En (contadas) ocasiones, la dura y
lacerante crónica policial se toma un respiro. Es cuando
algunos hechos delictivos dejan de tener esa pesada carga que
rayan entre lo sórdido y siniestro, alimentados por la cruda
realidad que los rodea y pasan a ser tiernas anécdotas que no
escapan a esta sección del diario.
Así pueden encontrarse sucesos que
lejos están de ser truculentos o morbosos y son, en cierta
medida, situaciones jocosas con un dejo de ternura e
inocencia, cuando no faltan esas historias que tienen ribetes
en las que se mezclan el drama con una pizca de
"romanticismo delictual" en iguales proporciones.
Bien podría ser el caso de una
trapisonda de baja estofa que sin embargo llegó a asustar a
algunos vecinos del barrio El Quinto. Sucedió el 4 de enero,
justo dos días antes de la llegada de Los Reyes Magos. Los
protagonistas fueron dos pibes de 13 años, edad que marca el
límite entre la niñez y la adolescencia.
El episodio, que no se salvó de
terminar siendo una causa judicial, cuenta que los muchachitos
cometieron, al menos, tres robos, y en uno de ellos se
llevaron una locomotora bella como pocas y con detalles de
terminación que no suelen ser vistos todos los días.
La máquina ferroviaria apareció
luego en una zanja y era tan hermosa esa réplica que se
deslizó por varios escritorios de la seccional ante las
miradas embelesadas de más de un efectivo, que en sus
entrañas probablemente pensó en regalársela a un hijo, un
sobrino o, por qué no, añadirla a su patrimonio. Pero nada
de eso ocurrió, la locomotora en escala terminó en las manos
de su dueño, un vendedor de juguetes que tiene un kiosco en
el barrio El Quinto.
DOS AL HILO
Pero siguiendo la letra del oficio
policial, la información estricta dio cuenta que los
muchachitos anduvieron por el barrio de raíd delictivo apenas
48 horas antes de la llegada de Melchor, Gaspar y Baltazar.
Tres comercios atracados y un botín que no despertó la
envidia de nadie fue el saldo de la fechoría.
Si nos ajustamos a los comentarios de
los vecinos, la situación generó preocupación, miedo e
intranquilidad al saber que el dúo de pibitos se manejó con
una impunidad que eriza la piel. Pero cuando se toma
conocimiento de las desventuras de uno de los objetos robados
se hace difícil no poder ocultar una sonrisa.
La letra fría del "paper"
policial encabeza el caso como: "Hurtos reiterados".
Dice, además, que personal del Subcomando de Patrulla junto
con numerarios de Comisaría Luján Primera "en
circunstancia en que se encontraba recorriendo la cuadrícula
Nº 3 procedió a la aprehensión de dos menores de 13
años". Uno tiene domicilio en Francia y Vélez Sarfield
y el otro vive en Liniers al 600.
Agrega el documento, remitido al
Juzgado de Menores, que ambos menores resultaron autores de
los siguientes hechos:
- Robo 1: en horas del mediodía
ingresaron al comercio ubicado en calle José María Pérez
495 del rubro zapatería, resultando damnificado Gabriel René
Ceyba, a quien se le sustrajeron elementos varios.
- Robo 2: también en horas del
mediodía, ambos menores sin ejercer violencia ingresaron a un
comercio sito en calle Santa Clara del rubro almacén,
resultando afectado Domingo Lifrieri a quien le despojaron la
suma de pesos 60.
Señala el escrito que del primer
hecho la Policía no logró recuperar nada, mientras que del
segundo pudo incautar el magro botín que estaba en poder de
los menores y que ese dinero fue devuelto al almacenero.
Hasta aquí, nada extraño. Pero lo
llamativo fue cuando se conoció que los menores sustrajeron
una hermosa locomotora de juguete que estaba en un kiosco cuyo
propietario no quiso hacer la denuncia.
CON DEVOLUCIÓN
No obstante, la Policía halló la
máquina ferroviaria y la trasladó dentro de un patrullero a
la Comisaría. Al llegar, más de uno quedó atónito por la
calidad de terminación que tenía la réplica.
Se especula que los menores robaron la
locomotora tal vez con la intención de convertirla en regalo
de Reyes para algún hermano pequeño, aunque no se descarta
que uno de los pillos quiso darse el gusto de
autorregalársela.
Al no haber denuncias, por un segundo
el destino de la locomotora fue incierto. Finalmente, fue
restituida a Juan Domingo Lanzani, el propietario del kiosco
ubicado en Champagnat al 1400 por donde pasó el dúo de
malandrines. Fuentes de Luján Primera que hablaron con EL
CIVISMO, dicen que el kiosquero, lejos de mostrarse agradecido
por la labor policial, se presentó en la Seccional con
indisimulables gestos de disgusto pero recuperó la locomotora
que anhelaban no sólo aquellos chicos que hacen sus primeros
pasos en la delincuencia lumpen sino también grandes y de
uniforme azul que están preparados para combatirlos.