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Memorias de la profesora de
plástica
Próxima a apagar 79 velitas,
sigue firme en la actividad docente. Mujer vital, actualizada y
cuidadosa de su persona, en este encuentro describe, con matices
variados, pasajes de su existencia.
Margarita,
como la llaman cariñosamente sus compañeros de tarea en la
docencia y sus alumnos, pertenece a esa clase de mujer que atrapa
por su cordialidad, delicado modo de conducirse y esa permanente
juventud de la que hace gala en cada acto de su vida.
Se muestra elegante y cuidadosa de su aspecto en todos los
detalles; de piel tersa, ojos vivaces, apacible y con una sonrisa
a flor de piel, parece disfrutar cada instante o momento que la
vida le ofrece.
Frente a un interlocutor presta atención a cada palabra, lo mira
y escucha con interés, y se toma su tiempo para responder.
A días de cumplir 79 años, es fiel reflejo de un espíritu
optimista; toda su persona delata felicidad por cada minuto por
venir y por todos las cosas que la vida le ofreció.
En las últimas semanas del año último, Margarita fue
homenajeada por la asociación P.A.Y.S. por su permanente apoyo a
todas las iniciativas plásticas de la entidad. Ese fue el motivo
inicial de la nota, pero al momento de emprender la tarea, todas
esas grandes y pequeñas cosas que dieron sustento a su existencia
dilataron casi el tratamiento del cuestionario planeado.
Recuerdos, viajes, anécdotas, imágenes de otros días, estudios
y una constante dedicación a su familia y el trabajo, finalmente
se impusieron.
Apareció así una de esas historias de vida que remontan a otro
tiempo u otras páginas de un tiempo ido, y sobre las que siempre
vale la pena bucear.
Como en los cuentos
La historia de Margarita se inicia en Carlos Keen, donde nació. Y
el motivo de por qué nació allí la invita a evocar a sus
padres, que no eran de la zona pero llegaron un día con un socio
para instalar una casa de ramos generales, negocio muy
característico por aquellos tiempos.
Sus padres, evocó, se habían conocido en un viaje a España
después de la Primera Guerra Mundial, y en principio mantuvieron
relación epistolar; de regreso al país, se casaron y fueron a
vivir a esa localidad. Pero como su madre era hija única y los
padres estaban con ella, su papá compró otro negocio para ellos
en la otra punta del pueblo. Pero después, ambos se unieron en un
solo negocio. Hoy, señala, esos grandes caserones aún se
conservan y los ha eternizado en alguna pintura al óleo que
guarda celosamente en su estudio, indicando que en uno de ellos
funciona un restaurante.
Siguiendo con la historia, Margarita supone que su familia debe
haber advertido la conveniencia de invertir en España, teniendo
en cuenta la mala situación por la que atravesaba esa nación.
"Posiblemente el pase de pesos a pesetas era ventajoso, y
como mi papá y mi abuelo, que eran suegro y yerno tenían rentas
provenientes de propiedades alquiladas, pensaron en instalarse
allá. Y así lo hicieron...Yo tenía entonces cinco años.
Compraron una casa cerca del mar en Asturias, ciudad donde había
nacido el abuelo.
"Recuerdo que los veranos los íbamos a pasar a León donde
papá tenía su familia. Fue un tiempo de eternas vacaciones. La
escuela del pueblo estaba lejos, sobre la montaña, y nos
enseñaba mamá en casa, papá y el abuelo. Hasta hoy me acuerdo
cuando nos enseñaban el sistema solar poniendo un farol en medio
de la mesa y con un tomate, una naranja o una pelota, hacían el
movimiento de rotación para que comprendiéramos el tema. Así
fueron las lecciones y así aprendimos a leer y escribir".
Descorriendo otro telón de la historia, Margarita contó que las
cosas debieron andar bien los primeros años, hasta 1931. Cuando
cumplió 7 años, recuerda, sacaron al rey de España y entiende
que las cosas comenzaron a oscilar mucho, por igual la parte
política y económica. En su memoria están vivos aquellos
momentos de asaltos, cortes en las carreteras y una situación que
cada vez fue peor. "Incluso, mis padres comenzaron a tener
dificultades para recibir el dinero de Argentina", apuntó.
El descubrimiento del arte
"Para el año 33, se pensó en vender la propiedad, que
sería de dos o tres hectáreas y siempre estaba sembrada con
cosas que se consumían en la casa. Vivíamos con mi hermano
jugando arriba de unos cerezos muy lindos -evoca-. Por entonces
éramos dos hermanos y cuando volvimos de España, nació otra
hermana.
"Por esas ideas de antes, mi mamá, mi papá y mi hermano
volvieron en un mismo barco, previendo que a los 15 días yo
viajara con mis abuelos, porque supuestamente ya estaba
prácticamente todo vendido. Pero en esos días la situación
empeoró, se perdió la venta de la casa y esos 15 días se
convirtieron en un año. Me acuerdo que por aquellos días, mi
mamá me mandaba la revista Billiken y otra también infantil. Fue
difícil salir de España. Fue difícil conseguir el permiso para
sacar finalmente el dinero y sólo por intermedio de un familiar,
gobernador de la provincia de Córdoba, se pudo lograr. Y al año
que estábamos de regreso, se produjo la Guerra Civil".
Es por este tiempo, cuando Margarita comienza a sumergirse en el
mundo del arte.
"Cuando dejamos la casa en Asturias -volvió sobre su
estancia en España- estuvimos un tiempo en León; me acuerdo que
a mi abuela le gustaba ir por las tardes a rezar el rosario. Y yo
iba detrás de ella y caminaba por el interior de la catedral de
ese lugar, mirando una y otra vez los vitraux, que para mi era el
Billiken. Me gustaba verlos, y después me comenzó a gustar y
apreciar todo lo estético. Me comenzó a llamar la
atención".
De regreso al país, Margarita se instaló primero en Villa del
Parque y después Flores e ingresó a la mitad de la primaria.
Con el paso del tiempo, se casó y se instaló en Carlos Keen. Y
este es otro capítulo de su historia.
Como su papá había dejado amistades en Carlos Keen, de vez en
cuando la familia llegaba al lugar, y para el año 1939 un amigo
formalizó una sociedad con Francisco Sillón; pusieron una
fábrica de dulce de leche y queso. "Ahí conocí a su hijo,
y me casé", contó. Ello ocurrió en el 49, y vino a vivir a
ese lugar, a la fábrica, durante 12 años.
Estudios y primeras prácticas
Para entonces, Margarita ya había cursado sus estudios en Bellas
Artes. Hoy reconoce que contó desde el primer momento con el
apoyo de sus padres. Iba a ir a estudiar a la Academia Nacional de
Bellas Artes, un lugar donde se dibujaban o pintaban desnudos y se
compartía la clase con varones. Pero en su casa le pusieron una
profesora de Bellas Artes porque el ingreso era por riguroso
examen eliminatorio. Dio el examen y primero cursó durante tres
años en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano; de ahí
automáticamente, pasó con el título a la Prilidiano
Pueyrredón, que eran cuatro años más. Después hizo un año de
pintura en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova y se puso de
novia.
Por entonces, se vinculó a la docencia haciendo suplencias en
Buenos Aires. "Ambicionaba la docencia y me acuerdo que en
las planillas del Consejo Nacional de Educación, cuando indicaban
el distrito solicitado para trabajar, ponía cualquiera. Y así
conocí bien la Capital. Después me vine a Carlos Keen".
Ni bien llegó encontró eco en la comunidad. "Tuve alumnos
enseguida, se me llenó la casa de alumnos sin hacer propaganda ni
nada -recuerda-. Ellos me buscaban a mi porque sabían que
pintaba. Por entonces, yo no tenía un trabajo estable y cuando
vine dejé las suplencias en Capital. En Luján estaban todas las
cátedras ocupadas y en Carlos Keen no había posibilidades de
ingresar a una escuela.
Al año de estar en esa localidad, fue convocada para un cargo
interino de su especialidad en un nuevo barrio de Mataderos. Por
consejo de su madre fue al lugar para decir que nó, pero allí,
las autoridades del establecimiento terminaron por torcer su
voluntad, prometiéndole arreglar horarios para que sólo viajara
un día. Y se hizo cargo.
Fueron 8 horas en tres turnos y como le aseguraron, centraron toda
su actividad en un día. Resulta pintoresco escuchar a Margarita
contar cómo llegaba al lugar y las peripecias que debía tener
presente para ir o volver, según lloviera o no, utilizando a
veces los mismos camiones de la fábrica.
Allí permaneció durante ocho años, pero cuando comenzaron a
llegar los hijos, la historia cambió. Primero no le fue fácil
quedar embarazada pero cuando finalmente lo logró, le dio miedo
viajar y pidió licencia, hasta que ya con su primera criatura,
debió renunciar. Primero llegó su hija Margarita, y después el
varón, Carlos.
Una nueva etapa
Por entonces, ya vivía con su familia en Luján y cuando su hija
estaba en segundo grado recibió un mensaje de la Hermana
Superiora del Colegio de las Hermanas Vicentinas. `Te llama la
Hermana y dice si sos una profesora de dibujo de verdad' -le
transmitió su hija-. "Yo pensé, que querrían pintar algun
telón para un acto escolar, y cuando fui me contó que ya tenían
el proyecto de poner en marcha el Profesorado de Jardín de
Infantes, pero no lo podían abrir si no tenían todos los
profesores titulados". `El suyo es el título que nos
faltaba', le aseguró la Hermana, y agregó `Tómelo hasta que
pase la primera inspección y después veremos si podemos
reemplazarla'.
"Mi problema -reveló Margarita- eran los chicos tan
pequeños y mi marido que por ese entonces no sólo tenía campo
sino la gerencia de La Flor, empresa de la cual éramos socios.
"Y traiga los chicos -se adelantó a responderle la Hermana-,
le abro un aula para que jueguen. Y ahí conocí a los hijos de
Beby Casset, que durante las horas de cátedra, cuidaron mis
chicos. Al año siguiente, me ofrecieron todo el secundario.
Empecé en ese colegio en 1967 y después fui alternando todos los
grados de primaria. Y de ahí en más seguí hasta hoy".
Cambios y gustos
"El arte ha ido modificándose con el paso de los años,
evolucionó pero también el modo de verlo. Antes todo era muy
ortodoxo. Si trabajabas óleo, era óleo, acuarela o lo que fuera;
no podías hacer collage, no era habitual, casi inadmisible. Pero
todo fue cambiando, hasta el modo o visión de testimoniar una
figura humana. Antes no se permitía ni cambiar las proporciones
de un cuerpo, que debía ser casi fotográficamente lo más fiel
al modelo. A mi me gustaba y me gusta pintar retratos,
autorretratos, paisajes. Y lo sigo haciendo".
Pero en los últimos años, y adecuándose a los tiempos, ha
comenzado a incursionar en otras facetas del arte, que divulga y
promueve entre sus alumnos.
Esa actualización la lleva a incorporar nuevos materiales para
sus trabajos, habiendo realizado incursiones también en lo que a
encuadernaciones se refiere.
Docente de plástica desde siempre, Margarita destina un amplio
salón ubicado en la planta baja de su casa para las clases
particulares. Y allí cuenta con muchos modelos que luego le
servirán de ejemplo. Ordenadamente, dispuestos en uno y otro
sector del amplio lugar, Margarita muestra algunos de sus
trabajos, unos realizados con yeso, esculturas, piezas
confeccionadas en porcelana en frío, y las infaltables pinturas.
Una de ellas sobre un atril esperando el toque final.
Pero el arte también lo proyecta a otras especialidades. Según
dice le gusta la decoración de tortas y todas aquellas
realizaciones que requieran trabajo manual, como coser o tejer
crochet.
- ¿Cómo es seguir en la docencia a esta altura de su vida?.
"Es lo más lindo, porque me mantiene en contacto con mucha
gente y jóvenes; la gente joven te anima, te levanta al ánimo
para trabajar, para arreglarte, para no dejarse estar, y para
mantener la mente ocupada y actualizada, porque hay que leer y
estar al día con todo. A mi me gusta ver televisión, leer
diarios, y descubrir novelas históricas que no sólo me
entretienen sino que siempre me enseñan algo".
-¿Alguna materia pendiente en su vida?
"No, quizás viajar un poco más, que siempre me gustó. Pero
nada más".
¿Se siente feliz por todo lo hecho?
"Sí, y de hecho siempre hice lo que más me gustaba
hacer".
Distinción de P.A.Y.S.
La asociación Patria, Amistad y Servicio comenzó a organizar
hace 12 años un concurso destinado a estudiantes sobre temas que
apuntan a la concientización de una problemática social.
Margarita, en su calidad de docente, promovió desde un primer
momento entre sus alumnos la participación en dichas
convocatorias. "Hubo años en que como no teníamos
competencia sacamos 18 premios de 20 previstos en el
reglamento", señaló. "Después -agregó-, los
organizadores comenzaron a ampliar el radio o zona de los
participantes, motivo por el cual hubo un poco más de
competencia. Y creo que ahora alcanza a toda la nación, pero
igualmente seguimos ganando muchos premios".
"Lanzados a participar, los alumnos suelen trabajar sobre
cartulinas con cualquier técnica. Yo hago hincapié en que usen
mucho el simbolismo y en que el mensaje escrito, si optan por
incluirlo, sea lo más breve posible. Y en ocasiones, los aliento
a que ni siquiera haya un texto.
"Simplemente la idea se origina en lo que uno ve. Cuesta
llegar a esa simplicidad porque los chicos por lo que primero
empiezan es a hacer mucho dibujo, tipo cómics. De pronto,
incluyen muchas cosas, textos y dibujos que finalmente nadie se
detiene a leer. Entonces hay que explicarle que la brevedad es lo
fundamental. Y creo, que he tenido éxito con mis alumnos, porque
han logrado muchas distinciones. Pero le dediqué mucho tiempo y
fundamentalmente, siempre dentro del programa de estudios".
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