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Miércoles 19 de Febrero de 2003  - CULTURA & ESPECTACULOS

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Entrevista a Margarita Arias de Sillón
Memorias de la profesora de plástica

Próxima a apagar 79 velitas, sigue firme en la actividad docente. Mujer vital, actualizada y cuidadosa de su persona, en este encuentro describe, con matices variados, pasajes de su existencia.

Margarita, como la llaman cariñosamente sus compañeros de tarea en la docencia y sus alumnos, pertenece a esa clase de mujer que atrapa por su cordialidad, delicado modo de conducirse y esa permanente juventud de la que hace gala en cada acto de su vida.
Se muestra elegante y cuidadosa de su aspecto en todos los detalles; de piel tersa, ojos vivaces, apacible y con una sonrisa a flor de piel, parece disfrutar cada instante o momento que la vida le ofrece.
Frente a un interlocutor presta atención a cada palabra, lo mira y escucha con interés, y se toma su tiempo para responder.
A días de cumplir 79 años, es fiel reflejo de un espíritu optimista; toda su persona delata felicidad por cada minuto por venir y por todos las cosas que la vida le ofreció.
En las últimas semanas del año último, Margarita fue homenajeada por la asociación P.A.Y.S. por su permanente apoyo a todas las iniciativas plásticas de la entidad. Ese fue el motivo inicial de la nota, pero al momento de emprender la tarea, todas esas grandes y pequeñas cosas que dieron sustento a su existencia dilataron casi el tratamiento del cuestionario planeado. Recuerdos, viajes, anécdotas, imágenes de otros días, estudios y una constante dedicación a su familia y el trabajo, finalmente se impusieron.
Apareció así una de esas historias de vida que remontan a otro tiempo u otras páginas de un tiempo ido, y sobre las que siempre vale la pena bucear.

Como en los cuentos
La historia de Margarita se inicia en Carlos Keen, donde nació. Y el motivo de por qué nació allí la invita a evocar a sus padres, que no eran de la zona pero llegaron un día con un socio para instalar una casa de ramos generales, negocio muy característico por aquellos tiempos.
Sus padres, evocó, se habían conocido en un viaje a España después de la Primera Guerra Mundial, y en principio mantuvieron relación epistolar; de regreso al país, se casaron y fueron a vivir a esa localidad. Pero como su madre era hija única y los padres estaban con ella, su papá compró otro negocio para ellos en la otra punta del pueblo. Pero después, ambos se unieron en un solo negocio. Hoy, señala, esos grandes caserones aún se conservan y los ha eternizado en alguna pintura al óleo que guarda celosamente en su estudio, indicando que en uno de ellos funciona un restaurante.
Siguiendo con la historia, Margarita supone que su familia debe haber advertido la conveniencia de invertir en España, teniendo en cuenta la mala situación por la que atravesaba esa nación. "Posiblemente el pase de pesos a pesetas era ventajoso, y como mi papá y mi abuelo, que eran suegro y yerno tenían rentas provenientes de propiedades alquiladas, pensaron en instalarse allá. Y así lo hicieron...Yo tenía entonces cinco años. Compraron una casa cerca del mar en Asturias, ciudad donde había nacido el abuelo.
"Recuerdo que los veranos los íbamos a pasar a León donde papá tenía su familia. Fue un tiempo de eternas vacaciones. La escuela del pueblo estaba lejos, sobre la montaña, y nos enseñaba mamá en casa, papá y el abuelo. Hasta hoy me acuerdo cuando nos enseñaban el sistema solar poniendo un farol en medio de la mesa y con un tomate, una naranja o una pelota, hacían el movimiento de rotación para que comprendiéramos el tema. Así fueron las lecciones y así aprendimos a leer y escribir".
Descorriendo otro telón de la historia, Margarita contó que las cosas debieron andar bien los primeros años, hasta 1931. Cuando cumplió 7 años, recuerda, sacaron al rey de España y entiende que las cosas comenzaron a oscilar mucho, por igual la parte política y económica. En su memoria están vivos aquellos momentos de asaltos, cortes en las carreteras y una situación que cada vez fue peor. "Incluso, mis padres comenzaron a tener dificultades para recibir el dinero de Argentina", apuntó.

El descubrimiento del arte
"Para el año 33, se pensó en vender la propiedad, que sería de dos o tres hectáreas y siempre estaba sembrada con cosas que se consumían en la casa. Vivíamos con mi hermano jugando arriba de unos cerezos muy lindos -evoca-. Por entonces éramos dos hermanos y cuando volvimos de España, nació otra hermana.
"Por esas ideas de antes, mi mamá, mi papá y mi hermano volvieron en un mismo barco, previendo que a los 15 días yo viajara con mis abuelos, porque supuestamente ya estaba prácticamente todo vendido. Pero en esos días la situación empeoró, se perdió la venta de la casa y esos 15 días se convirtieron en un año. Me acuerdo que por aquellos días, mi mamá me mandaba la revista Billiken y otra también infantil. Fue difícil salir de España. Fue difícil conseguir el permiso para sacar finalmente el dinero y sólo por intermedio de un familiar, gobernador de la provincia de Córdoba, se pudo lograr. Y al año que estábamos de regreso, se produjo la Guerra Civil".
Es por este tiempo, cuando Margarita comienza a sumergirse en el mundo del arte.
"Cuando dejamos la casa en Asturias -volvió sobre su estancia en España- estuvimos un tiempo en León; me acuerdo que a mi abuela le gustaba ir por las tardes a rezar el rosario. Y yo iba detrás de ella y caminaba por el interior de la catedral de ese lugar, mirando una y otra vez los vitraux, que para mi era el Billiken. Me gustaba verlos, y después me comenzó a gustar y apreciar todo lo estético. Me comenzó a llamar la atención".
De regreso al país, Margarita se instaló primero en Villa del Parque y después Flores e ingresó a la mitad de la primaria.
Con el paso del tiempo, se casó y se instaló en Carlos Keen. Y este es otro capítulo de su historia.
Como su papá había dejado amistades en Carlos Keen, de vez en cuando la familia llegaba al lugar, y para el año 1939 un amigo formalizó una sociedad con Francisco Sillón; pusieron una fábrica de dulce de leche y queso. "Ahí conocí a su hijo, y me casé", contó. Ello ocurrió en el 49, y vino a vivir a ese lugar, a la fábrica, durante 12 años.

Estudios y primeras prácticas
Para entonces, Margarita ya había cursado sus estudios en Bellas Artes. Hoy reconoce que contó desde el primer momento con el apoyo de sus padres. Iba a ir a estudiar a la Academia Nacional de Bellas Artes, un lugar donde se dibujaban o pintaban desnudos y se compartía la clase con varones. Pero en su casa le pusieron una profesora de Bellas Artes porque el ingreso era por riguroso examen eliminatorio. Dio el examen y primero cursó durante tres años en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano; de ahí automáticamente, pasó con el título a la Prilidiano Pueyrredón, que eran cuatro años más. Después hizo un año de pintura en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova y se puso de novia.
Por entonces, se vinculó a la docencia haciendo suplencias en Buenos Aires. "Ambicionaba la docencia y me acuerdo que en las planillas del Consejo Nacional de Educación, cuando indicaban el distrito solicitado para trabajar, ponía cualquiera. Y así conocí bien la Capital. Después me vine a Carlos Keen".
Ni bien llegó encontró eco en la comunidad. "Tuve alumnos enseguida, se me llenó la casa de alumnos sin hacer propaganda ni nada -recuerda-. Ellos me buscaban a mi porque sabían que pintaba. Por entonces, yo no tenía un trabajo estable y cuando vine dejé las suplencias en Capital. En Luján estaban todas las cátedras ocupadas y en Carlos Keen no había posibilidades de ingresar a una escuela.
Al año de estar en esa localidad, fue convocada para un cargo interino de su especialidad en un nuevo barrio de Mataderos. Por consejo de su madre fue al lugar para decir que nó, pero allí, las autoridades del establecimiento terminaron por torcer su voluntad, prometiéndole arreglar horarios para que sólo viajara un día. Y se hizo cargo.
Fueron 8 horas en tres turnos y como le aseguraron, centraron toda su actividad en un día. Resulta pintoresco escuchar a Margarita contar cómo llegaba al lugar y las peripecias que debía tener presente para ir o volver, según lloviera o no, utilizando a veces los mismos camiones de la fábrica.
Allí permaneció durante ocho años, pero cuando comenzaron a llegar los hijos, la historia cambió. Primero no le fue fácil quedar embarazada pero cuando finalmente lo logró, le dio miedo viajar y pidió licencia, hasta que ya con su primera criatura, debió renunciar. Primero llegó su hija Margarita, y después el varón, Carlos.

Una nueva etapa
Por entonces, ya vivía con su familia en Luján y cuando su hija estaba en segundo grado recibió un mensaje de la Hermana Superiora del Colegio de las Hermanas Vicentinas. `Te llama la Hermana y dice si sos una profesora de dibujo de verdad' -le transmitió su hija-. "Yo pensé, que querrían pintar algun telón para un acto escolar, y cuando fui me contó que ya tenían el proyecto de poner en marcha el Profesorado de Jardín de Infantes, pero no lo podían abrir si no tenían todos los profesores titulados". `El suyo es el título que nos faltaba', le aseguró la Hermana, y agregó `Tómelo hasta que pase la primera inspección y después veremos si podemos reemplazarla'.
"Mi problema -reveló Margarita- eran los chicos tan pequeños y mi marido que por ese entonces no sólo tenía campo sino la gerencia de La Flor, empresa de la cual éramos socios.
"Y traiga los chicos -se adelantó a responderle la Hermana-, le abro un aula para que jueguen. Y ahí conocí a los hijos de Beby Casset, que durante las horas de cátedra, cuidaron mis chicos. Al año siguiente, me ofrecieron todo el secundario. Empecé en ese colegio en 1967 y después fui alternando todos los grados de primaria. Y de ahí en más seguí hasta hoy".

Cambios y gustos
"El arte ha ido modificándose con el paso de los años, evolucionó pero también el modo de verlo. Antes todo era muy ortodoxo. Si trabajabas óleo, era óleo, acuarela o lo que fuera; no podías hacer collage, no era habitual, casi inadmisible. Pero todo fue cambiando, hasta el modo o visión de testimoniar una figura humana. Antes no se permitía ni cambiar las proporciones de un cuerpo, que debía ser casi fotográficamente lo más fiel al modelo. A mi me gustaba y me gusta pintar retratos, autorretratos, paisajes. Y lo sigo haciendo".
Pero en los últimos años, y adecuándose a los tiempos, ha comenzado a incursionar en otras facetas del arte, que divulga y promueve entre sus alumnos.
Esa actualización la lleva a incorporar nuevos materiales para sus trabajos, habiendo realizado incursiones también en lo que a encuadernaciones se refiere.
Docente de plástica desde siempre, Margarita destina un amplio salón ubicado en la planta baja de su casa para las clases particulares. Y allí cuenta con muchos modelos que luego le servirán de ejemplo. Ordenadamente, dispuestos en uno y otro sector del amplio lugar, Margarita muestra algunos de sus trabajos, unos realizados con yeso, esculturas, piezas confeccionadas en porcelana en frío, y las infaltables pinturas. Una de ellas sobre un atril esperando el toque final.
Pero el arte también lo proyecta a otras especialidades. Según dice le gusta la decoración de tortas y todas aquellas realizaciones que requieran trabajo manual, como coser o tejer crochet.
- ¿Cómo es seguir en la docencia a esta altura de su vida?.
"Es lo más lindo, porque me mantiene en contacto con mucha gente y jóvenes; la gente joven te anima, te levanta al ánimo para trabajar, para arreglarte, para no dejarse estar, y para mantener la mente ocupada y actualizada, porque hay que leer y estar al día con todo. A mi me gusta ver televisión, leer diarios, y descubrir novelas históricas que no sólo me entretienen sino que siempre me enseñan algo".
-¿Alguna materia pendiente en su vida?
"No, quizás viajar un poco más, que siempre me gustó. Pero nada más".
¿Se siente feliz por todo lo hecho?
"Sí, y de hecho siempre hice lo que más me gustaba hacer".

Distinción de P.A.Y.S.
La asociación Patria, Amistad y Servicio comenzó a organizar hace 12 años un concurso destinado a estudiantes sobre temas que apuntan a la concientización de una problemática social.
Margarita, en su calidad de docente, promovió desde un primer momento entre sus alumnos la participación en dichas convocatorias. "Hubo años en que como no teníamos competencia sacamos 18 premios de 20 previstos en el reglamento", señaló. "Después -agregó-, los organizadores comenzaron a ampliar el radio o zona de los participantes, motivo por el cual hubo un poco más de competencia. Y creo que ahora alcanza a toda la nación, pero igualmente seguimos ganando muchos premios".
"Lanzados a participar, los alumnos suelen trabajar sobre cartulinas con cualquier técnica. Yo hago hincapié en que usen mucho el simbolismo y en que el mensaje escrito, si optan por incluirlo, sea lo más breve posible. Y en ocasiones, los aliento a que ni siquiera haya un texto.
"Simplemente la idea se origina en lo que uno ve. Cuesta llegar a esa simplicidad porque los chicos por lo que primero empiezan es a hacer mucho dibujo, tipo cómics. De pronto, incluyen muchas cosas, textos y dibujos que finalmente nadie se detiene a leer. Entonces hay que explicarle que la brevedad es lo fundamental. Y creo, que he tenido éxito con mis alumnos, porque han logrado muchas distinciones. Pero le dediqué mucho tiempo y fundamentalmente, siempre dentro del programa de estudios".


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