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El inolvidable maestro Milanese
A dos décadas de su
desaparición, su figura cobra dimensión por su aporte a la
cultura en el siglo pasado. Fue un precursor de la música y el
canto coral en el medio; además, una personalidad tan grande como
humilde.
A
veinte años de su desaparición -se cumplen el 4 de octubre
próximo-, el nombre de Juan Bautista Milanese sigue vivo y
vigente en la memoria de los lujanenses. Como si ayer mismo
hubiera sido el momento en que "el maestro" partió, su
legado artístico, está presente entre quienes lo conocieron,
formaron parte en ocasión de alguna de sus agrupaciones, y una
comunidad que mantiene en permanente recuerdo el apellido.
Tras su desaparición, sería su esposa, María Teresa Villani,
quien continuase al frente del Conservatorio Musical Beethoven,
extendiendo así el ilustre apellido. Un apellido sinónimo de
empuje, arte y sensibilidad.
Juan Bautista había nacido el 22 de agosto de 1906 en Paese,
provincia de Treviso, Italia, siendo el mayor de siete hermanos.
Estudió y se diplomó en Venecia en el Conservatorio Benedetto
Marcello, en las especialidades de piano, órgano, composición y
licenciatura en instrumentación para banda. A los 23 años viajó
a Buenos Aires, radicándose junto a su familia en Junín.
Allí creó un coro femenino y una orquesta, a la par que dirigió
el Conservatorio Beethoven. Contemporáneamente, fue designado por
el gobierno de Italia como agente consular de la región noroeste
de la provincia de Buenos Aires. En 1943 contrajo enlace con
María Teresa y a principios de 1944, a pedido del Obispado de
Mercedes, se trasladó a Luján para ocupar el cargo de organista
de la Basílica Nacional, cargo que desempeñó durante treinta
años consecutivos.
En esta ciudad, creó en 1946, formó y dirigió el coro femenino
Rueda de Amigas y años más tarde, con la incorporación de voces
masculinas, se transformó en el Coro Polifónico Ciudad de
Luján, que durante muchos años dio conciertos en nuestra ciudad,
Capital Federal, Mercedes, San Andrés de Giles, San Antonio de
Areco, General Rodríguez y otras localidades.
Con esta agrupación llegó a presentar importantes obras, como el
caso de "Carmina Burana" y "Porgy and Bess",
que le insumieron casi un año de preparación.
Durante algún tiempo, Milanese dio conciertos semanales de
órgano en misa de 11 y más tarde, también en la vespertina.
Esos conciertos se repitieron en Radio del Estado, Splendid y
Excelsior. Entre ellos, se puede destacar un concierto a dos
órganos que fuera transmitido por las emisoras Antártida y
Mitre, constituyendo la primera transmisión estereofónica de la
radiofonía argentina.
Fue profesor de música en el Seminario de Mercedes, y en el
Instituto Alvear. Debussy y Ravel eran algunos de sus compositores
preferidos, valorando también el aporte de los argentinos Castro,
Williams, Ginastera y Piazzolla.
Como compositor, abarcó todo tipo de géneros, preferentemente
preludios, fugas, scherzos, música sacra, motetes, conciertos
para piano y orquesta, para canto, para violencello, etc.
Grabó discos con el coro y en órgano. Fundó y dirigió el Coro
Polifónico de General Rodríguez, formó el Coro Municipal de
Luján y dirigió los primeros ensayos, delegando después la
responsabilidad en su discípulo Alfredo Spitale.
En toda la música que interpretaron sus coros, realizó la
adaptación del acompañamiento y de las partituras para las
voces.
Fuera de su actividad profesional, practicaba el arte de la
pintura, contando con una gran memoria visual que le permitía
efectuar un retrato con sólo una rápida visión de la persona.
También sintió gusto por la cinematografía y la fotografía,
llegando a fabricar al principio, sus propias cámaras gracias a
sus conocimientos de mecánica de precisión y óptica.
Artista al fin, se entregó con pasión a todo aquello que tuviera
relación con el arte.
Fue un verdadero precursor del canto coral en Luján, al que se
entregó siempre en calidad de maestro ad-honorem, desplegando una
actividad con un nivel que hasta hoy se recuerda.
Su palabra
En 1977, EL CIVISMO tuvo ocasión de dialogar con el maestro
Milanese, reproduciendo parte de esa entrevista en su edición del
23 de abril. De esa oportunidad, son algunas de las declaraciones
que se transcriben a continuación.
"Mi inclinación por la música obedece a razones atávicas.
En mi familia había varios músicos. Entre ellos mi abuelo y mi
padre, él fue precisamente quien me enseñó las primeras
lecciones. Posteriormente tuve otros profesores particulares hasta
que ingresé en el Conservatorio. Tenía entonces 16 años, y
aunque la música me gustaba mucho, también me atraía la
mecánica. Al decidirme por la primera, la mecánica se
constituyó en mi hobby.
"Algunas de mis partituras andan dando vueltas por algún
lugar de la casa. Nunca me preocupé por inscribir, reservar los
derechos o editar ninguna de mis composiciones. Todo lo hice por
amor a la música y por placer.
"Creo que existe una considerable deficiencia en la
formación del buen gusto musical a nivel nacional. Y entiendo que
ello se debe a que se parte de un concepto errático de la
educación en tal sentido. Se brinda al público lo más facil. Se
confunde fácilmente lo popular con lo chabacano. Se llama popular
a la música de difusión masiva, sin entender que si en la misma
proporción se difundiera la mal llamada música culta o clásica,
se educaría el oído del oyente y se elevaría el nivel de su
gusto. La música es una y universal. El folklore no es otra cosa
que la manifestación anónima y espontánea del hombre en
relación con su ambiente que se transmite en forma directa a
través de las generaciones. Sólo así, es auténtico y
valioso".
Pequeñas anécdotas
María Teresa Villani está próxima a cumplir 90 años. Lúcida,
animosa y cordial, guarda muchísimos recuerdos familiares como
anécdotas de su vida junto a Juan Bautista. Algunas las recuperó
para el periodista, como un modo de pintar otros aspectos de la
vida del músico que honró a Luján con su destino artístico. Y
lo hizo en la que fuera la sala de música de Juan Bautista, donde
descansa su piano y un teclado eléctrico, y donde ella misma
continuó su labor, poniéndose al frente del Conservatorio de
Música Beethoven.
Como contaría, allí Bautista permanecía largas horas. A veces
se amanecía escribiendo música. Allí también recibía a sus
alumnos, algunos de los cuales se erigirían con el tiempo en
importantes autoridades religiosas, y llegaría año tras año la
destacada concertista Pia Sebastiani, en calidad de directora del
Conservatorio para tomar exámenes a los alumnos.
Con expresiones cálidas y en ocasiones, hasta reproduciendo
preguntas o respuestas del mismo Juan Bautista, María Teresa lo
evocó.
Destino: Argentina
Las guerras y el hambre hizo que la familia de Juan Bautista
decidiera emprender el camino hacia América.
Juan Bautista fue el último de los hermanos que llegó al país;
el motivo, terminar sus estudios de música en Venecia. El padre y
algunos de sus hermanos llegaron primero; luego lo hicieron tres
hermanas y más adelante la madre con los hijos más chicos.
Quedó en Italia una sola hermana, Sor Amelia.
Una vez aquí, Bautista instó a la directora de la Congregación
de la Virgen Niña con asiento en el Hospital Italiano de Buenos
Aires, que su hermana religiosa se instalara en el país.
Finalmente lo logró, pero en contadas ocasiones pudieron verla,
de acuerdo a la reglamentación en vigencia entonces. Sólo la
llegada de Juan XXIII al papado logró modificar tal norma. A
partir de entonces, Sor Amelia logró volver a tomar contacto con
su familia y siempre que podía, se quedaba en casa de Bautista.
El puesto que no fue
Una prima de Juan Bautista era muy buena pianista, conocía y
tenía muchas relaciones con gente vinculada al medio artístico.
Fue así que una vez en el país Juan Bautista, ésta le anticipó
que le presentaría al director del Teatro Colón, porque según
le contó, había un director de coro que parecía que no podía
seguir en tal función. La prima finalmente obtuvo la entrevista y
a ese lugar se dirigieron el día fijado; pero justo cuando
entraban al Colón, salía el director de coro al que debía
reemplazar, de mayor edad y con dos o tres hijas, según se
enteraron después. Entonces la prima los presentó. Y ambos se
pusieron a hablar en italiano. El viejo director le preguntó a
Bautista sobre sus títulos, reparando especialmente en su
juventud y en que casi podía ser hijo suyo. "No sé que voy
a hacer ahora para mantener a mi familia", le habría
comentado a Milanese el director de coro. "¿Es usted a quien
tengo que reemplazar? preguntó entonces Juan Bautista, y sin
esperar nada más, lo saludó con un "mucho gusto", se
dio media vuelta y se fue sin llegar a conocer al director del
teatro. No lo quiso ni ver.
La tradición del nombre
La familia de Juan Bautista mantuvo a lo largo de muchos años una
tradición. Impuso el nombre de Juan Bautista al primero de los
hijos. Así fue a lo largo del tiempo. Y cuando Teresa estaba
esperando su primer hijo, la madre le preguntó: "¿Pensaste
el nombre para tu niño?" Y Teresa le respondió, dándole
alguna idea del nombre elegido. Entonces su madre, rápidamente le
dijo: "Tenés que ponerle Juan Bautista. Es una tradición en
la familia". Y cuando nació el primer niño, llevó tal
nombre. La tradición sólo se rompió con su hijo, que en su
descendencia tuvo tres niñas.
Famila de músicos
La familia de Juan era muy católica y todos tenían muchísimo
oído para la música; a Juan no lo mandaban a estudiar porque
eran muy pobres, pero como iban a misa, siempre lo ubicaban junto
al órgano de la iglesia. Ya de pequeño, Juan cantaba las
canciones religiosas en latín. Donde vivía la familia había una
señora muy rica que tenía su castillo y enseñaba música. Y un
día llamó a su padre para decirle que quería enseñarle a Juan
Bautista. Con el paso del tiempo, cuando Juan fue un jovencito,
deseó estudiar más y continuar sus estudios, pero el padre no
tenía dinero para hacerle viajar a Venecia. Pero también en este
caso la providencia actuó. La familia contaba con un párroco
amigo que le dijo que fuera a la parroquia para poder ir al
conservatorio. Y a los 22 o 23 años, ya tuvo el título. Nunca lo
colgó. Tenía la idea de que quien lo conociera o apreciara,
debía confiar en su palabra y sus conocimientos.
Aquellos alumnos...
Quien fuera arzobispo de Buenos Aires, monseñor Quarracino,
estudió en su época de seminarista durante cuatro años junto a
Juan Bautista. Se especializó en composición y dirección de
coro. Por aquellos años llegaba a la casa de Bautista, en
ocasiones, acompañado por Pironio y también algunas veces, por
el entonces estudiante Rubén Di Monte. Ambos se decían,
"vamos a buscarlo a Quarracino". Y aquí venían y se
quedaban largos momentos conversando con Juan Bautista.
"Fue entonces cuando Bautista -como lo llama María Teresa-
llegó a decirles: `Ahora que los conozco profundamente a ustedes
dos, van a llegar a ser obispos'. `Pero maestro, no diga eso', le
comentaban Quarracino y Pironio. Yo me enteraba porque siempre
entraba a la sala de música y les servía algo. Entonces, el
joven Di Monte, le dijo a Bautista: `Entonces, yo también...' y
le contestaba Bautista: `Gracias si llegás a ser cura'. Después
toda la vida fuimos amigos de la familia de Di Monte. Como es la
vida...".
Romance en Junín
El romance de Juan y María Teresa se enlaza con la puesta en
marcha en distintas ciudades de la Acción Católica Argentina.
Por entonces, María Teresa ya se había recibido de maestra y
profesora de piano. Un día llegó a la ciudad un obispo de La
Plata para interiorizar a la comunidad acerca de los propósitos
de la Acción Católica, según comunicó previamente el párroco
en la iglesia, durante una de sus misas. Entonces una señora
amiga de mamá le pidió que la acompañara, y como su mamá le
dijo que no podía porque tenía mucho que hacer, le preguntó a
María Teresa si la acompañaba. "Yo tendría 18 años, me
gustaba ir a bailar -entonces se concurría en otro horario, mucho
más temprano- o tocar el piano para que bailaran mis amigos, pero
la acompañé. Entonces las reuniones se hacían por separado
tanto para chicos como para chicas, pero el párroco nos decía:
"Ustedes si quieren casarse, tienen que casarse con alguno de
la Acción Católica". Y como un modo de fomentar la amistad,
el párroco continuamente promovía charlas, exposiciones de fotos
o pinturas o proyecciones de cine. Y en una muestra de fotos
María Teresa conoció a Juan Bautista. Allí cambiaron las
primeras palabras. Algún tiempo después, en otra reunión,
mirando libros, le llegó a decir: "¿Cómo, también le
gustan los libros?". Y ella le dijo: "Yo soy maestra y
profesora de música", y él respondió: "¿Ah, sí? Yo
también sé un poco de música". "Entonces me hizo
algunas preguntas... Yo creía que sabía mucho... y hablamos de
Bach y Beethoven, y ante mis respuestas, él me dijo: "¿Pero
de veras que es profesora? Y ahí empezó todo...".
De Junín a Luján
"Nos casamos en Junín. Papá tenía una farmacia y
droguería y Juan Bautista además de enseñar música y tocar en
la iglesia, había formado un coro de señoritas y una orquesta.
Era también cónsul, mientras yo trabajaba como maestra.
"El día que nos propusieron venir a Luján, en casa nos
dijeron: ¡Cómo vas a ir a Luján! Pero, Juan que estaba
acostumbrado a tocar en el órgano chiquito de la iglesia de
Junín, cuando conoció el órgano de la Basílica de Luján, se
hizo oír: ¡Me parece que estoy en Venecia... Qué órgano! Y
aquí llegamos, nos instalamos y comenzamos otra vida".
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