En la mañana de ayer fue llevada por
primera vez al quirófano la niña Jennifer Riglos, quien
sufrió quemaduras en ambas manos y cuello luego de tocar un
alambre con púas que había sido electrificado de exprofeso,
presuntamente por el propietario de una casa en construcción
ubicada en el barrio Villa del Parque, para evitar que
ingresen al terreno o le roben los materiales de la obra.
La menor, de 8 años, ingresó a la
sala de cirugía a las 10.30, permaneciendo hasta las 11.20,
tiempo en que duró una "toilette" en los miembros
afectados por la descarga de 220 voltios. Luego, volvió a ser
trasladada a una habitación del sector Pediatría donde está
internada y acompañada por sus padres desde el lunes a la
tarde.
"La nena tiene muy comprometida
la manito izquierda y tienen que hacerle otra limpieza por las
quemaduras de tercer grado. Dos de los dedos están
necrosados. Así que no sabemos si los va a perder o no",
dijo Marta, la abuela de Jennifer a EL CIVISMO minutos
después de haber recibido el parte médico en el Hospital
Municipal "Nuestra Señora de Luján".
Por el momento, no está previsto el
traslado de la niña a un centro asistencial especializado en
este tipo de heridas. Los médicos que la atienden le
aseguraron a los familiares que está previsto hacerle una
segunda curación como la efectuada ayer, aunque no pudieron
determinar cuándo se llevará a cabo.
Si bien el estado de salud es estable
y su evolución, en líneas generales, es favorable, durante
los últimos días la niña tuvo un pico de fiebre como
consecuencia de las graves quemaduras. Por otro lado, y ya en
el plano legal, se conoció que en 30 días comenzará a
definirse la situación judicial de Carlos Gastón Rodríguez,
el propietario de la obra donde tuvo lugar el accidente.
Por lo pronto, Rodríguez fue
procesado por "lesiones culposas" por la fiscal
Valeria Chapuiz de la UFI Nº 2 Mercedes, pero si dentro de un
mes la niña no evoluciona en forma satisfactoria o se
determina que le quedarán secuelas con algún grado de
discapacidad en sus manos, la causa podría ser recaratulada
como "lesiones graves" y hasta existiría la
posibilidad de que el único imputado sea detenido.
NADIE DIO LA CARA
Mientras tanto, en el barrio Villa del
Parque y en la Manzana 9B, donde vive Jennifer Riglos,
continúa el estupor y la indignación por lo sucedido.
"Es una asesino que no vale la pena que esté vivo",
señaló la abuela Marta a este medio en el mediodía de este
viernes. Poco después, la madre de la pequeña víctima
repetiría este concepto pero ante la cámara de El Noticiero
del Trece.
Cabe recordar que Jennifer Riglos vive
de milagro, tras haber quedado virtualmente pegada a un
alambre con púas que estaba conectado a la caja térmica por
donde se canaliza la electricidad. Este dispositivo, según lo
determinó un peritaje efectuado por ingenieros de la
Cooperativa Eléctrica, fue hecho con la clara intencionalidad
de ocasionar una muerte ya que no sólo se encontró el
"maldito boyero" en el alambrado que da a la línea
municipal, sino también estaba en el tapial de ladrillos
huecos y en las distintas habitaciones que hay en las dos
plantas a medio construir.
Sin embargo, en un primer momento la
Policía informó que Rodríguez negó haber electrificado su
casa cansado de seguir padeciendo robos, pero el peritaje de
los técnicos de la CESPLL lo dejaron en una posición, al
menos, incómoda como para poder demostrar que no está
faltando a la verdad.
La desgracia se adueñó de Jennifer
como pudo ocurrirle a cualquier persona. Este caso se trató
de una niña de 8 años que por seguir a su mascota estuvo a
un paso de perder la vida. Pero a diario decenas de chicos
estaban expuestos a ser protagonistas involuntarios de una
tragedia similar (o peor) debido a que deben pasar por la obra
cada vez que se dirigen al comedor infantil que funciona en la
sociedad de fomento del barrio Villa del Parque.
En el barrio continúa el malestar.
Familiares y vecinos que hablaron con EL CIVISMO destacaron la
falta de sensibilidad de Rodríguez ya que en ningún momento
habló con los padres de Jennifer o se preocupó en saber la
suerte que había corrido la niña como así tampoco llegó
hasta el lugar del hecho (La Paz entre Santa Fe y Jujuy) para
saber lo que había pasado.
Por extensión, hicieron hincapié en
el silencio de los padres del joven procesado de quienes
resaltaron que son personas muy conocidas en el barrio y hasta
suelen ser vistos con frecuencia en la parroquia pero en este
momento "se borraron. Ni siquiera se acercaron a traer
una botella de agua", dijo la abuela.