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Con ojos de mujer
Virginia Sainz, Mary Achaval y
Liliana Valls, incursionan con pasión en el mundo de la
fotografía. Reunidas por EL CIVISMO, discurrieron sobre el tema,
promoviendo una interesante charla para acercarse a ese arte.
A
partir de los años '80, la fotografía local encontró en
Virginia Sainz un ojo expectante que dio a esa rama del arte un
mayor relieve.
Distintas exposiciones en Luján y en centros culturales de Buenos
Aires, a la par de distinciones obtenidas en uno y otro certamen,
fueron una constante durante dos décadas. Simultáneamente,
promovió el dictado de cursos y dio paso a una nueva camada de
gente con vocación de testimoniar el mundo a través de una
lente. Algunas muestras de sus alumnas se constituyeron en un
imán para otros que, aunque esporádicamente, se vincularan a la
fotografía.
Entre las mujeres que encontraron en esa especialidad el estímulo
necesario para completar su personalidad, se anotaron Mary Achaval
y Liliana Valls. Inquietas y constantes extendieron y acrecentaron
la presencia de la mujer en el universo de la fotografía.
No fue fácil reunirlas; distintas ocupaciones o compromisos de
una u otra parecían poner una traba al encuentro. Pero finalmente
se dio en una calurosa tarde, donde las tres, por sobre las
preguntas, hablaron extensamente sobre el tema y la profesión,
que es motivo constante de entusiasmo.
Los comienzos
¿Cómo ingresan a la fotografía?
Virginia: De casualidad. Cuando vine a vivir a Luján tenía que
llenar el tiempo con algo, entonces pensé en la fotografía, pero
sólo para sacar fotos a mis chicos. Hoy cuando me veo metida en
este lío, con tanto trabajo, me parece imposible que sea yo. No
fue mi intención, porque cuando estudiás una carrera sabés que
con el tiempo te vas a recibir y vas a ejercer la profesión. Lo
mío empezó jugando y me parece mentira estar metida en tremendo
lío de responsabilidades.
Mary: Con el tiempo te fuiste dando cuenta que te ibas aquilatando
como profesional...
Virginia: No. Uno no se da cuenta de que se va perfeccionando. Te
das cuenta que cada vez te atrapa más; ya ni siquiera podés
pensar en otra cosa. A veces digo "voy a escribir una
carta", y no sé cómo se escribe, porque perdí todo. Me es
mucho más fácil sacar una foto y mandarla, que escribir. O por
ejemplo, que te digan un tema... porque uno no ve otra cosa que
imágenes.
M: Sí, uno aprende. Uno está tan metido en esto que siempre
tengo un sueño reiterativo. Sueño que estoy en un lugar hermoso
y no tengo la cámara, o estoy ante una situación especial y no
tengo la cámara. Y es un sueño que me pone mal, porque uno está
tan acostumbrada a trabajar con la cámara que cuando no la tiene
a mano y se presenta una ocasión, sufre.
Liliana: Yo siempre sacaba fotos en los viajes, y cuando me
enteré de los cursos de Virginia la llamé por teléfono y
hablamos media hora más o menos. Luego la conocí personalmente y
empecé el curso.
M: En mi caso también. Siempre me había gustado sacar fotos y
fue mi marido quien me alentó diciéndome: "ya que te gusta
tanto, ¿por qué no vas a hacer el curso?". Y me empujó. Yo
antes de conocer a Virginia había hecho algunos cursitos, pero
cuando la conocí fue cuando se me abrió la mente. Empecé a
pensar en blanco y negro, porque si no uno todo lo que sacaba era
color. Yo me acuerdo la primera vez que traje las fotos; me
parecían hermosísimas, vine contenta, y pobre Virignia, me dijo
que estaban bien, pero... Después conociéndola, pensé que
habrá dicho... Primero nos atrapó el blanco y negro y
después nos conocimos con Liliana...
L: El blanco y negro es otra cosa, otra esencia. Si uno ve una
foto color, lo que impacta o entra es el color; pero el blanco y
negro permite ver la luz de una manera diferente que en una foto
color.
V: Yo vivo soñando en gris. Hace poco encontré en Córdoba un
cementerio abandonado; estaba de vacaciones y lo único que tenía
era la cámara con un rollo color. A mi en este momento no me
interesa tanto capturar gente, sino lugares sin gente, creo que
son etapas. Y empecé a sacar fotos de las tumbas; en algunas
hasta se veían los huesos. Quedaron espectaculares, pero no me
gustan porque son en colores. Por ese motivo estoy planeando
volver a Córdoba, a ese lugar, y capturar algunas imágenes pero
en blanco y negro. Antes soñaba con ir al Caribe, y ahora con ir
a un cementerio de Córdoba.
- ¿De algún modo condiciona el maestro a los alumnos en el modo
de tomar fotografías?
L: Creo que no. El maestro, en el caso de Virginia, te corrige,
pero no te dice lo que tenés que sacar, porque eso depende de
uno, de lo que lleva en su interior, y lo exteriorizás cuando
tomás una foto de algo que te gusta.
M: Al principio, cuando uno recién comienza, imaginate, nosotras
veníamos de unos cursitos y te encontrás con la foto de
Virginia..., y pensaba "a mí me gustaría hacer esas
fotos", pero a medida que va pasando el tiempo, te vas
dedicando a lo que a uno realmente le gusta. A uno le gusta una
cosa, a otro otra. A mí me gustan muchísimos los retratos, me
fascinan, y aunque me gusta sacar de todo, uno se inclina por el
gusto.
Evolución y gustos
- Cómo notaron la evolución. ¿Hubo cambios que las motivaron?
V: Desde que las conozco, en todos estos años, para mí las dos
tienen su personalidad para la fotos. Liliana, puede decirse,
tiene una visión geométrica que extiende a muchos de sus
trabajos; Mary apunta a la gente, al retrato. Mis fotos son más
parecidas a las de Mary que a las de Liliana.
L: Hay temporadas en cuanto a la creación, y depende también de
cómo se siente uno, el estado de ánimo. Si de pronto estás
triste, se tiende a sacar algo en soledad, puede molestar la
gente. A veces prefiero sacar algo que cuente otra historia,
quizás con el ánimo que uno tiene en ese momento.
- ¿Qué buscan en cada realización?
M: Lo que buscamos por un lado, es que la persona que mira la foto
la comprenda. Me interesa también lograr una buena toma, pero
además, saber qué le pasa a esa persona que voy a fotografiar,
para reflejar algo de su alegría, lo que vive...
- ¿Cuáles son las realizaciones que le dieron más
satisfacciones?
L: Te da satisfacción ver los retratos de familia, fotos que van
quedando para el recuerdo. El paso del tiempo plasmado, por
ejemplo, el crecimiento de tus hijos. También es lindo cuando
obtenés un premio, que te incentiva y te da más ganas de seguir
trabajando.
V: No hay fotos que me hayan dado más satisfacciones que otras.
Soy demasiada crítica técnicamente, porque no me gustan las
fotos desprolijas, mal iluminadas. Ahora hay una corriente donde
todo lo que uno ve es desprolijo, desordenado. Esas fotos me
molestan; me gustan las fotos cuando siento que logré una buena
composición y que a la vez trasmita. Me gusta la foto perfecta,
compositivamente bien sacada, con profundidad de campo... más
trasmitir algo.
M: Pero no es fácil lograrlo.
- ¿Les gustan más las fotos de estudio o las instantáneas?
M: El estudio es hermoso, el manejo de la luz es un poco difícil,
pero la foto de estudio es otra cosa. Por ejemplo, el paisaje es
muy difícil de sacar, no es tac, tac y saco el paisaje; es raro
ver una foto de un paisaje muy bien compuesta, por la utilización
de la luz. El estudio atrapa más.
- ¿Qué reglas debe observar una persona para sacar una buena
foto sin ser profesional?
V: Suponiendo que maneje una cámara y la conozca técnicamente
para poder manejarla, para mí lo más importante es saber ver,
porque la luz, más o menos, la aprendés a manejar y también la
máquina la aprendés a manejar. Lo que uno no puede enseñar es a
ver, percibir más allá de lo que ve todo el mundo. El fotógrafo
debe tener poder de observación, ver más allá de lo que ve el
común de la gente, y después ser rápido, porque en un instante
tenés que manejar los dedos, el cerebro, ver si la luz es
correcta, aprender a medir esa luz, utilizar la óptica adecuada y
no pifiarle al foco. El hecho de que ahora sea todo tan perfecto,
hace que uno pueda ser más creativo. Antes era tan engorroso
tomar una foto que la creatividad quedaba mucho más atrás; ahora
las fotos son mucho más espontáneas, justamente porque la
cámara hace todo.
- ¿Hay una tendencia actual con relación a la fotografía?.
M: El año pasado se tendía hacer un poco la fotografía movida,
un poco fuera de foco, pequeños detalles para ir cambiando un
poco... según el jurado que haya, es la tendencia que hay.
L: Creo que uno tiene que hacer lo que siente y lo que le gusta.
Uno no puede estar pendiente de lo que le puede gustar a un
jurado.
M: Primero, la foto me tiene que gustar a mí; si al jurado no le
gusta, mala suerte. Siempre tengo esa modalidad. A un concurso
mando lo que me gusta, nunca trabajaría para un jurado.
V: Pero uno trabaja para el jurado. Sí. Generalmente, uno sabe
que tiene fotos para uno u otro. Si te dicen que tal persona forma
parte de un jurado, a uno no se le ocurriría mandar una foto que
sabe que no le va a gustar...
M: No creo que sea tan así.
V: Quieras o no te condiciona el jurado. Dentro de las fotos que
uno tiene manda la que puede gustarle. Por eso en el Fotoclub
Argentino no hay más concursos, se suspendieron; ahora hay
análisis de portfolios, es decir, pedís una mesa, preparás una
carpeta y te la examinan. Antes era terrible, trabajaba para el
jurado.
M: Pero es imposible conocer a todo el jurado.
V: Hoy el que no hace una muestra es porque no quiere; antes
tenías que tener un currículum inmenso. Hoy hay 50.000 lugares
de exposición.
M: A veces vas a cada muestra...
V: El trabajo tiene que estar bien hecho, con fotografías bien
copiadas, bien presentadas, no importa que al jurado no le guste;
lo importante es que sea presentable. A lo mejor te dan fecha para
dentro de dos años. Es importante que se vea que detrás de esas
fotos hay un fotógrafo.
- ¿Hay diferencia entre la visión de un hombre y una mujer en la
fotografía?
L: Creo que la mujer es más sensible que el hombre; son fotos que
cuentan más del punto de vista del corazón.
M: El artista es artista siempre, sea hombre o mujer. Yo creo de
por sí que el fotógrafo es sensible, porque hay que tener una
esencia para captar, para ver un poco más allá del común de la
gente.
Trabajos y proyectos
- ¿Qué busca la gente que recurre a ustedes para sacar una foto
social?
V: Tratan de que sean fotos bonitas, que los saquen más lindos de
lo que son. Si te salió algo espontáneo, seguro que la foto no
la elige nadie. Tiene que estar perfecta, prolija, la gente es
exigente.
M: Sí, la gente es exigente, por eso uno trata de hacer el
trabajo lo mejor posible.
- ¿Qué pasa con la fotografía en Luján?
M: Hubo un auge de la fotografía cuando estaba el Foto Club
Luján; había muchísima gente que participaba, pero
lamentablemente la entidad se perdió. Fue un paso atrás para
Luján fotográficamente, porque como sea, las fotos se juzgaban
en Buenos Aires. Se había formado un lindo grupo, por eso es una
pena. Sería bueno que alguien se pusiera las pilas... y uno se
pregunta ¿por qué no colaboramos nosotras? Pero hay cosas que te
llevan tiempo... Después, no se tiene apoyo de nadie. Acá en
Luján no hay apoyo de nada. Todo lo que es cultura pasa por
arriba.
V: Los fotógrafos, las casas de fotografías, que son las que
tendrían que apoyar, son las primeras que se niegan a apoyar. Uno
está continuamente dando fotógrafos a Luján. Me pasa a mí, por
eso es que los fotógrafos no quieren más fotógrafos, y por eso
no apoyan todo el movimiento cultural fotográfico. No llegan a
comprender que una cosa es el trabajo y otra cosa es el arte.
- ¿Alguna materia pendiente en fotografía?
V: Personalmente, me gustaría y todos los años lo pienso pero
después se complica, es volver a reunir en una muestra a todas
mis alumnas, a las que todavía siguen sacando fotos. Así como lo
hicimos hace algunos años, volver a reunirnos con un tema, con
todo el crecimiento no profesional pero sí de la vida.
L: Con Mary tenemos un proyecto, un libro, con el que pensamos
mostrar cosas de Luján que no están vistas, salir de la típica
postal de la recova o la Basílica, lugares que la gente de Luján
no vio o no ve a pesar de que vive acá y no ha prestado
atención. Están pero no las miran.
M: Aparte, estamos trabajando en una muestra que tenemos
proyectado realizar este año, relacionado con la vida. Queremos
una linda muestra, pero sabemos que nos va llevar meses, ya que es
un poquito amplio el tema. Esta es nuestra propuesta.
- ¿Qué consejo le darían a una persona que nunca tomó una
cámara? ¿Qué puede lograr con ella?
V: Yo pienso que no sabe lo que se pierde.
L: Creo que a veces la gente no toma una cámara porque no se
anima y le parece muy complicado, pero si empieza, se va a
enganchar.
M: Más vale que no empiece, porque le va a pasar lo que le pasó
a nosotras. ¡No la podemos dejar!
Virginia Sainz: Sus obras han
sido expuestas en distintos puntos del país y en India, España,
Canadá, Rusia y Hong Kong, entre otros países. Ha obtenido
importantes distinciones; con su obra "Noche de vino y
rosas" fue una de las 20 seleccionadas para representar al
país en la Bienal de San Marino, Italia; obtuvo además el premio
al Mejor Retrato en Sidney, Australia. Es jurado de honor del
Fotoclub Argentino. Madre de cinco hijos y dos nietos, actualmente
se dedica a la enseñanza.
Liliana Valls: Ha concretado
diversas muestras individuales y en conjunto en centros culturales
zonales y de la provincia de Buenos Aires. Algunas de sus obras
han sido publicadas por la Revista Foto Mundo, Noticias, Polo,
Página 12 e incluida en folletería turística local. Fue
reconocida con numerosas distinciones. Es madre de tres hijos,
vive en Luján, trabaja en Obras Sanitarias y es Maestra Mayor de
Obras.
Mary Achaval: Su obra ha sido
expuesta en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires y
publicada en las revistas Foto Mundo, Ciencias Milenarias (Bs.
As.- Méjico) y 2000 Años Junto a Cristo. Además, ha merecido
distintos premios y menciones por parte del Salón Internacional
Foto Club Buenos Aires-Singapur y entidades culturales de Viedma y
Rosario. Es madre de tres hijos, vive en Cortínez donde promueve
un centro cultural y realiza trabajos comunitarios.
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