De esta forma, un vecino espera
poder recuperar algunos de los objetos que le llevaron los
delincuentes luego de desvalijarle la vivienda.
Por otra parte, el domingo a la
tarde tres delincuentes irrumpieron en una casa del barrio San
Bernardo y tras reducir a sus moradores se apoderaron de una
apreciable suma de dinero.
Con el antecedente fresco de un caso
similar, ocurrido semanas atrás en la provincia de Entre
Ríos, un vecino de esta ciudad decidió publicar un aviso en
EL CIVISMO con la esperanza de poder comprar los objetos que
le fueron robados días atrás de su casa.
Aunque no se sabe si esta vez el final
de la historia será similar al caso del empresario paranaense
que para contactarse con los ladrones decidió publicar un
aviso clasificado en dos medios gráficos de esa ciudad y así
pudo recuperar la computadora portátil que le habían
hurtado, ahora esta modalidad empieza a tener sus discípulos.
Siguiendo la premisa de guardar
absoluta reserva de la identidad de la persona que lo llame
para negociar, un vecino del barrio Padre Varela confía
volver a tener algunos de los elementos que fueron hurtados de
su domicilio a cambio de abonar una suma de dinero pactada
previamente con quienes cometieron el robo o, en su defecto,
con personas allegadas a los malvivientes.
La singular manera de manifestar en
cierta forma la sensación de desprotección e inseguridad que
le toca padecer, fue copiada por Marcelo Cortabarría a quien
los ladrones le llevaron objetos apreciados, más por el valor
afectivo que por el precio que tiene en el mercado.
Probablemente, estos elementos a los
delincuentes no le sirvan ni para ser revendidos en el mercado
negro, aunque para los Cortabarría están llenos de
recuerdos.
El robo ocurrió el domingo, entre las
12.30 y las 14.15, en una vivienda ubicada en Liniers al 100
del barrio Padre Varela. En ese breve tiempo, los delincuentes
pudieron desvalijar la vivienda, destrozar muebles y llevarse
lo que más les convenía.
Al parecer, los malvivientes
ingresaron por los fondos que dan a la calle 9 de Julio. Se
estima que saltaron por una pared que, a su vez, limita a un
terreno donde solía pastorear unos caballos y, una vez dentro
de la casa, barretearon un portón de donde sacaron los
elementos robados y una moto Honda Dax que estaba trabada.
Esta es la segunda vez que la casa de
la familia Cortabarría es blanco de un robo, aunque ahora el
hecho fue con mayor violencia. "La otra vez entraron por
la noche, se llevaron ropas que había en el lavadero,
juguetes y algo de comida que teníamos en unas bolsas pero
esta vez no se llevaron juguetes" aunque si otras
pertenencias que solamente son de utilidad para esta familia.
TRES DELINCUENTES
En la tarde del domingo, tres
delincuentes ingresaron a una vivienda del barrio San
Bernardo, redujeron a los moradores y se llevaron una fuerte
suma de dinero.
El hecho fue denunciado en la
Comisaría Luján Primera pero a pedido de una de las
víctimas la policía no lo dio a conocer a los medios. Sin
embargo, vecinos que se contactaron con esta redacción a lo
largo de esta semana contaron lo sucedido.
Tanto la dirección donde tuvo lugar
el suceso delictivo como la identidad de la familia asaltada
no será publicada por expreso pedido del jefe de familia
quien ante la requisitoria de EL CIVISMO confirmó la
información llegada a este medio.
Por su parte, varios vecinos que
hablaron con este bisemanario pidieron que se dé a conocer el
caso ya que no sería el único hecho similar acontecido en el
barrio en las últimas semanas, al tiempo que manifestaron
sentirse desprotegidos frente a la escasa presencia policial
que hoy tiene el San Bernardo. "Está complicado el
barrio. Es como que la policía no pasa más", dijo una
mujer que reside a pocas cuadras de donde se produjo un
tiroteo entre un delincuente que acababa de salir de prisión
pero que tenía pedido de captura y personal policial de
Luján Primera y el GAD. "Acá no los vemos
patrullar", agregó un vecino de donde ocurrió el atraco
este domingo.
A diferencia del atraco perpetrado en
el campo "Fortín Frías" (ver pág. 18), en este
caso el dueño de casa no desea que se haga público el robo
ante el temor de que los malvivientes tomen algún tipo de
represalia.
Uno de los delincuentes actuó con el
rostro cubierto por una capucha, mientras que el resto de la
gavilla con la cara descubierta. Varias mujeres, y hasta una
criatura de apenas unos meses, fueron testigos de escenas
desagradables en el interior de la vivienda. "Es una
sensación horrible", dijo una de las víctimas que
quedó traumatizada por el miedo vivido.