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Miércoles 12 de Marzo de 2003  - CULTURA & ESPECTACULOS

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Recordando a un eximio músico
El inolvidable maestro Milanese

A dos décadas de su desaparición, su figura cobra dimensión por su aporte a la cultura en el siglo pasado. Fue un precursor de la música y el canto coral en el medio; además, una personalidad tan grande como humilde.

A veinte años de su desaparición -se cumplen el 4 de octubre próximo-, el nombre de Juan Bautista Milanese sigue vivo y vigente en la memoria de los lujanenses. Como si ayer mismo hubiera sido el momento en que "el maestro" partió, su legado artístico, está presente entre quienes lo conocieron, formaron parte en ocasión de alguna de sus agrupaciones, y una comunidad que mantiene en permanente recuerdo el apellido.
Tras su desaparición, sería su esposa, María Teresa Villani, quien continuase al frente del Conservatorio Musical Beethoven, extendiendo así el ilustre apellido. Un apellido sinónimo de empuje, arte y sensibilidad.
Juan Bautista había nacido el 22 de agosto de 1906 en Paese, provincia de Treviso, Italia, siendo el mayor de siete hermanos.
Estudió y se diplomó en Venecia en el Conservatorio Benedetto Marcello, en las especialidades de piano, órgano, composición y licenciatura en instrumentación para banda. A los 23 años viajó a Buenos Aires, radicándose junto a su familia en Junín.
Allí creó un coro femenino y una orquesta, a la par que dirigió el Conservatorio Beethoven. Contemporáneamente, fue designado por el gobierno de Italia como agente consular de la región noroeste de la provincia de Buenos Aires. En 1943 contrajo enlace con María Teresa y a principios de 1944, a pedido del Obispado de Mercedes, se trasladó a Luján para ocupar el cargo de organista de la Basílica Nacional, cargo que desempeñó durante treinta años consecutivos.
En esta ciudad, creó en 1946, formó y dirigió el coro femenino Rueda de Amigas y años más tarde, con la incorporación de voces masculinas, se transformó en el Coro Polifónico Ciudad de Luján, que durante muchos años dio conciertos en nuestra ciudad, Capital Federal, Mercedes, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, General Rodríguez y otras localidades.
Con esta agrupación llegó a presentar importantes obras, como el caso de "Carmina Burana" y "Porgy and Bess", que le insumieron casi un año de preparación.
Durante algún tiempo, Milanese dio conciertos semanales de órgano en misa de 11 y más tarde, también en la vespertina. Esos conciertos se repitieron en Radio del Estado, Splendid y Excelsior. Entre ellos, se puede destacar un concierto a dos órganos que fuera transmitido por las emisoras Antártida y Mitre, constituyendo la primera transmisión estereofónica de la radiofonía argentina.
Fue profesor de música en el Seminario de Mercedes, y en el Instituto Alvear. Debussy y Ravel eran algunos de sus compositores preferidos, valorando también el aporte de los argentinos Castro, Williams, Ginastera y Piazzolla.
Como compositor, abarcó todo tipo de géneros, preferentemente preludios, fugas, scherzos, música sacra, motetes, conciertos para piano y orquesta, para canto, para violencello, etc.
Grabó discos con el coro y en órgano. Fundó y dirigió el Coro Polifónico de General Rodríguez, formó el Coro Municipal de Luján y dirigió los primeros ensayos, delegando después la responsabilidad en su discípulo Alfredo Spitale.
En toda la música que interpretaron sus coros, realizó la adaptación del acompañamiento y de las partituras para las voces.
Fuera de su actividad profesional, practicaba el arte de la pintura, contando con una gran memoria visual que le permitía efectuar un retrato con sólo una rápida visión de la persona. También sintió gusto por la cinematografía y la fotografía, llegando a fabricar al principio, sus propias cámaras gracias a sus conocimientos de mecánica de precisión y óptica.
Artista al fin, se entregó con pasión a todo aquello que tuviera relación con el arte.
Fue un verdadero precursor del canto coral en Luján, al que se entregó siempre en calidad de maestro ad-honorem, desplegando una actividad con un nivel que hasta hoy se recuerda.

Su palabra
En 1977, EL CIVISMO tuvo ocasión de dialogar con el maestro Milanese, reproduciendo parte de esa entrevista en su edición del 23 de abril. De esa oportunidad, son algunas de las declaraciones que se transcriben a continuación.
"Mi inclinación por la música obedece a razones atávicas. En mi familia había varios músicos. Entre ellos mi abuelo y mi padre, él fue precisamente quien me enseñó las primeras lecciones. Posteriormente tuve otros profesores particulares hasta que ingresé en el Conservatorio. Tenía entonces 16 años, y aunque la música me gustaba mucho, también me atraía la mecánica. Al decidirme por la primera, la mecánica se constituyó en mi hobby.
"Algunas de mis partituras andan dando vueltas por algún lugar de la casa. Nunca me preocupé por inscribir, reservar los derechos o editar ninguna de mis composiciones. Todo lo hice por amor a la música y por placer.
"Creo que existe una considerable deficiencia en la formación del buen gusto musical a nivel nacional. Y entiendo que ello se debe a que se parte de un concepto errático de la educación en tal sentido. Se brinda al público lo más facil. Se confunde fácilmente lo popular con lo chabacano. Se llama popular a la música de difusión masiva, sin entender que si en la misma proporción se difundiera la mal llamada música culta o clásica, se educaría el oído del oyente y se elevaría el nivel de su gusto. La música es una y universal. El folklore no es otra cosa que la manifestación anónima y espontánea del hombre en relación con su ambiente que se transmite en forma directa a través de las generaciones. Sólo así, es auténtico y valioso".

Pequeñas anécdotas
María Teresa Villani está próxima a cumplir 90 años. Lúcida, animosa y cordial, guarda muchísimos recuerdos familiares como anécdotas de su vida junto a Juan Bautista. Algunas las recuperó para el periodista, como un modo de pintar otros aspectos de la vida del músico que honró a Luján con su destino artístico. Y lo hizo en la que fuera la sala de música de Juan Bautista, donde descansa su piano y un teclado eléctrico, y donde ella misma continuó su labor, poniéndose al frente del Conservatorio de Música Beethoven.
Como contaría, allí Bautista permanecía largas horas. A veces se amanecía escribiendo música. Allí también recibía a sus alumnos, algunos de los cuales se erigirían con el tiempo en importantes autoridades religiosas, y llegaría año tras año la destacada concertista Pia Sebastiani, en calidad de directora del Conservatorio para tomar exámenes a los alumnos.
Con expresiones cálidas y en ocasiones, hasta reproduciendo preguntas o respuestas del mismo Juan Bautista, María Teresa lo evocó.

Destino: Argentina
Las guerras y el hambre hizo que la familia de Juan Bautista decidiera emprender el camino hacia América.
Juan Bautista fue el último de los hermanos que llegó al país; el motivo, terminar sus estudios de música en Venecia. El padre y algunos de sus hermanos llegaron primero; luego lo hicieron tres hermanas y más adelante la madre con los hijos más chicos. Quedó en Italia una sola hermana, Sor Amelia.
Una vez aquí, Bautista instó a la directora de la Congregación de la Virgen Niña con asiento en el Hospital Italiano de Buenos Aires, que su hermana religiosa se instalara en el país. Finalmente lo logró, pero en contadas ocasiones pudieron verla, de acuerdo a la reglamentación en vigencia entonces. Sólo la llegada de Juan XXIII al papado logró modificar tal norma. A partir de entonces, Sor Amelia logró volver a tomar contacto con su familia y siempre que podía, se quedaba en casa de Bautista.


El puesto que no fue
Una prima de Juan Bautista era muy buena pianista, conocía y tenía muchas relaciones con gente vinculada al medio artístico. Fue así que una vez en el país Juan Bautista, ésta le anticipó que le presentaría al director del Teatro Colón, porque según le contó, había un director de coro que parecía que no podía seguir en tal función. La prima finalmente obtuvo la entrevista y a ese lugar se dirigieron el día fijado; pero justo cuando entraban al Colón, salía el director de coro al que debía reemplazar, de mayor edad y con dos o tres hijas, según se enteraron después. Entonces la prima los presentó. Y ambos se pusieron a hablar en italiano. El viejo director le preguntó a Bautista sobre sus títulos, reparando especialmente en su juventud y en que casi podía ser hijo suyo. "No sé que voy a hacer ahora para mantener a mi familia", le habría comentado a Milanese el director de coro. "¿Es usted a quien tengo que reemplazar? preguntó entonces Juan Bautista, y sin esperar nada más, lo saludó con un "mucho gusto", se dio media vuelta y se fue sin llegar a conocer al director del teatro. No lo quiso ni ver.

La tradición del nombre
La familia de Juan Bautista mantuvo a lo largo de muchos años una tradición. Impuso el nombre de Juan Bautista al primero de los hijos. Así fue a lo largo del tiempo. Y cuando Teresa estaba esperando su primer hijo, la madre le preguntó: "¿Pensaste el nombre para tu niño?" Y Teresa le respondió, dándole alguna idea del nombre elegido. Entonces su madre, rápidamente le dijo: "Tenés que ponerle Juan Bautista. Es una tradición en la familia". Y cuando nació el primer niño, llevó tal nombre. La tradición sólo se rompió con su hijo, que en su descendencia tuvo tres niñas.

Famila de músicos
La familia de Juan era muy católica y todos tenían muchísimo oído para la música; a Juan no lo mandaban a estudiar porque eran muy pobres, pero como iban a misa, siempre lo ubicaban junto al órgano de la iglesia. Ya de pequeño, Juan cantaba las canciones religiosas en latín. Donde vivía la familia había una señora muy rica que tenía su castillo y enseñaba música. Y un día llamó a su padre para decirle que quería enseñarle a Juan Bautista. Con el paso del tiempo, cuando Juan fue un jovencito, deseó estudiar más y continuar sus estudios, pero el padre no tenía dinero para hacerle viajar a Venecia. Pero también en este caso la providencia actuó. La familia contaba con un párroco amigo que le dijo que fuera a la parroquia para poder ir al conservatorio. Y a los 22 o 23 años, ya tuvo el título. Nunca lo colgó. Tenía la idea de que quien lo conociera o apreciara, debía confiar en su palabra y sus conocimientos.

Aquellos alumnos...
Quien fuera arzobispo de Buenos Aires, monseñor Quarracino, estudió en su época de seminarista durante cuatro años junto a Juan Bautista. Se especializó en composición y dirección de coro. Por aquellos años llegaba a la casa de Bautista, en ocasiones, acompañado por Pironio y también algunas veces, por el entonces estudiante Rubén Di Monte. Ambos se decían, "vamos a buscarlo a Quarracino". Y aquí venían y se quedaban largos momentos conversando con Juan Bautista.
"Fue entonces cuando Bautista -como lo llama María Teresa- llegó a decirles: `Ahora que los conozco profundamente a ustedes dos, van a llegar a ser obispos'. `Pero maestro, no diga eso', le comentaban Quarracino y Pironio. Yo me enteraba porque siempre entraba a la sala de música y les servía algo. Entonces, el joven Di Monte, le dijo a Bautista: `Entonces, yo también...' y le contestaba Bautista: `Gracias si llegás a ser cura'. Después toda la vida fuimos amigos de la familia de Di Monte. Como es la vida...".

Romance en Junín
El romance de Juan y María Teresa se enlaza con la puesta en marcha en distintas ciudades de la Acción Católica Argentina. Por entonces, María Teresa ya se había recibido de maestra y profesora de piano. Un día llegó a la ciudad un obispo de La Plata para interiorizar a la comunidad acerca de los propósitos de la Acción Católica, según comunicó previamente el párroco en la iglesia, durante una de sus misas. Entonces una señora amiga de mamá le pidió que la acompañara, y como su mamá le dijo que no podía porque tenía mucho que hacer, le preguntó a María Teresa si la acompañaba. "Yo tendría 18 años, me gustaba ir a bailar -entonces se concurría en otro horario, mucho más temprano- o tocar el piano para que bailaran mis amigos, pero la acompañé. Entonces las reuniones se hacían por separado tanto para chicos como para chicas, pero el párroco nos decía: "Ustedes si quieren casarse, tienen que casarse con alguno de la Acción Católica". Y como un modo de fomentar la amistad, el párroco continuamente promovía charlas, exposiciones de fotos o pinturas o proyecciones de cine. Y en una muestra de fotos María Teresa conoció a Juan Bautista. Allí cambiaron las primeras palabras. Algún tiempo después, en otra reunión, mirando libros, le llegó a decir: "¿Cómo, también le gustan los libros?". Y ella le dijo: "Yo soy maestra y profesora de música", y él respondió: "¿Ah, sí? Yo también sé un poco de música". "Entonces me hizo algunas preguntas... Yo creía que sabía mucho... y hablamos de Bach y Beethoven, y ante mis respuestas, él me dijo: "¿Pero de veras que es profesora? Y ahí empezó todo...".

De Junín a Luján
"Nos casamos en Junín. Papá tenía una farmacia y droguería y Juan Bautista además de enseñar música y tocar en la iglesia, había formado un coro de señoritas y una orquesta. Era también cónsul, mientras yo trabajaba como maestra.
"El día que nos propusieron venir a Luján, en casa nos dijeron: ¡Cómo vas a ir a Luján! Pero, Juan que estaba acostumbrado a tocar en el órgano chiquito de la iglesia de Junín, cuando conoció el órgano de la Basílica de Luján, se hizo oír: ¡Me parece que estoy en Venecia... Qué órgano! Y aquí llegamos, nos instalamos y comenzamos otra vida".


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