Salió de "caño" el sábado
a la mañana con la intención de juntar unos billetes. Plata
fácil que seguramente gastaría en el baile de la noche. Algo
de ropa, otro tanto de alcohol y algo más como para
entonarse. Un fin de semana perfecto, parecía.
Lo primero que se le cruzó por el
camino fue un repartidor de galletitas que se encontraba
trabajando en el barrio Padre Varela. Fue un trámite de lo
más sencillo: sacó el revolver, le apuntó y lo amenazó
prácticamente al mismo tiempo. Sin muchas sutilezas, le
propuso la entrega del dinero a cambio de preservarle la vida.
Y cumplió.
Con 400 pesos en la billetera y 17
años en el documento, la noche se encaminaba como única. No
se sabe si se encontró en el baile con otro hampón de su
misma calaña o si antes de entrar al baile lo pasó a buscar
por su madriguera. Lo cierto es que se trataba de otro
"pibe chorro" que de pibe tiene poco pero de chorro
mucho y que hoy ronda los 25 años. Además del delito, a los
dos los une un prontuario frondoso forjado en sólo unos
años.
Después de una noche de descontrol y
juerga total, salieron del baile a la hora en que el sol
empieza a rajar la tierra. Eran las 8 de la mañana cuando una
comisión policial los detectó en pleno centro de la ciudad.
Ninguno de los delincuentes se imaginó que los estaban
siguiendo de cerca. El menor ni llegó a pensar que desde la
misma mañana en que encañonó al repartidor, la Policía
había decidido seguirle los pasos y cercarle todos los
caminos.
Fueron localizados cuando caminaban
despreocupados de todo, aunque la presencia de los uniformados
los llevó a intentar un acto reflejo que tampoco tuvo
resultado. Se resistieron pero no por mucho. Cuando quisieron
reaccionar era demasiado tarde.
Así cayeron detenidos por enésima
vez un menor de 17 años que vive en Alberti, entre 9 de Julio
y Francia, y Exequiel Fernández -también conocido como
Exequiel Miñone-, quien resultó ser autor de varios hechos
contra la propiedad privada y otros tantos a mano armada,
aunque gozaba hasta este domingo de libertad condicionada.
Sobre el menor, ahora pesan los cargos
de robo calificado y resistencia a la autoridad. En tanto, a
Fernández se le adicionó un robo cometido en octubre de 2004
cuando en compañía de otros dos menores asaltó un almacén
ubicado en Santa Elena al 500 del barrio El Quinto.
La noche pudo haber sido perfecta pero
el día comenzó de la peor manera para los dos amigos adictos
a las peores aventuras.