda la cantidad de obras que llegó a concretar con ese equipo.
En algún momento, contó, fue presidente de la comisión directiva que conducía los destinos del grupo y propuso hacer una especie de escuela para enriquecer los trabajos, pero la iniciativa no prosperó.
Su primera oportunidad de perfeccionarse en la escena llegó con la apertura del Seminario de Capacitación Teatral de la Municipalidad, sobre fines de la década del 60.

Otra etapa de su vida

Por entonces, su amistad con Coca Milán lo vinculó al Club de Teatro. La primera obra de la que participó fue "El pan de la locura", en 1968. "Y a partir de ahí es historia conocida..." comentó.
Respecto a esa experiencia, revela que cuando leyó por primera vez "Esperando a Godot" no entendió nada. "Esto me supera", se dijo para sí en un primer momento. Pero con el correr de los ensayos, otra sería su visión. Con el grupo de Gerardo Amado intervino, entre otros títulos, en "Madre Coraje y sus hijos", y "Raíces". "Gerardo es un excelente director. Con él hicimos cosas muy lindas. Obtuvimos hasta un primer premio con `Godot' en un certamen de teatro de Pilar que nos llevó a realizar una gira por distintas provincias argentinas. Con él comenzó una experiencia escénica a otro nivel".
"El Seminario de Capacitación Teatral me ayudó mucho -continuó-. Teníamos distintas disciplinas y qué profesores. Ahí participé en distintas propuestas dirigido por Tina Helba, y siempre mucha gente. Después formé parte de la Comedia Municipal y otros grupos y me dirigieron, entre otros, Juan José Bertonasco, Jorge Storani, José Ithurrart, Claudio Bellomo, y sigo en camino. Ahora estoy dirigiendo una obra que iba a protagonizar, "Dos viejos pánicos", pero es muy exigente a nivel físico, tiene mucho movimiento y yo me canso. Entonces cambié los roles, Mario Esper trabaja y yo dirijo. La idea es estrenar en El Galpón".
Pero no todo fue teatro en la vida de Néstor.
Cuando se alejó de Algodonera Flandria se fue para encarar otro proyecto que naufragó rápidamente. Después de algunos "golpes y moretones" entró en Mercedes en una fábrica textil y con posterioridad, ingresó a la Municipalidad de Luján, de donde se jubiló.
Pero esas actividades de ningún modo le impidieron dejar a un lado su pasión.
En tren de recuerdos, apunta su paso por la radio, junto a otros actores amigos y su etapa de locutor en Publicidad Oral Villa Flandria.
Otra experiencia distinta fue su trabajo en la Escuela Comercial. Estuvo vinculado durante dos años y fue convocado para dirigir, primero, "Prohibido suicidarse en primavera" y después seleccionó "Historia de una escalera", una pieza que ya conocía y había estrenado en Jáuregui.

Otras experiencias

El entusiasmo de Néstor por el teatro lo llevó a escribir. Tiene en su haber una obra, "Abner", que presentó en un concurso del diario La Nación, y otra más reciente, "Toda espiritualidad". Pero la escritura se remonta mucho tiempo más atrás, cuando concretó un curso de periodismo por correspondencia en la Escuela Latinoamericana, y con 40 años, concluyó el secundario en el Cens, recibiéndose de Perito Agroindustrial.
La televisión y el cine no estuvieron ausentes de su vida. Precisamente una participación en una publicidad institucional de Luján TV obtuvo el Premio ATVC 94 de la Asociación Argentina de Televisión de Cable, en el rubro Género Promocional por "Una buena compañía". Y el cine también lo sumó, interviniendo en un corto de Daniel Miglioranza que fue emitido por Canal 7.
Una y otra vez, Néstor confiesa que tantos años le devuelven la imagen de muchísima gente, recuerdos y sensaciones. De gente talentosísima que pasó a su lado y siempre tiene presente. Y dispara algunos nombres y con ellos, pequeñas anécdotas que ponen una nota de color a su vida.
"Porque en el teatro hay cosas que te agradan mucho y momentos muy difíciles. Y en este momento se entremezclan las cosas. Es decir, pasé de todo, hasta una época en que no sé por qué, dejé de actuar. Esto para mí (por la nota), sinceramente, es un homenaje".
Interrogado por un recuerdo o una situación que lo haya marcado, tras imponerse un silencio, señaló: "un recuerdo que me marcó para el resto de mi trayectoria fue un reemplazo en "Qué noche de casamiento". Yo hacía un personaje secundario y debí suplantar a uno de los protagonistas. La representación se hizo, salí airoso y he tenido que hacer posteriormente otros reemplazos, pero no me gustan. Precisamente considero que el teatro es una cosa muy elaborada y un reemplazo supone una situación de franca inferioridad con el resto del elenco.
"Hay una definición del actor que no es mía y dice que la actuación es que parezca natural algo aprendido de memoria. Eso es lo difícil, representar por primera vez ante el público algo que uno ya hizo cuarenta o cincuenta veces y tiene que parecer natural. Para mí eso es la esencia del teatro. Creo que es la definición más exacta que encontré de la actuación".

Definiciones

"Para mí el teatro fue un hobby de toda la vida; y tuve la oportunidad para ser profesional". Sobre el tema, cuenta que en ocasión de participar en "Madre Coraje", trabó relación con el director Jorge Hackers que la dirigió en Buenos Aires, y por intermedio de Daniel Miglioranza, lo convocó para sumarse al elenco de "La cocina". "Por entonces ya trabaja en la Municipalidad, y hubiera salido corriendo, pero así y todo dije que no. Sé lo que es esto, que a veces tenés un mango y otras no. Y por mi experiencia, acostumbrado a tener mi plata desde los 15 años... Y fue providencial ese no, porque al tiempo murió mi padre y sé que me hubiera venido al lado de mi madre. Seguro que iba a abandonar todo y volver a Jáuregui.
"No puedo precisar cuántas obras hice, pero deben llegar al medio centenar. "Siempre estuve en manos de buenos directores, aunque las obras siempre las eligieron otros. Yo en mi vida teatral nunca elegí, salvo cuando conduje los alumnos de la Escuela Comercial.
"He tenido oportunidad de trabajar con mucha gente y actores, entre ellos Daniel Miglioranza, Norberto Díaz, y tengo muchos amigos, entre ellos María José Demare, por tantos años de trabajo.
"¿Qué me hubiera gustado hacer? Tal vez en mi juventud... pero ahora no sabría... Traté siempre de esmerarme en el papel que me tocaba, porque en teatro no hay papeles chicos; todos son importantes: el que está diez minutos como el que está toda la obra. Si el primero está mal, caga toda la obra, como una mala maestra embroma toda una escuela. Yo lo concibo así al teatro, como un mecanismo de relojería, hay gente que tiene otra concepción. No soy improvisado, yo tengo que pensar si puedo hacerlo; después presto mucha atención a las indicaciones, haga el papel que haga. Pero algo muy importante: por muy dramático que sea el rol, acá (tocándose la frente) soy siempre Néstor. Eso lo he cuidado mucho porque considero que arañar los sentimientos es algo muy discutible. Hubo y hay actores que no pueden desprenderse del personaje cuando terminan la escena, y lo continúan en la vida misma. Yo he conocido gente que actuaba y sigue actuando; algunos tienen una vida de mentira, y actúan todo el tiempo, como el caso de algunos políticos. Han hecho de su vida una mentira. Yo no. Actor se nace, porque hay que aguantar los ensayos, memorizar... Y creo que repasando lo hecho, francamente, no me puedo quejar".


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