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La culpa no es del chancho
Nos falta aprender mucho, superar una incontable cantidad de
injusticias y, sobre todo, castigar con el aislamiento a todos
los responsables de los males que nos toca padecer en
democracia. Cuando eso se logre, los demás objetivos de los
ciudadanos comunes y trabajadores que pueblan el país se
obtendrán por decantación.
Sin embargo, mientras los protagonistas y ocupantes de los
sectores de poder sean señores como Luis Barrionuevo, las
chances de una nueva Argentina -como la que intentan vender
ahora los candidatos en campaña- son inviables.
El domingo, porque la Justicia de aquí y de allá se lo
impidió con argumentos lógicos (no puede certificar los
años de residencia necesarios para pelear por la
Gobernación), Barrionuevo y sus muchachos a sueldo sembraron
el caos, el descontrol y la inseguridad en una provincia que
intentaba dar un paso democrático más.
Como el señor de la barra de Chacarita no podía competir por
decisión judicial, parece que nadie tenía derecho a expresar
su voluntad y a fuerza de matones se consiguió el objetivo:
la suspensión de los comicios. Ganó Barrionuevo, el caudillo
que se mofa de la Constitución y las leyes vigentes. Perdió
la democracia. Y el gobierno guarda silencio cómplice.
Barrionuevo es el mismo que hace años admitió públicamente
que una solución para la Argentina era que los políticos
dejaran de robar dos años. Semejante frase pronunciada y
escuchada en el marco de una sociedad seria, con funcionarios
y proyecto serios, hubiese desplazado a su autor al más
remoto de los ostracismos. Pero en nuestro suelo, por el
contrario, te puede dar más prensa, más posicionamiento,
más oportunidades. Así ocurrió con Barrionuevo, un patotero
con actual traje de senador.
Lejos de condenarlo, su verborragia lo colocó en lo más alto
del gobierno menemista, y ahora del duhaldista. Ocupa una
banca en el "Honorable" Senado de la Nación; su
esposa es la ministra de Trabajo de la Nación y su hermana es
diputada provincial por Catamarca. Barrionuevo tiene
demasiadas evidencias para demostrar que su modo de
"trabajar" en el ambiente político le rinde
excelentes frutos.
Su situación en relación con su candidatura es tan
insostenible que su caso fue utilizado como ejemplo para
justificar -no hace mucho- el pago de desarraigo que cobran
los legisladores nacionales. Si estaba desarraigado de su
Catamarca querida y por eso su dieta nos costaba un poco más
a todos los ciudadanos, con qué argumento sigue sosteniendo
su candidatura a gobernador por esa provincia.
Ahora que apeló a la violencia para expresar su descontento,
está seguro de que se saldrá con la suya. En contraposición
a su supuesto, el gobierno nacional debería investigar lo
ocurrido y encarcelar a los organizadores y el Partido
Justicialista tendría que pensar seriamente en su expulsión.
El tema es que más allá de los delirios peligrosos y
violentos de Barrionuevo se encuentra el respaldo con el que
cuenta. Se mueve con los usos y costumbres de la vieja
política, que tanto daño nos ha causado en las últimas
décadas. Representa la metodología de la masacre de Ezeiza;
del cajón quemado de Herminio Iglesias; del mayor extremismo
de los Montoneros. Su modo de actuar en Catamarca es el que
tanto le sirvió de argumento a los justificadores de la mano
dura y las últimas dictaduras.
¿Cómo es posible que siga impune a sus dichos y sus hechos?
¿Cuál es la base de sustento que tiene este sujeto de la
peor política nacional? ¿Quiénes lo mantienen en la
cúspide del protagonismo? ¿Por qué nos cuesta tanto crecer
en democracia, marginando a los violentos?
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