Miércoles 6 de Julio de 2005 - Año 89 - Edición 7093 - Edición digital 0393

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En el límite del San Cayetano y la Antigua Estación Basílica

Un barrio azotado por la delincuencia

Una familia fue víctima de su décimo robo en los últimos años.

A media mañana, dos jóvenes con los rostros cubiertos se llevaron la recaudación del día.

Los ladrones fueron seguidos de cerca y se escondieron en las inmediaciones del Puente de las Tropas.

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La familia Sosa se perfila para encabezar un lamentable récord: en 6 años fue víctima de 10 robos. El último hecho lo sufrió el miércoles último a las 9.30, cuando dos jóvenes irrumpieron a punta de pistola en el despacho de diarios y revistas que tienen en Mariano Moreno casi Saavedra. Con los rostros cubiertos por bufandas, se llevaron la recaudación y escaparon en bicicleta en dirección al barrio Padre Varela.

El caso, que parece ser uno más, forma parte de una triste realidad que viene padeciendo el vecindario, donde prácticamente no queda ningún vecino sin ser asaltado.

Esa mañana, Carlos Sosa estaba esperando la devolución de las publicaciones que no son vendidas, y en lugar de entrar una clienta los que aparecieron fueron dos muchachos dispuestos a llevarse el dinero que había en el lugar. A los delincuentes, el robo le demandó algunos segundos. Entraron blandiendo las armas, obligaron al diariero a tirarse al suelo y mientras uno de los malvivientes controlaba que la situación no se desmadrara, el otro le vació la caja.

Tras cartón, se subieron a las bicicletas que habían dejado estacionadas en la puerta del negocio, tomaron por Moreno en contramano, doblaron por Lisandro de la Torre hacia 9 de Julio y luego viraron hacia el Puente de las Tropas. Al parecer, lograron esconderse en un sector poblado de precarias viviendas ubicadas casi a la orilla del río Luján.

El periplo fue seguido de cerca por otras dos personas que pasaron por la distribuidora instantes después del atraco y se solidarizaron con el dueño, al tiempo que la víctima y un vecino daban aviso a la policía de lo que acababa de suceder.

A pesar de los datos aportados por el damnificado más el testimonio de otras tres personas que vieron dónde se refugiaron los delincuentes, la patrulla se quedó poco menos que con los brazos cruzados. Los efectivos habrían argumentado que carecían de una orden de allanamiento judicial para poder ingresar en la vivienda donde estarían los ladrones.

"El vecino vio todo, vio las caras, y como desconfió llamó a la policía pero vinieron al rato", dijo Mabel Ricardo de Sosa, madre de Carlos, el joven asaltado.

UNA CORAZONADA, UNA PREMONICIÓN

Con este último hecho, los Sosa contabilizan cuatro asaltos en el negocio, uno dentro de la propia vivienda en el cual Carlos resultó con heridas en la cabeza, cuatro robos más en la vía pública, incluida una salidera, varias sustracciones de bicicletas, el desvalijamiento del galpón y hasta un robo en una casa que tienen en alquiler ubicada en el mismo barrio. "Este barrio está cansado. Acá (los robos) son continuos. No podés dejar nada afuera", dijo Mabel Sosa.

La zona que es blanco fácil de los delincuentes queda en el límite de los barrios San Cayetano y Antigua Estación Basílica y está a merced de los ladrones, muchos de los cuales tienen sus madrigueras en el Fonavi, en el San Cayetano, en el Padre Varela y, en algunos casos, hasta habitan a pocas cuadras de donde comenten los robos y asaltos a cualquier hora del día.

Además de los Sosa, semanas atrás un vecino de apellido Castiñeira expuso la situación de inseguridad que atraviesa el barrio mediante una carta de lectores enviada a este medio. Allí contaban que los delincuentes ya le habían robado hasta a los pajaritos que tenía en una jaula.

Pero los casos se amontonan uno tras otro. Desde hace al menos 6 años la sucesión de robos está en franco aumento, a tal punto que Mabel Ricardo de Sosa hasta llega a presentir cuándo le van a robar. "Me extrañaba que no nos hubieran asaltado", comentó a este medio.

- ¿Cómo es esa "corazonada" que usted tiene de que le van a robar?

- Y... por las caras. Tenemos alarmas, las puertas son eléctricas y no las pueden abrir, ya no me puedo quedar en la vereda porque los delincuentes pueden entrar con mayor facilidad. Así no podemos trabajar.

Como se puede apreciar, los Sosa tomaron todas las medidas posibles para evitar ser asaltados, pero hasta ahora nada detuvo a los delincuentes. "Todos los meses tenemos un gasto por los chorros: el mes pasado entraron en una de las propiedades que tenemos, tuve que poner una reja en la puerta de atrás y otra en un ventanal, en mi casa ya no hay más qué poner. Es increíble lo que estamos pasando", confesó Mabel.

"CASA POR CASA"

La zona se vuelve más vulnerable ante una enorme construcción paralizada desde hace años. El proyecto de chalet queda justo en la esquina de Mariano Moreno con Saavedra y es un sitio ideal para que los ladrones lo usen de guarida.

Si bien los Sosa tiene el triste privilegio de ser la familia que sufrió la mayor cantidad de hechos, no son los únicos. A la familia Fratón le robaron hace un mes a las 14.30: varios chicos ingresaron por los techos, luego entraron por la parte de atrás de la casa y se llevaron todo lo que pudieron.

El inquilino de los Sosa, de apellido Belucci, también conoció lo que es la inseguridad. A la familia Darger le entraron hace un mes, a las cinco de la tarde y le desvalijaron la casa. "Esto es casa por casa", contó Mabel.

Pero la lista no termina ahí, ya que a unas pocas cuadras, en Colón y Alberti, una familia se fue de vacaciones aprovechando el feriado largo y, a la noche, los delincuentes le sustrajeron tres televisores, una video, una computadora y otros elementos de valor.

"Son siempre los mismos, los que ustedes sacan", atribuyó Mabel, al tiempo que enumeró una serie de apellidos y apodos de jóvenes que merodean el barrio. Todos tienen frondosos antecedentes, pero al ser menores de 18 años cuentan con una impunidad asombrosa que les permite asolar el vecindario, sabiendo que si caen presos a las pocas horas o en un par de días, volverán al barrio para seguir robando.

Si no es Kuki, es el joven de apellido de cuatro letras asociado a la panificación. Si no es otro menor de apellido felino, suele ser otro pibe chorro de apellido oneroso. Por lo general, casi siempre, de este "poker de ases" surgen los principales sospechosos que están detrás de este tipo de hechos. Sin embargo, en este último caso se presume que los autores del atraco serían dos jóvenes de apellido González o Contreras que residen cerca de la Quinta de Cigordia.

"Hace 60 años que vivo en el barrio y nunca vi las caras que hay ahora. La situación que estamos pasando los vecinos es intolerable. Vamos a tener que organizarnos porque ya no se puede vivir", resumió la señora de Sosa.

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