Sábado 23 de Abril de 2005 - Año 89 - Edición 7072 - Edición digital 0372

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La Conferencia Episcopal Argentina rezó en Luján por el nuevo Papa

A la defensiva desde el comienzo

"Las preguntas que suscita la figura de Benedicto XVI se refieren a cuestiones superficiales que flotan en el exterior". La expresión la realizó el arzobispo Domingo Castagna, en una misa presenciada por cerca de 80 obispos. Los religiosos se acercaron a esta ciudad para celebrar la designación de Joseph Ratzinger y cerrar una asamblea plenaria del Episcopado.

Cuatro colectivos de la empresa Atlántida en la puerta de la Basílica. Un patrullero frente a la entrada principal al templo. Un gendarme caminando entre las cajas de santos. Unas cuarenta monjas sentadas. Otros cuarenta fieles en la misma posición. Un sinfín de seminaristas dando vueltas sin un destino fijo.

En ese marco, a las 19.30 en punto del miércoles, ingresaron a la Basílica cerca de 80 obispos y varias decenas de sacerdotes o aspirantes a serlo. Todos participaron de una misa en acción de gracias por la designación de Joseph Ratzinger como el nuevo Papa: Benedicto XVI, ceremonia que también cerró la 89° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal.

Las imprentas trabajaron contra reloj y un religioso ya repartía entre ciertos asistentes, flamantes estampitas de Benedicto XVI. Mientras el sacerdote cumplía con esa tarea, el arzobispo de Mercedes-Luján, Rubén Di Monte, dio la bienvenida.

"Entiendo que estamos ante María para agradecerle el nuevo padre y pastor que su hijo ha dado a la Iglesia universal. Entiendo que también venimos a cumplir con el pedido que nos hizo el Santo Padre. Nos dijo 'Me encomiendo a vuestras plegarias en la alegría del Señor resucitado'", expresó Di Monte.

"Ahora le decimos acá a nuestra Madre lo que ya hemos puesto en el telegrama que mandáramos a su Santidad. Que Nuestra Señora de Luján lo acompañe con la ternura de su amor maternal y lo custodie en su pontificado", agregó.

La misa fue presidida por el arzobispo de Corrientes, Domingo Salvador Castagna, vicepresidente segundo del Episcopado, y presenciada por el nuncio apostólico Adriano Bernardini.

Castagna asumió la responsabilidad a raíz de la ausencia del cardenal Jorge Bergoglio, en el Vaticano, y la imposibilidad de viajar hasta Luján del titular del Episcopado, Eduardo Mirás, afectado por problemas de salud.

La homilía de Castagna estuvo cargada de expresiones sobre las inmediatas reacciones que generó la elección de Ratzinger. Por ello, sin duda, el religioso pronunció palabras teñidas de una actitud defensiva.

"La Conferencia Episcopal Argentina acude a este amado Santuario de Nuestra Señora de Luján para celebrar acontecimientos importantes, algunos de dolor, otros de gozo. Hoy queremos agradecer al Señor el don inapreciable de un nuevo Papa, después de la desaparición aún llorada de Juan Pablo II. Se trata de Benedicto XVI", comenzó diciendo.

"Conocemos la historia del Sumo Pontífice. Su trayectoria como hombre de la Iglesia, su personalidad serena y humilde, su ciencia y sabiduría, su fidelidad a Cristo en su Iglesia. Es lo que aparece", manifestó.

"Pero lo importante -subrayó- es lo que no aparece y que se constituye en cada romano pontífice en la única condición para ejercer su pesado ministerio pedrino. Esa condición es el amor".

Castagna destacó: "Esto profundo, esto que no se ve. Esto que la gente muchas veces no quiere descubrir o no descubre. Es una transparencia desde la fe, un esplendor obra del espíritu que surge del corazón del elegido, que el mundo no atina a descubrir".

Apuntando de lleno a las noticias que analizaron la decisión del cónclave, expresó: "Si leemos los periódicos notamos lo mal que se lee el dato histórico. Pasa esto porque el mundo lo mira desde moldes fabricados conforme a parámetros que no son los de Cristo, que no son los Evangélicos".

"Las preguntas que suscita su nueva figura se refieren a cuestiones superficiales que flotan en el exterior, sin permitirnos ahondar en el corazón de ese hombre que está viviendo la experiencia de una elección que lo sobrepasa".

"Muchas veces los prejuicios hacen pensar a muchas personas que (Benedicto XVI) no lograría satisfacer algunas expectativas inválidamente instaladas; celibato, sexualidad, aborto, etc. etc. Y entonces ese mundo pierde la capacidad de prestar atención a lo que en realidad está pasando como acontecimiento en la Iglesia de Dios", opinó el religioso.

En tal sentido, preguntó: "¿Qué hace Jesús con Benedicto? Jesús a Pedro no le preguntó cómo pensaba. No le preguntó qué pensaba hacer con la Iglesia, qué problemas pensaba resolver. Le preguntó sólo si Benedicto lo ama. Y estoy seguro que desde el corazón del Santo Padre brotó inmediatamente la respuesta de Pedro: tú sabes que te quiero. Su capacidad no está en su inteligencia, que es muy grande; está en el amor que Cristo le tiene".

Por último, dijo que "su humildad es conocida y lo inclinará a recurrir frecuentemente a su inmediato y venerado predecesor. Lo hizo en su primera homilía. Nosotros tenemos que hacer lo mismo. Se impone que lo sigamos a Benedicto sin proyectar otra imagen que la de Cristo".

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