- Al menos cinco personas
ingresaron el lunes a la vivienda de la familia
Serra.
- Alguien les había pasado
el dato de que en el lugar se guardaban 13 mil
dólares. Pero lo cierto es que se encontraron con
una suma mucho menor.
- Se llevaron alhajas,
algunas armas que había en el lugar y el disco
rígido de una PC.
El lunes, a plena luz del día,
cinco personas armadas con pistolas automáticas
ingresaron a una casa de Pueblo Nuevo, ubicada sobre
la calle José Manuel Estrada, y se llevaron dinero,
alhajas, algunas armas y el disco rígido de una
computadora. El hecho ocurrió pasadas las 16.
Arnaldo Serra es el jefe de la
familia. Tiene un taller de herrería junto a su
domicilio, en el que vive con su esposa y una de sus
dos hijas, ambas abogadas. En Pueblo Nuevo lo conocen.
Saben que es un hombre de trabajo y que todo lo que
tiene lo hizo con esfuerzo. "Mi taller trabaja
bien, le pude costear una carrera universitaria a mis
hijas, pero soy una persona de trabajo", afirmó.
Una semana antes de que le
robaran, Serra recibió la visita de dos personas que
acudieron a solicitarle un trabajo destinado al
arranque de una moto. El lunes, ambas personas
regresaron, pero ya venían dispuestas a actuar.
Ingresaron al taller y enseguida le pidieron al
herrero que saliera para ver de cerca el desperfecto;
éste accedió, y abandonó el lugar con uno de ellos;
el otro permaneció en el galpón.
Mientras Serra revisaba la moto
irrumpieron en el lugar tres personas más. A pocos
metros venía caminando su esposa, que llevaba en
brazos a su pequeño nieto de diez meses. En el
interior de la vivienda se encontraba el marido de una
de sus hijas.
"Los tipos se me pusieron
atrás, y ahí me di cuenta de lo que estaba pasando
-dijo-. Enseguida me dieron vuelta el brazo, y
después me pegaron en la cabeza con una
pistola".
Los ladrones no tardaron en
decirle lo que habían venido a buscar: 13 mil
dólares que supuestamente Serra tenía guardados en
la casa. "Pero la verdad es que yo no tenía esa
plata, lo único que había acá era la jubilación de
mi mujer. Y nada más", manifestó.
El golpe no fue al azar, sino
digitado por alguien que manejaba un dato erróneo.
"Mi casa es grande, no es fácil conocerla, pero
ellos sabían perfectamente la distribución de los
cuartos y dónde está cada cosa. Porque apenas
entramos me llevaron a mi pieza, donde les di todo el
dinero que tenía; luego fuimos a la habitación de
una de mis hijas, donde había unos pocos pesos
más", contó.
Cuando Serra les dijo que no
tenía el dinero que buscaban, los delincuentes no se
pudieron violentos. "Lo único que me dijeron fue
'mirá viejito, no me la hagás difícil'. Yo les dije
que revisaran todo lo que querían. Pero les pedí por
favor que no le hicieran nada a mi familia",
subrayó.
Según el damnificado, por la
forma en la que se manejaban, se trataba de
"profesionales". "Me ataron las manos,
los pies y la boca, y me encerraron en el baño.
Después también ataron a mi yerno. Mi mujer les
pidió que no la ataran porque sufre del corazón,
entonces sólo le sujetaron los pies",
manifestó.
No sólo los ladrones actuaron
con datos precisos, sino que además lo hicieron sobre
la base de un trabajo de inteligencia previa.
"Antes de que ellos ingresaran a mi casa, mis dos
hijas habían salido en el auto. Y ellos las vieron
salir, porque cuando estaban acá adentro me dijeron:
'a vos te vendieron bien vendido, no sé si lo sabés.
Las chicas que salieron recién son hijas tuyas, las
dos son abogadas. Veníamos a llevarnos una de tus
hijas, pero danos la guita que nosotros nos vamos'.
Eso fue lo que me dijeron".
La banda permaneció en el lugar
por espacio de quince minutos. Salvo revolver algunos
lugares específicos, no provocaron destrozos.
"Me pidieron que les entregara las escopetas
(tengo 3) porque a mí me gusta cazar. Se las di, pero
les pedí si no me dejaban una, la más vieja, que era
con la que yo más tiraba. No me la dejaron".
Ninguno de los vecinos vio un
solo movimiento sospechoso mientras los ladrones
estuvieron en la casa. Incluso, en un momento, un
cliente llegó a la herrería y golpeó para que lo
atendieran, y los mismos delincuentes salieron para
informarle que el lugar, por el momento, estaba
cerrado.
Antes de irse, los delincuentes
les dieron la orden que por diez minutos permanecieran
sin moverse y en silencio. Serra y su yerno, poco
después, pudieron desprenderse de las ataduras. Los
ladrones ya estaban lejos.
Un dato falso
Los Serra suelen recibir muchas
visitas en su domicilio, que se mezclan con los
clientes que acuden al taller. "Este es un lugar
muy abierto, constantemente viene gente", dijo.
Es el cuarto robo que la familia
sufre en poco tiempo: el primero de ellos fue en un
negocio de su propiedad, el segundo ocurrió en Buenos
Aires y el tercero en Mar del Plata.
- ¿De dónde creen que pudo
haber salido el dato de que ustedes tenían 13 mil
dólares?
- No sé, pero no teníamos ese
dinero. No sé de dónde sacaron ese dato. No lo
entiendo. Lo único que sospecho es que saben que mi
taller trabaja más o menos bien, que no soy un tipo
salidor, y que no me juego la plata ni me la tomo.
Ayer por la mañana trabajaron
en el lugar investigadores de la DDI de General
Rodríguez.