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Promesas de gobierno
Ese grupito de vecinos
lujanenses que comienza a desplegar su obsesión por ocupar la
Intendencia debería reparar en los reclamos y las urgencias
que se escuchan en cada punto de nuestro partido. Son
cuestiones mínimas que el Estado descuidó por su
ineficiencia.
Hoy, como nunca, en Luján la sociedad se resignó a solicitar
grandes planes de urbanismo o proyectos faraónicos. Esos
inventos vacíos le sirvieron en bandeja -en más de una
oportunidad- la Intendencia a Miguel Prince, pero ya no hay
espacio para filtrar en la gente esas inalcanzables mentiras.
En Luján las necesidades pasan por otro lado. Hoy no se pide
a los funcionarios y políticos nada que no esté íntimamente
relacionado con calidad de vida que se merece un ciudadano.
En todo el partido se clama por una atención digna en materia
de salud. No se puede soportar el desabastecimiento de las
salas de primeros auxilios y del Hospital Municipal, como
tampoco la falta de medios para arribar a esos centros de
asistencia.
No se exige una locura cuando los vecinos del barrio San
Bernardo se movilizan para encontrar respuestas y poder
respirar un aire fresco, limpio, sin las porquerías que
emanan de las cloacas por la falta de acción del gobierno.
¿Acaso se considera una exageración solicitar a las
autoridades del Municipio que mantengan limpios los espacios
públicos y que los sectores concesionados generen ingresos,
porque los explotadores privados se están llenando los
bolsillos?
Lo mismo se puede decir de los vecinos trabajadores y honrados
(la inmensa mayoría) de gran cantidad de barrios cercanos al
casco céntrico, que están condenados a soportar las leyes
que imponen los delincuentes comunes, a fuerza de amenazas,
muertes, robos, asaltos y tiros. Piden seguridad para sus
hijos y para sus bienes y el gobierno local, en complicidad
con la Provincia, sostiene su sordera.
Como se verá, en todos los casos señalados no se solicita
nada del otro mundo. Se reclama por lo que el gobierno
debería hacer en el marco del cumplimiento de sus deberes.
"Para eso pago los impuestos", dicen, con razón,
los vecinos de Luján.
Y acá no entra la excusa de la "escasa
recaudación", que suele esgrimar el concejal oficialista
Rubén Leopardi o el secretario de Obras y Servicios
Públicos, Arq. Pablo Girotto. Además de los que no pagan
porque no pueden, existen muchos ciudadanos que no abonan los
impuestos al Estado porque están hartos de ver cómo ese
dinero, en Luján y alrededores, se utiliza para financiar la
insaciable caja negra del amiguismo político.
En realidad, si Prince plasma sus intenciones de luchar por
una nueva reelección, es quien tiene el panorama más
complicado a la hora de las "promesas electorales".
Podrá asegurar al enorme plantel rentado de funcionarios,
empleados, sindicalistas, amigos y familiares que en caso de
seguir en la cúspide del poder municipal todos los
mencionados tendrán, por años, un salario mensual. Con ello
se ganará la antipatía de muchos vecinos, pero no serán
escasos los votos que sumará en las urnas.
El problema de Prince es que dadas las condiciones actuales de
la ciudad y sus servicios, no puede volver a hablar de
"Proyecto Turístico", de "20 Puntos de un Plan
Estratégico", de "Centro Cívico" y demás
espejos de colores.
En estos tiempos de decadencia alarmante, el intendente sólo
tendría margen para prometer que se harán los cambios y
recortes demagógicos indispensables y que se comenzarán a
brindar las atenciones prioritarias como la salud, la
seguridad, la limpieza y la transparencia en la
administración. El problema es que si en campaña promete eso
y sólo eso, es un mediocre, calificativo con el que Prince
difícilmente acepte cargar.
Si el intendente no quiere mentir en la próxima campaña,
sólo tendría margen para prometer recortes en la demagogia y
atención en los olvidados servicios públicos indispensables.
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