Miércoles 16 de Febrero de 2005 - Año 89 - Edición 7054 - Edición digital 0354

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Caño roto en barrio Ameghino

Miles de litros de agua perdidos

Desde hace dos semanas, una familia tiene una vertiente artificial en la puerta de su casa. El vital elemento aflora a borbotones y se derrocha formando un triste arroyito por la calle Alfonsina Storni. El intendente, al poner en funcionamiento la red, había pedido a los vecinos que no desperdicien el recurso.

Una familia de barrio Ameghino soporta, desde hace 15 días, una "vertiente" en la propia puerta de su casa. Para bañarse y lavar la ropa, aprovechan el agua que "surge" como de las entrañas de la tierra, mas para beber optan por pedirle el vital elemento a sus vecinos.

No se trata de un fenómeno natural, claro, sino de un caño roto por el que, desde el primer día de este mes, fluyen miles y miles de litros que -por efecto de la gravedad- tras aflorar en las humildes calles de tierra siguen su curso entre difusas zanjas y se pierden, aguas abajo precisamente, dos cuadras más allá.

"Pensar que el intendente, cuando inauguraron la red, nos pidió que no malgastemos el agua", piensan los vecinos, que colocaron sobre el artificial manantial dos chapas acanaladas. "Para que no se vaya a caer un nene", explicó una señora y amplió: "Los chicos pasan por acá y les llama la atención, se asoman, y como hay barro es peligroso". A su lado, curiosos también por la presencia del periodista y del reportero gráfico, dos pibitos miraban el agua correr. Al cierre de esta edición, el dulce sonido del líquido seguía sonando, como si fuesen diez mil canillas goteando a la vez.

"LLAMAMOS DIEZ VECES"

Eduardo Rey vive junto a su familia en Alfonsina Storni, entre Florida y Cerrito. Según comentó, recurrió a EL CIVISMO para hacer conocer el problema después de insistentes reclamos. "Primero se rompió la llave de paso que ponen ellos porque tenía la rosca falseada y a los dos días se rompió el caño central". "El martes 1° a la noche fui a quejarme y me dijeron que vaya al otro día a las seis de la mañana", aseguró. "Me dijeron que venían...", se lamentó y estimó que "los llamamos diez veces".

El pozo, recordó, originalmente tenía un metro de profundidad. Pero ahora no se anima a calcular su profundidad, ya que después de tantos días de erosión ésta podría haber aumentado.

No exagera el hombre, ya que no es un hilito el que se entrevera en los pastizales: son miles y miles de litros de agua. Con lo que fluye en ese lugar se podría llenar el tanque de una casa en dos minutos, y hasta llenar una gran piscina en pocas horas.

"Blub, blub, blub, blub..." resuena el agua saliendo a borbotones en la cinta magnetofónica del periodista, como curiosa cortina para el final del diálogo: "Si lo llegan a arreglar mañana, avisame; así no sacamos en el diario que está roto algo que ya arreglaron", sugiere el cronista. "Quedate tranquilo, pero no creo", desconfía el vecino. "Capaz que vengan el miércoles", se esperanza. Y otra vez acomoda los chapones que ocultan de la vista tan notable espectáculo.

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