Sábado 15 de Enero de 2005 - Año 89 - Edición 7045 - Edición digital 0345

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Graves consecuencias para la salud y el medio ambiente

Ampliaron el basural a cielo abierto

Burlando el alambrado perimetral que presenta el predio de la ruta 192, los camiones de residuos vuelcan su carga a unos 2 kilómetros de la ruta. A la vera del camino o directamente sobre él, con la desprotección de siempre, trabajan decenas de cirujas.

Antes de comenzar a transitar el nuevo siglo, el intendente Miguel Prince se reunió con un grupo de cirujas que trabajaban en el basural y en un marco sumamente fotográfico y colorido (porque el olor no se trasmite en una imagen) prometió dar los pasos necesarios para el cierre definitivo del basural municipal, ubicado a la vera de la ruta 192, entre Luján y Open Door. En ese momento de promesas de campaña, se habló de una futura planta de selección y reciclado de la basura urbana.

Hasta hoy, los únicos pasos que se dieron en tal sentido fue la sanción de una ordenanza para frenar en la quema los vuelcos de los líquidos que transportan los tanques atmosféricos; se cercó parte del perímetro del basural y se instaló una pequeña cabina de control en el ingreso al predio. Además, se inició una campaña para censar y trabajar en la prevención con los cirujas, pero no se avanzó mucho más.

Desde hace meses, el estado del basural regresó a las peores épocas de descontrol. Como el tramo de ingreso al predio está intransitable, los camiones de basura toman por el camino rural que bordea a la quema en su lateral izquierdo y justo donde termina el alambrado perimetral -a unos 2 kilómetros de la ruta 192- muchas veces directamente sobre la calle, vuelcan todos sus residuos. Una tarea que se repite un par de veces por día.

Durante casi todos los días de la semana, ese tramo del camino rural que, si se sigue, desemboca en Carlos Keen, presenta una especie de piquete residual.

El que se anima a pasar no sólo tiene que esquivar la basura de las más variadas características, sino también los rodados y carros de las personas que día a día intentan seleccionar algo "vendible" o "utilizable" entre los desechos.

Pero esto no es todo. Con la costumbre de tirar los residuos en ese predio (ubicado frente a la tosquera de Zaia) se amplió la zona de degradación del medio ambiente, porque los residuos se tiran y acumulan en una tierra que no presenta ninguna clase de tratamiento preventivo.

DIRECTO A LAS NAPAS

Hace meses que la Comuna avala esta situación de vuelco a cielo abierto y también el trabajo en las peores condiciones imaginables de decenas de grandes y chicos.

Una vez que los camiones recolectores vaciaron su carga, una o dos máquinas viales o palas mecánicas del municipio se encargan de desparramar los desechos a los fines de facilitar la tarea de los cirujas.

El miércoles a la tarde, por ejemplo, a pesar de los cerca de 40 grados de sensación térmica, unas diez personas, sin guantes y sin conciencia, revolvían residuos en busca de metales, vidrios, botellas plásticas o ropa.

Con el presunto aval del Estado Municipal, esa gente está expuesta a un indescriptible foco infeccioso, plagado de moscas y en contacto directo con los gases que genera la acumulación de residuos: metano, dióxido de carbono, tolueno, benceno y cloruro de vinilo, entre otros, sustancias que son tóxicas, cancerígenas o que provocan el efecto invernadero.

Como esa actividad es la única fuente de ingreso para decenas de familias de los barrios San Pedro, Santa Marta y San Jorge, entre otros, la Comuna debería ocuparse de la asistencia, la prevención y el control de posibles enfermedades, una idea que se lanzó hace años (con el censo de los cirujas), pero no logró continuidad.

Lo lamentable del caso es que no sólo se hace la vista gorda ante el evidente deterioro en la salud de estos trabajadores. Se ignora por completo a los pobladores de la zona que muchas veces tienen que llegar a sus campos esquivando basura. Y no se repara en el daño ecológico.

Sobre este último punto, cabe señalar que todas las organizaciones que trabajan en defensa del medio ambiente vienen alertando sobre los peligros de los denominados basurales a cielo abierto.

En noviembre del año pasado, Greenpeace dio a conocer un informe sobre el tema y detalló los problemas que produce un tratamiento como el empleado en el CEAMSE, con la diferencia de que en ese predio al menos se construyeron barreras subterráneas (de arcilla o con membranas plásticas) para frenar la penetración en las napas de los elementos contaminantes.

Esas barreras, cuyo estado de conservación se desconoce, sólo existen enfrente del basural, en las cavas de barros de la empresa Curtarsa. En la quema, la contaminación llega a las napas sin escalas. ¿Qué es lo que pasa al suelo y al agua? Plomo, cadmio, níquel, arsénico y otros metales.

Otro agravante son los fuegos "eternos" entre la basura. Provocan emisiones de dioxinas, ácido clorhídrico, CO2 y metales pesados, además de perjudicar la visibilidad en la ruta.

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