El martes se cerró el caso por la
muerte del niño Mariano Mustafá, sucedido en el barrio Juan
XXIII al amanecer del 30 de julio de 2001. En ese mismo hecho,
la madre del menor, Yolanda Villaba había sido gravemente
herida pero logró sobrevivir al salvaje ataque de su pareja.
El Tribunal Oral Nº 2 condenó a
reclusión perpetua a Fabián Mosquera, de 31 años, al
encontrarlo penalmente responsable por este hecho de sangre
que estremeció a los vecinos de esta ciudad hace ya casi 4
años.
Para los jueces Marcos Barski,
Graciela Larroque y Fernando Bustos Berrondo -los mismos que
juzgaron y condenaron al hoy prófugo José Nicolás Chaín y
a Martín Sayaavedra por el crimen de Ana María Domínguez-,
el mercedino Mosquera dio muerte a Mariano Mustafá, de 6
años, luego de disparar con un arma de fuego a su madre,
Yolanda Villalba, en la vivienda de San Antonio y Lugones,
donde llevaban una tormentosa convivencia.
Según consignó el diario mercedino
El Oeste, Fabián Alberto Mosquera fue condenado por los
delitos de "lesiones leves, amenazas calificadas por el
uso de arma, homicidio calificado por la finalidad de ocultar
la participación en otro delito y por alevosía, en concurso
con homicidio calificado por el vínculo en grado de
tentativa".
"¿QUÉ LE ESTÁS HACIENDO A
MAMI?"
En una precisa crónica, el matutino
recordó que el hecho había sucedido el 30 de julio de 2001
(con la aprehensión del acusado el 31 de julio del mismo
año) y tras un largo proceso, la sentencia se conoció este
martes.
El miércoles de la semana pasada se
había llevado a cabo la última jornada de debate, donde la
coincidencia general era el esperado testimonio de Yolanda
Villalba.
La mujer, quien hoy tiene 45 años,
logró sobrevivir al feroz ataque del criminal luego de
dispararle a quemarropa, en presencia de su pequeño hijo,
cuando éste preguntó: "¿qué le estás haciendo a
mami?. El asesino giró el arma y disparó contra el niño sin
piedad, detalló el diario de vecina ciudad.
En la declaración del miércoles 27,
que se realizó a puertas cerradas debido al estado delicado
de salud en que quedó luego de estar al borde la muerte,
Yolanda Villalba manifestó entre otras cosas: "el loco
Fabián Mosquera me pegó un tiro". Frase que se escuchó
en los alegatos de la acusación y que trató de ser rebatida
en vano por la defensa.
Con dificultades para hablar, como
consecuencia del trágico episodio, la víctima pudo
atestiguar haciéndose entender, en una breve requisitoria,
tras lo cual se abrazó y lloró junto a dos de sus hijas.
Por pedido del defensor Alfredo Fucci,
ingresaron a la sala los profesionales médicos que siguen la
evolución de Villalba, quienes, junto a dos licenciadas en
psicología consideraron que no se advirtió ningún
impedimento para la legalidad de su testimonio.
Este mismo miércoles, pasado el
mediodía, comenzaron los alegatos, donde el representante del
Ministerio Público hizo referencia a los problemas
protagonizados por Mosquera y Villalba.
MUJER GOLPEADA
Entre otros datos, se supo que
Mosquera había golpeado con "un caño" a su
concubina, en un episodio que fue denunciado en sede policial
lujanense, mediante la acreditación de un médico de la
Clínica Guemes, donde la víctima fue atendida.
El 23 de octubre del mismo año,
Yolanda Villalba fue amenazada de muerte por el imputado, que
ayer quedó confirmado como el asesino. Mientras que el 28 de
octubre, el asesino volvió a golpear a su concubina en un
hecho registrado en Mercedes, en la casa de los padres del
agresor. El 10 de mayo de 2001, y con constancia médica de
hematomas, Yolanda fue nuevamente golpeada por Mosquera, quien
hasta la pateó.
Prácticamente sin coartada, Mosquera
declaró que no visitaba a Yolanda desde noviembre de 2000,
pero se contrapuso con el episodio del 10 de mayo, en el que
queda claro que había relación.
También había declarado que no
tenía armas, pero fue rebatido por un testigo, quien aseguró
que en 1997 le había vendido un revólver calibre 38,
justamente el mismo calibre con que las víctimas fueron
salvajemente atacadas.
Otro argumento que vio la Justicia y
del que no pudo escapar Mosquera, como prueba de delito en su
contra, fueron las heridas en sus manos, producidas durante el
trágico hecho ocurrido el 30 de julio de 2001.
En el mismo tramo reservado para los
alegatos, el defensor Alfredo Fucci demostró que no se había
registrado violencia en las aberturas de la vivienda, y no se
constataba que el acusado tuviera llaves del lugar donde
sucedieron los hechos, al momento de su detención.
La defensa también trató de
demostrar que los tiempos no coincidían, pues la muerte del
niño se habría producido entre la hora 6.30 y las 12.30, y
Mosquera, quien salió de su trabajo a las 6.00, había
llevado su automóvil a la hora 9.00 al mecánico para
arreglar los frenos, aunque si consumía más de una hora en
ir y regresar de Luján, le quedaba más de una hora para
asesinar a su concubina y a su pequeño hijo.
La hipótesis de que no pudo haber
consumado el crimen viajando en colectivo, tampoco resultó
creíble, pues aunque el micro de la línea 57 tarda más de
una hora, contando la espera, entre las 9.00 y las 12.30
también tiene tiempo una persona de viajar hasta Luján y
regresar.