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"El teatro fue el hobby de
mi vida"
Se trata de uno de los actores
más prolíficos de nuestro medio. Se inició en la escena muy
joven. Próximo a cumplir 68 años, hace un alto y recuerda
algunos momentos de esa vida enlazada con personajes que lo
condujeron por igual entre la comedia y el drama.
Aunque
la vida lo llevó a trabajar en distintas actividades, muchas de
las décadas que exhibe orgulloso tienen un común denominador: el
teatro. Todo comenzó un día cuando fue seleccionado para recrear
un pastorcillo que se integró a las "Estampas Marianas"
que formaron parte de la celebración cultural del 1er. Congreso
Mariano Nacional, realizado entre el 5 y 12 de octubre de 1947.
Después llegaría su vinculación al conjunto teatral Rerum
Novarum, dependiente de "Algodonera Flandria", su paso
por la locución, la radio, el cine y distintos proyectos que lo
vincularon con múltiples propuestas y directivas artísticas.
Sentado en una mesa de café -a la que llegó provisto de
recuerdos fotográficos para ilustrar la nota prometida-, sereno y
sin apuro, Néstor se dispone a contar: una manera de abrir las
páginas de un libro semi oculto, que revelará su paso por el
hecho artístico.
En sus primeras palabras declara que nació un 25 de marzo y
vivió en Luján hasta los 8 años. Después, junto a sus padres y
cuatro hermanos se radicó en Jáuregui. En la Escuela Nº 16 de
esa localidad culminaría sus estudios primarios que inició aquí
en la Escuela Nº 14; luego se produciría su ingreso a la
escuela-fábrica que funcionaba en el Colegio San Luis Gonzaga,
que le posibilitó después de un tiempo de estudio, comenzar a
trabajar en Algodonera Flandria.
"Era obligatorio ese estudio para entrar a la fábrica
-recuerda-. Ingresé a los 15 años, en 1950 y trabajé allí
hasta 1961, cuando renuncié. Ni bien entré pedí participar de
las agrupaciones artísticas: la música me gustó siempre, pero
me tiraba más el teatro, porque ya había tenido una experiencia
a los 12 años".
El primer papel
El tema lo llevó a volver más
atrás en el tiempo. A la edad citada, participó de las
"Estampas Marianas" que dirigió Gerardo Sanjuanbenito,
y que fueron presentadas casi en la inauguración del Teatro
Parroquial, con motivo del 1er. Congreso Mariano Nacional.
"Me eligieron para hacer uno de los pastorcitos que iba a
visitar al Niño Dios. Con ese espectáculo fuimos a muchos
lugares, entre ellos Chivilcoy, y acá hicimos cuatro o cinco
funciones. Creo que fue en la reinauguración del hoy Teatro
Luján, porque antiguamente había un teatro terriblemente
deshecho. En 1947 ya lo habían remodelado. Me acuerdo que se
comentaba que el hall del teatro había costado más que todo el
resto, porque había que ver el mural y todo el mármol que
tenía. Cuando lo inauguraron vinieron delegaciones de toda
América y se quedaron con la boca abierta, porque realmente era
hermoso", recuerda.
"Yo digo que un poco se nace para estas cosas, porque no sé;
fue nada más que una experiencia, pero cuando entré a la
fábrica, donde tenía dos opciones, la banda o el teatro, me
gustó el teatro, no sé por qué. Y ahí arranqué. Creo que mi
primera obra en el Rerum Novarum la hice a los 16 o 17 años. Fue
un sainete, `El rey de los vividores'".
El grupo había nacido en 1937 fundado por Víctor Antonio del
Grosso; cuando Néstor pasó a formar parte del mismo, estaba
integrado por entre 15 y 20 personas, entre actores y técnicos.
"Como había plata, los decorados los hacía Orlando Paladino
y hacía cosas preciosas. Las obras, por entonces, se ofrecían en
el viejo teatro Rerum Novarum, que era de chapa y estaba en esa
época a un costado de la fábrica".
"Con ese grupo muy entusiasta viví una experiencia que nunca
se volvió a repetir en mi vida. Llegaban maquilladores de Buenos
Aires; recuerdo a uno que había maquillado a Florencio
Parravicini; después de ensayar tres o cuatro meses, dábamos la
obra una vez aquí y luego viajábamos mucho".
El grupo trabajó con distintos directores, llegando a concretar
dos estrenos por año. Hubo, evoca, títulos inolvidables, como el
caso de "Que noche de casamiento", que llegó a ver en
Capital Federal con su elenco original, y apuntó que el de
Jáuregui quedaba muy bien parado en comparación. Hoy, aunque se
lo propone, no recuerda la cantidad de obras que llegó a
concretar con ese equipo.
En algún momento, contó, fue presidente de la comisión
directiva que conducía los destinos del grupo y propuso hacer una
especie de escuela para enriquecer los trabajos, pero la
iniciativa no prosperó.
Su primera oportunidad de perfeccionarse en la escena llegó con
la apertura del Seminario de Capacitación Teatral de la
Municipalidad, sobre fines de la década del 60.
Otra etapa de su vida
Por entonces, su amistad con Coca
Milán lo vinculó al Club de Teatro. La primera obra de la que
participó fue "El pan de la locura", en 1968. "Y a
partir de ahí es historia conocida..." comentó.
Respecto a esa experiencia, revela que cuando leyó por primera
vez "Esperando a Godot" no entendió nada. "Esto me
supera", se dijo para sí en un primer momento. Pero con el
correr de los ensayos, otra sería su visión. Con el grupo de
Gerardo Amado intervino, entre otros títulos, en "Madre
Coraje y sus hijos", y "Raíces". "Gerardo es
un excelente director. Con él hicimos cosas muy lindas. Obtuvimos
hasta un primer premio con `Godot' en un certamen de teatro de
Pilar que nos llevó a realizar una gira por distintas provincias
argentinas. Con él comenzó una experiencia escénica a otro
nivel".
"El Seminario de Capacitación Teatral me ayudó mucho
-continuó-. Teníamos distintas disciplinas y qué profesores.
Ahí participé en distintas propuestas dirigido por Tina Helba, y
siempre mucha gente. Después formé parte de la Comedia Municipal
y otros grupos y me dirigieron, entre otros, Juan José
Bertonasco, Jorge Storani, José Ithurrart, Claudio Bellomo, y
sigo en camino. Ahora estoy dirigiendo una obra que iba a
protagonizar, "Dos viejos pánicos", pero es muy
exigente a nivel físico, tiene mucho movimiento y yo me canso.
Entonces cambié los roles, Mario Esper trabaja y yo dirijo. La
idea es estrenar en El Galpón".
Pero no todo fue teatro en la vida de Néstor.
Cuando se alejó de Algodonera Flandria se fue para encarar otro
proyecto que naufragó rápidamente. Después de algunos
"golpes y moretones" entró en Mercedes en una fábrica
textil y con posterioridad, ingresó a la Municipalidad de Luján,
de donde se jubiló.
Pero esas actividades de ningún modo le impidieron dejar a un
lado su pasión.
En tren de recuerdos, apunta su paso por la radio, junto a otros
actores amigos y su etapa de locutor en Publicidad Oral Villa
Flandria.
Otra experiencia distinta fue su trabajo en la Escuela Comercial.
Estuvo vinculado durante dos años y fue convocado para dirigir,
primero, "Prohibido suicidarse en primavera" y después
seleccionó "Historia de una escalera", una pieza que ya
conocía y había estrenado en Jáuregui.
Otras experiencias
El entusiasmo de Néstor por el
teatro lo llevó a escribir. Tiene en su haber una obra,
"Abner", que presentó en un concurso del diario La
Nación, y otra más reciente, "Toda espiritualidad".
Pero la escritura se remonta mucho tiempo más atrás, cuando
concretó un curso de periodismo por correspondencia en la Escuela
Latinoamericana, y con 40 años, concluyó el secundario en el
Cens, recibiéndose de Perito Agroindustrial.
La televisión y el cine no estuvieron ausentes de su vida.
Precisamente una participación en una publicidad institucional de
Luján TV obtuvo el Premio ATVC 94 de la Asociación Argentina de
Televisión de Cable, en el rubro Género Promocional por
"Una buena compañía". Y el cine también lo sumó,
interviniendo en un corto de Daniel Miglioranza que fue emitido
por Canal 7.
Una y otra vez, Néstor confiesa que tantos años le devuelven la
imagen de muchísima gente, recuerdos y sensaciones. De gente
talentosísima que pasó a su lado y siempre tiene presente. Y
dispara algunos nombres y con ellos, pequeñas anécdotas que
ponen una nota de color a su vida.
"Porque en el teatro hay cosas que te agradan mucho y
momentos muy difíciles. Y en este momento se entremezclan las
cosas. Es decir, pasé de todo, hasta una época en que no sé por
qué, dejé de actuar. Esto para mí (por la nota), sinceramente,
es un homenaje".
Interrogado por un recuerdo o una situación que lo haya marcado,
tras imponerse un silencio, señaló: "un recuerdo que me
marcó para el resto de mi trayectoria fue un reemplazo en
"Qué noche de casamiento". Yo hacía un personaje
secundario y debí suplantar a uno de los protagonistas. La
representación se hizo, salí airoso y he tenido que hacer
posteriormente otros reemplazos, pero no me gustan. Precisamente
considero que el teatro es una cosa muy elaborada y un reemplazo
supone una situación de franca inferioridad con el resto del
elenco.
"Hay una definición del actor que no es mía y dice que la
actuación es que parezca natural algo aprendido de memoria. Eso
es lo difícil, representar por primera vez ante el público algo
que uno ya hizo cuarenta o cincuenta veces y tiene que parecer
natural. Para mí eso es la esencia del teatro. Creo que es la
definición más exacta que encontré de la actuación".
Definiciones
"Para mí el teatro fue un
hobby de toda la vida; y tuve la oportunidad para ser
profesional". Sobre el tema, cuenta que en ocasión de
participar en "Madre Coraje", trabó relación con el
director Jorge Hackers que la dirigió en Buenos Aires, y por
intermedio de Daniel Miglioranza, lo convocó para sumarse al
elenco de "La cocina". "Por entonces ya trabaja en
la Municipalidad, y hubiera salido corriendo, pero así y todo
dije que no. Sé lo que es esto, que a veces tenés un mango y
otras no. Y por mi experiencia, acostumbrado a tener mi plata
desde los 15 años... Y fue providencial ese no, porque al tiempo
murió mi padre y sé que me hubiera venido al lado de mi madre.
Seguro que iba a abandonar todo y volver a Jáuregui.
"No puedo precisar cuántas obras hice, pero deben llegar al
medio centenar. "Siempre estuve en manos de buenos
directores, aunque las obras siempre las eligieron otros. Yo en mi
vida teatral nunca elegí, salvo cuando conduje los alumnos de la
Escuela Comercial.
"He tenido oportunidad de trabajar con mucha gente y actores,
entre ellos Daniel Miglioranza, Norberto Díaz, y tengo muchos
amigos, entre ellos María José Demare, por tantos años de
trabajo.
"¿Qué me hubiera gustado hacer? Tal vez en mi juventud...
pero ahora no sabría... Traté siempre de esmerarme en el papel
que me tocaba, porque en teatro no hay papeles chicos; todos son
importantes: el que está diez minutos como el que está toda la
obra. Si el primero está mal, caga toda la obra, como una mala
maestra embroma toda una escuela. Yo lo concibo así al teatro,
como un mecanismo de relojería, hay gente que tiene otra
concepción. No soy improvisado, yo tengo que pensar si puedo
hacerlo; después presto mucha atención a las indicaciones, haga
el papel que haga. Pero algo muy importante: por muy dramático
que sea el rol, acá (tocándose la frente) soy siempre Néstor.
Eso lo he cuidado mucho porque considero que arañar los
sentimientos es algo muy discutible. Hubo y hay actores que no
pueden desprenderse del personaje cuando terminan la escena, y lo
continúan en la vida misma. Yo he conocido gente que actuaba y
sigue actuando; algunos tienen una vida de mentira, y actúan todo
el tiempo, como el caso de algunos políticos. Han hecho de su
vida una mentira. Yo no. Actor se nace, porque hay que aguantar
los ensayos, memorizar... Y creo que repasando lo hecho,
francamente, no me puedo quejar".
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