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Sana envidia
Se puede pensar en una falta
de criterio, en una demasiado flexible línea editorial, en la
necesidad de complacer a los diversos espectros de lectores o
al reflejo descarnado de dos realidades dentro de la misma
Argentina. Todo indica que se trata de esto último, del
resurgir del histórico país agro-exportador, generador de
alimentos para el mundo, en contraposición dolorosa con
poblados devastados por la corrupción de los gobiernos que
supimos construir.
Si no se realiza ese análisis es imposible digerir que los
mismos medios de prensa que durante semanas (no muy lejanas)
se ocuparon de las desgarradoras imágenes y realidades del
hambre en casi todos los sectores habitados de nuestra
geografía, en estos días nos informan del renacimiento de
las "Vacas Gordas", como ocurre en Pergamino.
Esa ciudad, como otras de la provincia de Buenos Aires
(Trenque Lauquen, Tigre, Junín o San Andrés de Giles, por
citar algunas) hicieron realidad la teoría de que las crisis
generan oportunidades. En ese contexto de pobreza y
producción, por la ineficiencia de los gobernantes, Luján
tiene una realidad más cercana al hambre chaqueño que al
resurgir de Pergamino
Las comparaciones son odiosas, pero en este caso, para los
funcionarios locales, irrefutables, incómodas y lapidarias.
En la edición del domingo del diario Clarín se detalló el
florecer que se está dando en Pergamino, un partido que, como
Luján, cuenta con alrededor de 103.000 habitantes.
Sus tierras son de las mejores que se pueden encontrar en
estas pampas, pero en los papeles, tanto esa ciudad como
Luján son municipios bonaerenses, es decir que sus gobiernos
padecen o gozan de los mismos beneficios y descuidos de la
gestión de Felipe Solá. Sin embargo, cuando el orden es uno
de los baluartes de la administración pública, las
diferencias se tornan insalvables.
El presupuesto de 2002 logró un superávit de 1.200.000
pesos. Según el informe de Clarín es uno de los
"pocos" municipios de la Provincia con los sueldos
al día y está cancelando deudas con el Ministerio de
Economía por déficit anteriores. Luján, en cambio, no sólo
no está al día con su plantel de trabajadores, sino que
durante los últimos años se construyó una deuda de más de
20 millones de pesos.
Los productores agropecuarios y algunas industrias se
rearmaron después del nefasto "uno a uno" y la
Comuna comenzó a responder con resultados a la vista en la
gestión pública y con el simple cumplimiento en los
servicios. Así, Pergamino consiguió que la recaudación
municipal del año pasado sea la mejor desde 1990, con un
crecimiento que ascendió al 13 por ciento en relación con el
2001.
En Luján no sólo no creció la recaudación. También se
incrementaron los gravámenes, porque a las mentes iluminadas
del área económica lo único que se les ocurre para
conseguir dinero es filtrar más erogaciones en las boletas
mensuales.
El trabajo no sobra por la tierra de Pergamino, pero su tasa
de desempleo es muy inferior al 17,8 por ciento nacional. En
Luján, el gobierno es reacio a informar sobre tasas de
desempleo, indigencia y demás cuestiones sociales. Tendrá
sus razones.
A falta de excelentes tierras para producir granos y alimentar
hacienda -aunque Luján no sea el desierto del Sahara y tenga
buenos campos que también son explotados-, tenemos la ventaja
comparativa del turismo.
En Pergamino están orgullosos de su bingo, sí, de su bingo,
porque recibe a unas 80.000 visitas por mes y se logran
divisas para apoyar la educación. Luján, además de contar
con dos salas de juego, tiene la Basílica, la imagen de la
Patrona espiritual de América, el Complejo Museográfico más
importante de los alrededores y una ribera pensada para
conseguir recursos, por sólo citar puntos fuertes del
turismo.
Si la comparación de atracciones suena grosera, es adrede,
porque nuestro gobierno lujanense está permitiendo que todo
lo mencionado se deteriore y no genere ingresos genuinos. Son
muy claros los dos caminos: o se gobierna para un enorme grupo
de amigos que sólo ayudan a sostener el poder (a fuerza de
precarios planes asistenciales) o, como se grita en las
campañas electorales, se gestiona para el beneficio común.
No se necesitan muchos años para saber cuál es el final de
esas dos sendas.
Por la ineficiencia de los gobernantes, Luján tiene una
realidad más cercana al hambre chaqueño que al resurgir de
Pergamino.
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