Si existieran los Juegos Olímpicos
para delincuentes, Darío Alejandro Beo obtendría la medalla
de oro en 100 metros llanos. Hombre de pique corto pero veloz
como una saeta, este miércoles enloqueció a la Policía que
tuvo que sudar la gota gorda hasta poder atraparlo por haberse
evadido de los calabozos de la Comisaría Primera de Moreno.
De 30 años, y una velocidad nada
envidiable a Carl Lewis (atleta y múltiple campeón), Beo
tiene antecedentes penales suficientes como para permanecer
detenido en lugar de estar corriendo libremente por el barrio
Villa del Parque, tratando de eludir el cerco policial montado
en su contra para regresarlo a prisión.
En junio de 2004 fue detenido por
haber intentado matar a un parroquiano de un disparo
procedente de un arma ilegal que empuñaba una noche en el Bar
"Venecia". A raíz de ese hecho fue llevado a Luján
Primera y al poco tiempo lo trasladaron a Moreno Primera.
Pero el viernes de la semana pasada
aprovechó para fugarse cuando se realizaba la habitual visita
de familiares a los detenidos. El martes, la Policía local ya
había detectado el lugar donde se refugiaba Beo. Con este
dato, desde Luján Primera elevaron un informe al fiscal quien
dio lugar al pedido de 3 allanamientos solicitados desde la
seccional local.
El procedimiento se llevó a cabo el
miércoles a las 5 de la madrugada en el corazón del barrio
Villa del Parque. "Dos de los objetivos eran de
familiares y el restante de una persona que daría
refugio", informó el capitán Adrián Silvestre.
De esta forma, se implementó un
operativo cerrojo que en un primer momento no dio el resultado
esperado. Sin embargo, con las primeras luces del día, y
gracias a la colaboración de una vecina, el fugado fue
detectado en el fondo de una casa.
Beo se dio cuenta que podía ser presa
fácil y se evaporó del lugar. Pero permaneció en libertad
sólo por una horas. A las 8.30, la policía bajó los brazos
y se alejó del lugar.
CAPÍTULO DOS
Sin embargo, a las 3 de la tarde, la
Policía regresó al barrio en compañía del GAD. Tras montar
un "operativo de rastrillaje", los efectivos
volvieron a encontrar al delincuente evadido: estaba en la
casa de un familiar que habita en Padre Zaccardi, entre Dr.
Luppi y San Vicente, justo a dos cuadras del lugar donde se
hicieron los allanamientos.
Beo, fiel a su estilo, intentó
escapar por enésima vez utilizando la velocidad de sus
piernas pero esta vez se le cerraron los caminos. Hasta
último momento, el hombre no se dio por vencido ni aún
vencido. "Opuso mucha resistencia", señaló
Silvestre quien comparó su rapidez con la de una liebre.
Para despistar a los policías, Beo se
fue cambiando de ropas aunque con esta maniobra no pudo evitar
que su rostro sea reconocido. Cuando se dio cuenta que la
manzana estaba rodeada, tomó carrera y se jugó su suerte a
cara o cruz. No hubo caso. "Quiso escaparse pero ahí lo
detuvimos", señaló el capitán Silvestre.
Daniel Beo siguió resistiéndose.
Extrajo una navaja logrando herir en una las piernas a un
oficial que participó de la cinematográfica captura. Ese fue
su último acto para evitar volver detrás de los barrotes. Su
objetivo no pudo ser logrado.
Además de las causas que pesan en su
contra, ahora se le suma otra más por: "Evasión,
lesiones leves reiteradas y resistencia a la autoridad".
Beo también es recordado por haberle efectuado un disparo al
actual encargado del Destacamento de Carlos Keen dentro de la
propia Comisaría.