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 Editorial Miércoles 26 de Marzo de 2003 

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Las grietas de la memoria
Era realmente sorprendente acercarse a la plazoleta de los Derechos Humanos en la tarde del lunes y observar a cerca de cien personas manifestando su repudio al golpe militar del 24 de marzo de 1976. Estaban los de siempre, los de todos los años, y mucho más.
Un distraído que pasó por ese espacio verde habrá creído que en Luján la memoria, la lucha contra la injusticia, la búsqueda de la verdad, la conciencia social y la defensa de los derechos humanos, en especial de los desposeídos, comenzaron a ser temas convocantes. Que pasaron de la atención de unos pocos al interés de las mayorías.
Sin embargo, entre lo que se observa y la realidad hay una gran distancia. A pesar de la gran asistencia al acto del lunes, se está lejos de ese romance entre la sociedad, los funcionarios y las luchas justas.
Detrás de la presencia de más de cincuenta personas cercanas al gobierno municipal -funcionarios, concejales, candidatos, punteros- se esconde una intencionalidad electoral. No es casual que los haya motivado el aniversario número 27 del golpe, y se hayan ignorado olímpicamente muchas fechas anteriores.
En rigor de verdad, se trata de algo cíclico. Cuando hay elecciones inminentes, los políticos en campaña sienten la necesidad de apegarse a las causas transparentes, intachables, incuestionables, como es la lucha que desde hace más de 25 años encabezan las Madres de Plaza de Mayo.
En el "princismo" la intención es prácticamente explícita. Cuando el lunes el jefe comunal hizo uso de la palabra en esa plazoleta pluralista, utilizó más de la mitad de su discurso para destacar su protagonismo -discutible- en la creación de ese espacio abierto.
Y no sólo eso: como un guión escrito de antemano, cargó contra la Unión Vecinal y el ahora concejal Gerardo Amado. Casualmente, los sondeos de opinión marcan que Prince está discutiendo su futuro en la Intendencia con el ex intendente y ex comisionado Silverio Pedro Sallaberry.
En tiempos más normales, son esos mismos políticos que hoy defienden los Derechos Humanos los que convocan a patotas para sentirse cómodos en sus bancas o en sus exposiciones públicas. Son los mismos que a espaldas de las Madres a las que hoy homenajean firmaron acuerdos para aprobar las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
No es preciso remitirse sólo a la sanción de esas leyes. El lunes en la plazoleta estaban presentes los autores intelectuales y materiales de casi todas las políticas caprichosas que emanaron del Palacio Municipal durante los últimos años, como la creación de una tasa de seguridad; el cuasi delictivo abandono de las salas de primeros auxilios y del Hospital; o el descuido del medio ambiente en gran parte del partido. Esos temas tienen demasiada relación con los derechos humanos.
El problema del paso de los años es que agrieta la memoria y permite que por allí se filtren los oportunistas de siempre, los que están atentos a todas las posibilidades que les permitan cosechar adhesiones. Poco importa si para ello tienen que contradecirse, pisotear o reformar ideologías, o participar en espacios que históricamente ignoraron.

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