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 Editorial Miércoles 19 de Marzo de 2003 

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Las causas de la guerra
Este editorial no tiene como objetivo de máxima cambiar el panorama mundial y frenar la guerra en Irak. Conocemos nuestras limitaciones. Nos conformamos con divulgar nuestro parecer entre los lectores de este medio, en un intento más por incrementar la conciencia crítica. No más que eso.
Entendemos que Bush y sus dos mosqueteros de ocasión no se preocuparán demasiado por la opinión de EL CIVISMO y que por más férreo que sea el cuestionamiento a su actitud bélica, los cañones ya apuntan a Bagdad y sus zonas cercanas.
Sin embargo, como ese auto que el fin de semana recorrió el partido de Luján con un pedido por la paz, todos los aportes son válidos. Hay que cuestionar hasta el cansancio la prepotencia de los líderes mundiales, que con el argumento del peligro de muertes a causas de armas de destrucción masiva, son los impulsores de miles de muertes pero en territorios elegidos para la ocasión. Suena y es ridículo, pero la lógica no entra en un esquema de guerra.
"Dado que Estados Unidos tiene un poder mayor que el resto del mundo en cuanto a medios de violencia, debe usarlo para garantizar el dominio del mundo ahora y para siempre. El objetivo es que el mundo entero tenga miedo", señaló el lingüista y crítico intelectual estadounidense Noam Chomsky, basándose en un informe de octubre pasado del National Strategy Report, es decir, una versión oficial.
Con toques de humor y realismo, el dibujante y escritor argentino Roberto Fontanarrosa escribió el domingo que la guerra es inevitable porque "a los yanquis les encantan las explosiones". Fundamentó su afirmación en una reciente ida al cine, en la cual la cola de cinco películas "made in Hollywood" mostraban explosiones de autos, casas, motos, lanchas. Además, citando a Murphy, recordó esa ley que dice que "si algo ha sido hecho para estallar, estallará".
A excepción de los laderos de George Bush, José María Aznar, Tony Blair y los notables y educados equipos "proyanquis" de la CNN, todos los analistas del conflicto entre EE.UU. e Irak coinciden en la prepotencia de esta guerra.
Todos detallan, a través de la prensa, las necesidades explícitas de inventar un enemigo para justificar y ratificar la posición de dominio frente al mundo. Ayer por los territorios, hoy por el petróleo, mañana por el agua, pasado por el aire. El objetivo concreto se transforma en la excusa para desplegar las herramientas de dominación.
Como indican algunos de los analistas de la situación "pre-bélica" (aunque cuando este medio esté en la calle quizás ya suenen bombas en Bagdad) esta guerra establece una inconmensurable inseguridad mundial. O, en todo caso, una inestabilidad propiciada por la gran potencia mundial que ya no demuestra ni siquiera intenciones de reparar en los consejos de la Organización de las Naciones Unidas.
La concreción de los planes de Bush determinará que ahora todo el planeta está amenazado por su ambición de poder; por su terror controlado. No importa nuestra opinión, no se escucha a los organismos mundiales, no se miran las marchas multitudinarias pidiendo paz, no valen nada las vidas de los iraquíes y tampoco de los soldados de la trilogía guerrera (EE.UU, Gran Bretaña y España).
Lo revelante en un mundo desordenado e injusto, es que los mercados están en alza, el precio del petróleo baja y un grupo de empresas estadounidenses ya se alistan para hacer millonarios negocios en torno a la reconstrucción de las ciudades de Irak. Está claro que ya no hay margen para la paz.

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