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Es poco lo que queda en el lugar
Eran dos muchachos muy parecidos
entre sí. El director de la institución los sorprendió en el
interior del quincho. Cuando los ladrones lo vieron huyeron
rápidamente. Ya habían desinstalado el motor de agua para
llevárselo.
Si las cosas siguen así, es
probable que llegue un día en que el predio donde funciona en la
actualidad la Escuela de fútbol César Luis Menotti regrese a su
forma original y se convierta en lo que alguna vez supo ser: un
amplio terreno baldío.
Hace tiempo que el lugar viene siendo saqueado por la rapiña
delictiva, al extremo de que ya queda poco para llevarse. El
último hecho se registró el jueves a la mañana. Los anteriores
no fueron dados a conocer públicamente por las autoridades de la
institución, de tan acostumbradas que están a que esta clase de
delitos sucedan sin que existan respuestas a la creciente
problemática.
Mingo Aranda, director de la escuela, contó a este medio que, en
sucesivos robos ocurridos hace poco tiempo la entidad venía de
perder las tres puertas grandes del quincho (extraídas con una
sierra), la mitad del alambrado olímpico que bordea la cancha
grande y hasta una pesada columna de 16 metros.
El último de estos inagotables episodios ocurrió el jueves cerca
de las 9 de la mañana. Ese día Mingo Aranda arribó a la
institución, que está ubicada en la calle 9 de julio al 1700, y
encontró que en el interior del quincho había dos muchachos, uno
de 20 años y otro de aproximadamente 16, muy parecidos entre sí,
a tal punto que parecían hermanos. Afuera los aguardaba un carro
tirado por un caballo.
"Yo usualmente no suelo ir a esa hora, porque los
entrenamientos se realizan por la tarde -dijo Aranda-. Cuando
llegué me encontré con dos muchachos que salían del quincho. Me
sorprendí, e inmediatamente les pregunté qué estaban haciendo
ahí".
Ninguno de ellos llevaba nada en las manos, se presume que esto se
debe a que vieron cuando Mingo llegaba al lugar. Como única
respuesta, se escudaron afirmando que habían entrado al predio
para buscar unos caballos. "'¿Y qué hacían buscando los
caballos adentro del quincho', les pregunté -contó Aranda-.
'Ustedes son ladrones', les dije entonces y de la bronca comencé
a insultarlos".
Los extraños no dudaron en abandonar el lugar raudamente.
"Enseguida me dirigí al quincho y encontré que un ventiluz
de la entrada estaba en el suelo, empecé a recorrer hasta llegar
al lugar donde nos queda el último motor que tenemos. Vi la
puerta abierta, y observé que habían sacado el motor para
llevárselo". Sin embargo, no alcanzaron a lograr el cometido
a causa de la inesperada visita.
Poco después, y cuando Aranda logró radicar la denuncia, un
patrullero localizó un carro y detuvo a su conductor, pero luego
del reconocimiento el sospechoso quedó en libertad debido a que
no se trataba de ninguno de los dos delincuentes buscados.
Ante la desprotección y el desamparo cotidiano, pareciera que a
los responsables de la histórica escuela de fútbol lujanense
poco les queda por hacer. Sin embargo, según afirmó Aranda,
siguen luchando y dándole todo lo mejor a los chicos que acuden
al lugar.
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