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 Editorial Sábado 15 de Febrero de 2003 

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Promesas de gobierno

Ese grupito de vecinos lujanenses que comienza a desplegar su obsesión por ocupar la Intendencia debería reparar en los reclamos y las urgencias que se escuchan en cada punto de nuestro partido. Son cuestiones mínimas que el Estado descuidó por su ineficiencia.
Hoy, como nunca, en Luján la sociedad se resignó a solicitar grandes planes de urbanismo o proyectos faraónicos. Esos inventos vacíos le sirvieron en bandeja -en más de una oportunidad- la Intendencia a Miguel Prince, pero ya no hay espacio para filtrar en la gente esas inalcanzables mentiras.
En Luján las necesidades pasan por otro lado. Hoy no se pide a los funcionarios y políticos nada que no esté íntimamente relacionado con calidad de vida que se merece un ciudadano.
En todo el partido se clama por una atención digna en materia de salud. No se puede soportar el desabastecimiento de las salas de primeros auxilios y del Hospital Municipal, como tampoco la falta de medios para arribar a esos centros de asistencia.
No se exige una locura cuando los vecinos del barrio San Bernardo se movilizan para encontrar respuestas y poder respirar un aire fresco, limpio, sin las porquerías que emanan de las cloacas por la falta de acción del gobierno.
¿Acaso se considera una exageración solicitar a las autoridades del Municipio que mantengan limpios los espacios públicos y que los sectores concesionados generen ingresos, porque los explotadores privados se están llenando los bolsillos?
Lo mismo se puede decir de los vecinos trabajadores y honrados (la inmensa mayoría) de gran cantidad de barrios cercanos al casco céntrico, que están condenados a soportar las leyes que imponen los delincuentes comunes, a fuerza de amenazas, muertes, robos, asaltos y tiros. Piden seguridad para sus hijos y para sus bienes y el gobierno local, en complicidad con la Provincia, sostiene su sordera.
Como se verá, en todos los casos señalados no se solicita nada del otro mundo. Se reclama por lo que el gobierno debería hacer en el marco del cumplimiento de sus deberes. "Para eso pago los impuestos", dicen, con razón, los vecinos de Luján.
Y acá no entra la excusa de la "escasa recaudación", que suele esgrimar el concejal oficialista Rubén Leopardi o el secretario de Obras y Servicios Públicos, Arq. Pablo Girotto. Además de los que no pagan porque no pueden, existen muchos ciudadanos que no abonan los impuestos al Estado porque están hartos de ver cómo ese dinero, en Luján y alrededores, se utiliza para financiar la insaciable caja negra del amiguismo político.
En realidad, si Prince plasma sus intenciones de luchar por una nueva reelección, es quien tiene el panorama más complicado a la hora de las "promesas electorales". Podrá asegurar al enorme plantel rentado de funcionarios, empleados, sindicalistas, amigos y familiares que en caso de seguir en la cúspide del poder municipal todos los mencionados tendrán, por años, un salario mensual. Con ello se ganará la antipatía de muchos vecinos, pero no serán escasos los votos que sumará en las urnas.
El problema de Prince es que dadas las condiciones actuales de la ciudad y sus servicios, no puede volver a hablar de "Proyecto Turístico", de "20 Puntos de un Plan Estratégico", de "Centro Cívico" y demás espejos de colores.
En estos tiempos de decadencia alarmante, el intendente sólo tendría margen para prometer que se harán los cambios y recortes demagógicos indispensables y que se comenzarán a brindar las atenciones prioritarias como la salud, la seguridad, la limpieza y la transparencia en la administración. El problema es que si en campaña promete eso y sólo eso, es un mediocre, calificativo con el que Prince difícilmente acepte cargar.



Si el intendente no quiere mentir en la próxima campaña, sólo tendría margen para prometer recortes en la demagogia y atención en los olvidados servicios públicos indispensables.

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