A casi horas de la terminación en la
zona de esa fiesta mayor del rock que fue el Festival Konex en
Carlos Keen, Luján retomó el jueves el camino de la música
folklórica con la edición 2005 del Encuentro de la Fe y la
Historia.
En esta ocasión, y para dar
posiblemente mayor participación a artistas locales y de la
zona, el evento se extenderá por espacio de cuatro días,
culminando mañana a la noche.
La ceremonia de apertura estuvo
presidida por el intendente Municipal, Dr. Miguel Ángel
Prince, la directora provincial de Políticas Culturales, Lic.
Amalia Bassa y el Arzobispo de la Diócesis Mercedes-Luján,
Mons. Rubén Héctor Di Monte.
Y fue precisamente una imagen de la
Virgen de Luján, custodiada por una delegación de paisanos,
la que irrumpió en medio de las plateas, para ubicarse en un
costado del escenario mayor. Monseñor Di Monte, junto a ella,
asumió la bendición del escenario y del festival.
En su breve reflexión, pidió al
Señor "bendecir la imagen, réplica de la auténtica
Nuestra Señora de Luján que desde 1630 se quedara en
nuestras pampas... Bendice este Festival de la Fe y la
Historia que con tanto cariño se está haciendo y seguirá
hasta el domingo, cargado de tanta historia, amor, patria y fe
religiosa".
Concluida esta ceremonia, tres
conductores, Alex Garralda, Jorge Liguori y Rubén Costa,
asumieron el compromiso de animar cada uno de los momentos y
presentar a los artistas participantes.
La danza estuvo en el inicio
representada por el Ballet de los Hermanos Vera, que en una
breve sucesión de ritmos brindó un momento de proyección
con algunas de nuestras tradicionales danzas.
Sin pausas innecesarias, el show
continuó con el Grupo Tribal, representando a la
Municipalidad de Chivilcoy; con Marcelo Molinari, en
representación de San Andrés de Giles; y El Chango Rossini.
Los primeros números actuaron ante
una platea bastante desierta y una popular que poco a poco
comenzaba a poblarse. Precisamente, pasadas las 22, el lugar
empezó a mostrar una imagen mucho más festivalera, con
grupos que poco a poco iban cubriendo muchas de las dos mil
plateas dispuestas y las tribunas laterales que se
incorporaron este año.
Posteriormente, hicieron lo suyo las
Guitarras Municipales, Jorge Marziali y Mimí Palacio, para
dar nuevamente espacio a la danza a cargo del Ballet Desde el
Alma y a la joven voz de Julieta, folklorista y cantante de
corte popular que animó a la ya concurrida audiencia.
Acortando un poco el repertorio previsto para no demorar más
los tiempos que ya llevaban cerca de una hora, La Chacarerata
Santiagueña brindó algunos clásicos del cancionero de su
provincia, y mediando la danza a cargo del Ballet La Alborada,
comenzaron los preparativos para los principales músicos de
la noche.
LOS GRANDES
La celebración mayor de la noche tuvo
como centro a dos figuras de relieve del folklórico musical:
Antonio Tarragó Ros y Jairo.
El primero tiene la virtud de
privilegiar la canción del litoral, principalmente. Hijo de
un artista que cultivó la música tradicional de esa zona,
como compositor y poeta popular de una nueva generación sabe
muy bien que es sencillo descubrir las desviaciones de lo
auténtico, y sólo aquellos que han bebido en las fuentes
claras de la canción añeja, son capaces de elaborar un
lenguaje más actual y moderno sin restar encanto al paisaje,
ni olvidar al ser humano, sus sentimientos y vivencias del
pueblo.
De este modo, Tarragó Ros se
convirtió en un testigo fiel y profundo para hurgar en
raíces y pintoresquismos, que vuelven a su obra tan
movilizadora como refrescante.
Otra de las virtudes de su figura es
la de transmitir el nuevo lenguaje del chamamé con un
espíritu tan joven como festivo, sin omitir una poesía tan
franca como reveladora. Talento que los aplausos de los
asistentes acompañaron en cada tema.
Con el carisma que lo caracteriza,
Tarragó intercaló entre las piezas musicales algunos
comentarios y chistes del humor más sencillo. Este
intercambio con el público lo llevó a pedir por micrófono
que fueran abiertas las rejas que separaban la platea del
sector popular, completando así el sector más cercano al
escenario. El público agradecido.
Por su parte, hablar de Jairo es
hablar de una voz tan espléndida como consagrada a la
legítima emoción.
Es quizás una de las voces más
cristalinas y puras de nuestro cancionero. Y a su perfección
se une una expresión sobresaliente, que proyecta cada palabra
con un sentimiento capaz de emocionar, a la vez que permite
redescubrir el verbo en todo sentido.
Una bella voz que condujo al auditorio
por algunos de sus más grandes éxitos y algunas de sus
últimas creaciones, incluidas en su compacto Ferroviario.
Cada una de las melodías elegidas
para el repertorio fue precedida por un aplauso de aval en la
elección. En varias ocasiones, el auditorio de pie brindó al
artista un emocionante reconocimiento.
El recorrido musical mostró un
panorama de las melodías de nuestra tierra. Música
ciudadana, popular e indígena, llevaron al público por un
camino en el tango -en el que tan bien cae su voz-; el
folklore -que interpreta desde sus hondas raíces de su
Córdoba natal-; y una muestra de música de los pueblos
originarios con la interpretación del Indio Toba, una
experiencia que compromete a todos los sentidos.
Su impecable actuación ofreció
clásicos, sus clásicos; piezas de esas que todo el mundo
esperaba escuchar.
Luego de más de una hora de
actuación, Jairo presentó a sus músicos para adentrarse en
otra de las piezas que llegan a su cumbre abrazadas por su
voz. La Saeta, poema de Pablo Neruda musicalizado por Joan
Manuel Serrat, se apropió de la voz del cantante para
transformarse en un himno al canto.
Luego de una breve despedida que el
público no permitió a fuerza de aplausos de pie, Jairo se
asomó al escenario para interpretar una nueva pieza.
Un párrafo aparte significó su
última entrada.
Anticipando lo que venía, Jairo
recordó una de las oportunidades en que visitó nuestra
ciudad con su música y luego de finalizado el concierto, el
rector de la Basílica lo invitó a visitar el Santuario. El
intérprete aceptó la propuesta y acompañó al religioso
junto a Juan Falú y otros de sus músicos.
Una emotiva descripción del templo
captó la atención del auditorio sospechando lo que vendría.
Recorriendo el templo, el sacerdote lo
invitó: "Cantale algo", mientras miraba la imagen
de la Virgen. Falú lo animó y la voz del cantante debe haber
llegado a cada uno de los rincones del lugar. Luego de relatar
estos hechos, propuso al público presente cantarle, aunque
desde afuera, esta plegaria a Nuestra Señora de Luján.
Interpretó la primera de las estrofas
en francés -idioma que da una cadencia incomparable a la
pieza-, para emocionar a varios centenares de personas con su
tradicional Ave María.
Lo que viene
Esta noche llegarán al escenario, a
partir de las 20, el Elenco Estable Municipal, Antonella
Bossio, Miguel Ángel Jara, Grupo Aguas Blancas, Araceli
Pavón, Martín Taboada, Quimey Cuyen, Yamana, Ballet El
Encuentro, Huayracanto, Canto Nativo, Los Alonsitos,
Agrupación Cultural Luján, Soledad.
En la última noche, a modo de
despedida de la Virgen, el Coro Polifónico de la UNLu
interpretará la Misa Criolla. Además, actuarán Guillermo
Argañaraz, Raíces Incas, el Ballet Juvenil San Jorge,
Gustavo Trinidad (Pilar), Julián Maggio, Sentires, El Gato
Peters, Ballet Fortín Luján, Adrián Maggi, Facundo Toro,
Ballet Fénix, Cuty y Roberto Carabajal y Rally Barrionuevo.
Las entradas están en venta en el
Teatro Municipal "Trinidad Guevara" y en el Museo de
Bellas Artes, en el horario de 10 a 13 y de 15 a 20.
Además, a partir de la medianoche, en
los patios del Complejo Museográfico "Enrique
Udaondo", se concretará una peña popular de la que
participarán artistas de nuestra ciudad y el público
presente.