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Las causas de la guerra
Este editorial no tiene
como objetivo de máxima cambiar el panorama mundial y frenar
la guerra en Irak. Conocemos nuestras limitaciones. Nos
conformamos con divulgar nuestro parecer entre los lectores de
este medio, en un intento más por incrementar la conciencia
crítica. No más que eso.
Entendemos que Bush y sus dos mosqueteros de ocasión no se
preocuparán demasiado por la opinión de EL CIVISMO y que por
más férreo que sea el cuestionamiento a su actitud bélica,
los cañones ya apuntan a Bagdad y sus zonas cercanas.
Sin embargo, como ese auto que el fin de semana recorrió el
partido de Luján con un pedido por la paz, todos los aportes
son válidos. Hay que cuestionar hasta el cansancio la
prepotencia de los líderes mundiales, que con el argumento
del peligro de muertes a causas de armas de destrucción
masiva, son los impulsores de miles de muertes pero en
territorios elegidos para la ocasión. Suena y es ridículo,
pero la lógica no entra en un esquema de guerra.
"Dado que Estados Unidos tiene un poder mayor que el
resto del mundo en cuanto a medios de violencia, debe usarlo
para garantizar el dominio del mundo ahora y para siempre. El
objetivo es que el mundo entero tenga miedo", señaló el
lingüista y crítico intelectual estadounidense Noam Chomsky,
basándose en un informe de octubre pasado del National
Strategy Report, es decir, una versión oficial.
Con toques de humor y realismo, el dibujante y escritor
argentino Roberto Fontanarrosa escribió el domingo que la
guerra es inevitable porque "a los yanquis les encantan
las explosiones". Fundamentó su afirmación en una
reciente ida al cine, en la cual la cola de cinco películas
"made in Hollywood" mostraban explosiones de autos,
casas, motos, lanchas. Además, citando a Murphy, recordó esa
ley que dice que "si algo ha sido hecho para estallar,
estallará".
A excepción de los laderos de George Bush, José María
Aznar, Tony Blair y los notables y educados equipos
"proyanquis" de la CNN, todos los analistas del
conflicto entre EE.UU. e Irak coinciden en la prepotencia de
esta guerra.
Todos detallan, a través de la prensa, las necesidades
explícitas de inventar un enemigo para justificar y ratificar
la posición de dominio frente al mundo. Ayer por los
territorios, hoy por el petróleo, mañana por el agua, pasado
por el aire. El objetivo concreto se transforma en la excusa
para desplegar las herramientas de dominación.
Como indican algunos de los analistas de la situación
"pre-bélica" (aunque cuando este medio esté en la
calle quizás ya suenen bombas en Bagdad) esta guerra
establece una inconmensurable inseguridad mundial. O, en todo
caso, una inestabilidad propiciada por la gran potencia
mundial que ya no demuestra ni siquiera intenciones de reparar
en los consejos de la Organización de las Naciones Unidas.
La concreción de los planes de Bush determinará que ahora
todo el planeta está amenazado por su ambición de poder; por
su terror controlado. No importa nuestra opinión, no se
escucha a los organismos mundiales, no se miran las marchas
multitudinarias pidiendo paz, no valen nada las vidas de los
iraquíes y tampoco de los soldados de la trilogía guerrera
(EE.UU, Gran Bretaña y España).
Lo revelante en un mundo desordenado e injusto, es que los
mercados están en alza, el precio del petróleo baja y un
grupo de empresas estadounidenses ya se alistan para hacer
millonarios negocios en torno a la reconstrucción de las
ciudades de Irak. Está claro que ya no hay margen para la
paz.
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