La familia Sosa se perfila para
encabezar un lamentable récord: en 6 años fue víctima de 10
robos. El último hecho lo sufrió el miércoles último a las
9.30, cuando dos jóvenes irrumpieron a punta de pistola en el
despacho de diarios y revistas que tienen en Mariano Moreno
casi Saavedra. Con los rostros cubiertos por bufandas, se
llevaron la recaudación y escaparon en bicicleta en
dirección al barrio Padre Varela.
El caso, que parece ser uno más,
forma parte de una triste realidad que viene padeciendo el
vecindario, donde prácticamente no queda ningún vecino sin
ser asaltado.
Esa mañana, Carlos Sosa estaba
esperando la devolución de las publicaciones que no son
vendidas, y en lugar de entrar una clienta los que aparecieron
fueron dos muchachos dispuestos a llevarse el dinero que
había en el lugar. A los delincuentes, el robo le demandó
algunos segundos. Entraron blandiendo las armas, obligaron al
diariero a tirarse al suelo y mientras uno de los malvivientes
controlaba que la situación no se desmadrara, el otro le
vació la caja.
Tras cartón, se subieron a las
bicicletas que habían dejado estacionadas en la puerta del
negocio, tomaron por Moreno en contramano, doblaron por
Lisandro de la Torre hacia 9 de Julio y luego viraron hacia el
Puente de las Tropas. Al parecer, lograron esconderse en un
sector poblado de precarias viviendas ubicadas casi a la
orilla del río Luján.
El periplo fue seguido de cerca por
otras dos personas que pasaron por la distribuidora instantes
después del atraco y se solidarizaron con el dueño, al
tiempo que la víctima y un vecino daban aviso a la policía
de lo que acababa de suceder.
A pesar de los datos aportados por el
damnificado más el testimonio de otras tres personas que
vieron dónde se refugiaron los delincuentes, la patrulla se
quedó poco menos que con los brazos cruzados. Los efectivos
habrían argumentado que carecían de una orden de
allanamiento judicial para poder ingresar en la vivienda donde
estarían los ladrones.
"El vecino vio todo, vio las
caras, y como desconfió llamó a la policía pero vinieron al
rato", dijo Mabel Ricardo de Sosa, madre de Carlos, el
joven asaltado.
UNA CORAZONADA, UNA PREMONICIÓN
Con este último hecho, los Sosa
contabilizan cuatro asaltos en el negocio, uno dentro de la
propia vivienda en el cual Carlos resultó con heridas en la
cabeza, cuatro robos más en la vía pública, incluida una
salidera, varias sustracciones de bicicletas, el
desvalijamiento del galpón y hasta un robo en una casa que
tienen en alquiler ubicada en el mismo barrio. "Este
barrio está cansado. Acá (los robos) son continuos. No
podés dejar nada afuera", dijo Mabel Sosa.
La zona que es blanco fácil de los
delincuentes queda en el límite de los barrios San Cayetano y
Antigua Estación Basílica y está a merced de los ladrones,
muchos de los cuales tienen sus madrigueras en el Fonavi, en
el San Cayetano, en el Padre Varela y, en algunos casos, hasta
habitan a pocas cuadras de donde comenten los robos y asaltos
a cualquier hora del día.
Además de los Sosa, semanas atrás un
vecino de apellido Castiñeira expuso la situación de
inseguridad que atraviesa el barrio mediante una carta de
lectores enviada a este medio. Allí contaban que los
delincuentes ya le habían robado hasta a los pajaritos que
tenía en una jaula.
Pero los casos se amontonan uno tras
otro. Desde hace al menos 6 años la sucesión de robos está
en franco aumento, a tal punto que Mabel Ricardo de Sosa hasta
llega a presentir cuándo le van a robar. "Me extrañaba
que no nos hubieran asaltado", comentó a este medio.
- ¿Cómo es esa
"corazonada" que usted tiene de que le van a robar?
- Y... por las caras. Tenemos alarmas,
las puertas son eléctricas y no las pueden abrir, ya no me
puedo quedar en la vereda porque los delincuentes pueden
entrar con mayor facilidad. Así no podemos trabajar.
Como se puede apreciar, los Sosa
tomaron todas las medidas posibles para evitar ser asaltados,
pero hasta ahora nada detuvo a los delincuentes. "Todos
los meses tenemos un gasto por los chorros: el mes pasado
entraron en una de las propiedades que tenemos, tuve que poner
una reja en la puerta de atrás y otra en un ventanal, en mi
casa ya no hay más qué poner. Es increíble lo que estamos
pasando", confesó Mabel.
"CASA POR CASA"
La zona se vuelve más vulnerable ante
una enorme construcción paralizada desde hace años. El
proyecto de chalet queda justo en la esquina de Mariano Moreno
con Saavedra y es un sitio ideal para que los ladrones lo usen
de guarida.
Si bien los Sosa tiene el triste
privilegio de ser la familia que sufrió la mayor cantidad de
hechos, no son los únicos. A la familia Fratón le robaron
hace un mes a las 14.30: varios chicos ingresaron por los
techos, luego entraron por la parte de atrás de la casa y se
llevaron todo lo que pudieron.
El inquilino de los Sosa, de apellido
Belucci, también conoció lo que es la inseguridad. A la
familia Darger le entraron hace un mes, a las cinco de la
tarde y le desvalijaron la casa. "Esto es casa por
casa", contó Mabel.
Pero la lista no termina ahí, ya que
a unas pocas cuadras, en Colón y Alberti, una familia se fue
de vacaciones aprovechando el feriado largo y, a la noche, los
delincuentes le sustrajeron tres televisores, una video, una
computadora y otros elementos de valor.
"Son siempre los mismos, los que
ustedes sacan", atribuyó Mabel, al tiempo que enumeró
una serie de apellidos y apodos de jóvenes que merodean el
barrio. Todos tienen frondosos antecedentes, pero al ser
menores de 18 años cuentan con una impunidad asombrosa que
les permite asolar el vecindario, sabiendo que si caen presos
a las pocas horas o en un par de días, volverán al barrio
para seguir robando.
Si no es Kuki, es el joven de apellido
de cuatro letras asociado a la panificación. Si no es otro
menor de apellido felino, suele ser otro pibe chorro de
apellido oneroso. Por lo general, casi siempre, de este "poker
de ases" surgen los principales sospechosos que están
detrás de este tipo de hechos. Sin embargo, en este último
caso se presume que los autores del atraco serían dos
jóvenes de apellido González o Contreras que residen cerca
de la Quinta de Cigordia.
"Hace 60 años que vivo en el
barrio y nunca vi las caras que hay ahora. La situación que
estamos pasando los vecinos es intolerable. Vamos a tener que
organizarnos porque ya no se puede vivir", resumió la
señora de Sosa.