Una, la redactó el arzobispo
Rubén Di Monte al Instituto Belgraniano, y luego el
Departamento Ejecutivo la adosó al expediente que contiene el
proyecto de reacondicionamiento del paseo público.
La otra, la envió a los
concejales el prestigioso historiador lujanense Didier
Marquiegui y en ella abundan razones históricas y hasta
religiosas para que la obra no se concrete.
Nadie pone en duda que la plaza
Belgrano necesita ser reparada o que la zona
histórico-basilical hace décadas que no luce como debiera.
En tiempos en que el debate acerca de la conformación de una
sociedad anónima para que tome las riendas del negocio que
genera el turismo sigue despertando una polémica que parece
interminable -y entre anuncios de licitaciones que hablan de
la llegada de millones de pesos para devolverle el brillo
perdido-, otra controversia subyace desde hace unas semanas.
Se trata del proyecto de desplazar
algunos metros el monumento al general Manuel Belgrano,
levantado en el corazón del paseo público más visitado los
fines de semana. Este asunto, que para muchos posiblemente
carezca de importancia, para otros no lo es tanto. Con todo,
lo que hoy son opiniones epistolares que pasaron a formar
parte de un expediente que circula en el Concejo Deliberante,
amenaza con empezar a utilizarse como plataforma política de
algunos partidos que, a meses de las elecciones comunales,
tomarían este tema para sacarle su tajada, aprovechando el
interés latente que hoy tiene en la opinión pública todo
aquello referido al futuro del epicentro turístico de esta
ciudad.
Desde hace un par de semanas, las dos
notas engrosan el expediente referido a las modificaciones que
el gobierno provincial y municipal pretenden aplicar en toda
el área. Ambas tienen que ver con el corrimiento de la
estatua ecuestre que recuerda al creador de la Bandera
Nacional. Los escritos, uno con más argumentos que el otro,
son muy diferentes y reflejan puntos de vistas totalmente
opuestos acerca de si conviene o no mover el monumento de su
lugar original.
Uno está fechado el 8 de junio,
ingresó al Concejo Deliberante dos semanas más tarde, lleva
la firma del arzobispo Rubén Héctor Di Monte y avala los
planes oficiales. La segunda nota, fue redactada el 30 de
junio por el investigador de carrera del CONICET y reconocido
profesional de la Historia y las Ciencias Sociales, Didier
Marquiegui, y este martes el bloque de la UCR la adjuntó al
expediente para que en el momento de ser tratado el proyecto
se la tenga muy en cuenta.
PUNTOS DE VISTA
En el caso de la nota de Di Monte,
antes de ser incluida en el expediente a expensa del
Departamento Ejecutivo, fue enviada al presidente del
Instituto Belgraniano, Aníbal Luzuriaga, con el objetivo de
"expresarle mi parecer en relación a la propuesta del
municipio" sobre la reconversión de la plaza Belgrano
pero puntualmente acerca del desplazamiento del monumento del
prócer.
En el caso del investigador
científico Marquiegui, su opinión no tiene "ánimo
polémico" ni lo guían "intenciones de ninguna
clase", mas "sólo la de acercar (...) los elementos
de juicios sobre los que debatir el futuro de nuestra ciudad,
sobre bases serias y sensatas".
Posiblemente, Di Monte no tenga idea
de la postura que el prestigioso historiador local elevó a
los concejales recientemente, como así tampoco Marquiegui
conozca lo que piensa el alto dignatario de la Iglesia
Católica. Lo cierto es que los dos puntos de vista ayudan a
comprender la reconversión que se quiere hacer en la plaza y,
sobre todo, los motivos que hay detrás del corrimiento de la
estatua.
Mientras se aguarda la finalización
de la primera etapa de los trabajos de restauración encarados
en el Santuario y se espera el llamado a licitación para la
segunda etapa, el 30 de septiembre, el gobierno municipal
confirmó una inversión de alrededor de 5 millones de pesos
destinadas a modificar la abandonada plaza Belgrano. Esto
incluye no sólo arreglar las baldosas, colocar nuevos bancos,
poner más y mejor iluminación o reparar las mayólicas, sino
también transformar su imagen y que la Basílica no se vea
"obstruida" a los ojos de los peregrinos.
¿MOLESTA O NO MOLESTA?
"Creo que esto sería conveniente
siempre que dicho cambio no signifique, como decían los
responsables del proyecto, una minusvalorización de la figura
del general Belgrano a quien profeso un especial afecto, ya
que permitirá jerarquizar el marco adecuado para las
importantes peregrinaciones que allí se congregan, tomando
como ejemplo la situación de otros centros de peregrinación
religiosa a nivel internacional", le expresó Di Monte al
presidente del Instituto Belgraniano pero sin llegar a
identificar a qué lugar o lugares se refería concretamente.
Y agregó: "De esta manera se contaría con un ámbito
más apto para celebraciones multitudinarias al aire libre y a
la vez protegería la integridad del monumento al ilustre
general Belgrano".
Si el purpurado tomó como ejemplo lo
que sucede en la Santa Sede, este no sería el modelo más
apropiado para copiar por la simple razón que la plaza San
Pedro tiene una especie de obelisco en el centro que a nadie
se le ocurrió cuestionar si era necesario correrlo porque
molestaba el desplazamiento de las multitudinarias
peregrinaciones que allí se producen en forma permanente.
Marquiegui, como profesional de la
Historia y las Ciencias Sociales, sostiene al respecto que
sería un tanto descabellado "afirmar que la pirámide de
Heliópolis, traída a Roma en el año 37 y que delimita el
centro de la plaza San Pedro, me impide ver correctamente la
entrada de la Basílica, como si sostuviera que las
magníficas fuentes de Bernini que demarcan a cada lado el eje
longitudinal de la plaza me obligaran al pesado ejercicio -y
quien me conoce sabe que a mí sí realmente me pesa- de tener
que transitar bajo las columnatas del mismo nombre, lo que
supone por la circunvalación recorrer una mayor distancia.
Consecuencia: lo mejor que se podría hacer es, con desprecio
del valor artístico y simbólico (y de la belleza) de esos
testimonios vivos del Vaticano, es eliminarlo aunque, que yo
sepa, hasta ahora a ninguno de los millones de visitantes y
peregrinos que acuden a ese espacio se les ha ocurrido pedir
semejante cosa".
Para el arzobispo Di Monte "la
intervención propuesta en nada alterará las condiciones de
la obra histórica dado que se respetará en un todo la
conformación de la misma, desplazándola unos metros, a fin
de dejar liberado el eje religioso acercándola más al eje
cívico conformado por el Cabildo y enmarcando su entorno por
medio de un área Ceremonial, acompañándolo con la
reubicación de los mástiles existentes en la plaza".
Marquiegui rebate este argumento.
"Según parece, el monumento impide contemplar
plenamente, `congestionando' la visual de la Basílica, pero
trasladarlo frente al Cabildo como se planea ¿acaso no
`congestiona' aún más la observación de otro edificio un
siglo más antiguo, que además es más pequeño y de un valor
simbólico que si Luján realmente conociera su historia no
sería necesario destacarlo?".
Y continúa agregando que " (...)
francamente, cada vez que vuelvo de mi trabajo en la
Universidad por la conexión con la autopista, encuentro tanto
más perturbadoras para mi capacidad de `visualizar' la
Basílica a las banderas que flamean desde los mástiles, con
toda la buena voluntad levantados en la plazoleta Ana de
Matos, siendo el monumento apenas un punto, que si bien crece
a medida que nos acercamos, sólo obstaculiza la posibilidad
de ver los trabajos realizados en la puerta doble que la
distancia que nos separa de ella hace igualmente visible de
todas maneras".
CONOCIMIENTOS Y AVALES
Por su parte, Di Monte decidió
escribir al Instituto Belgraniano y apoyar su posición a
favor del desplazamiento del monumento "según con la
información que he recibido" la que "cuenta con el
respaldo técnico de varios organismos competentes" como
son "la Comisión Nacional de Museos Histórico, la
Dirección Nacional de Arquitectura, la Secretaria de Turismo
de la Nación, la Subsecretaría de Tierras y Urbanismo, la
Secretaría de Turismo y Deportes y el Instituto Cultural,
estos últimos tres pertenecientes a la provincia de Buenos
Aires y las Universidades de El Salvador, Morón y Córdoba,
entre otros, motivos que considerados en conjunto me llevan a
expresar mi parecer favorable", aseveró en su misiva.
Marquiegui, en tanto, considera que
"es preferible prevenir a tener que lamentar después
decisiones a largo aliento tomadas a las apuradas", al
tiempo que hace un llamamiento a quienes tienen poder de
decisión "para una rediscusión global del proyecto
general dentro del cual estas obras se encuentran
comprendidas" ya que "cualquier obra parcial que se
pretenda ejecutar en lo inmediato se deriva de un plan maestro
que entonces todos los actores involucrados, incluyendo
fundamentalmente a la ciudadanía y a los concejales,
deberían tener perfectamente en claro porque son
modificaciones que necesitan de él para poder
explicarse". Estos aspectos son importantes sobre todo
"en una ciudad que se quiere presentar como cabecera de
una clase de turismo cultural de fuerte contenido
histórico".
Como para que nadie se siente dolido
por su explicación, la nota de este prestigioso y reconocido
historiador no sólo en el país sino también en el exterior,
recalca que su objetivo no es impedir nada, "al
contrario, ayudar a construir sobre más sólidos cimientos y
llamar la atención sobre la necesidad de tomar decisiones
pensadas, nunca guiadas por apresuramientos derivados de
razones en definitiva sólo secundarias, delegando
responsabilidades que son nuestras y menos aún bajo el
imperio de esa muy pobre mentalidad y concepción de la vida
humana de corte meramente mercantilista, inaceptable ya en la
medida que en la década pasada sentó las bases de la
bancarrota del país y de la miseria de que hoy sufren
millones de argentinos".
Marquiegui de puño y letra
El siguiente texto es un extracto de
la nota escrita por Didier Marquiegui donde refleja la
importancia histórica que tiene el monumento en el lugar
actual donde está emplazado.
"El primitivo monumento a
Belgrano, que hoy descansa en el museo, construido en 1858 por
el alarife catalán Jaime Palet cuyas memorias aún se
conservan y estaba ubicado en el mismo lugar donde el actual
monumento se encuentra, fue el primero erigido en la provincia
en homenaje al insigne revolucionario, intelectual e
improvisado hombre de armas. Fue realizado por encargo de la
municipalidad como testimonio del pueblo de Luján al
movimiento independentista que su figura encarnaba. El mismo
loable propósito guió a las autoridades de Luján y a la
Comisión Pro Centenario cuando en 1910, en ocasión del
centenario de la Revolución de Mayo, creyeron que en el lugar
del primer monumento ya desplazado debía erigirse una
magnífica estatua ecuestre que permitiera entrever en su
grandiosidad la envergadura del personaje y de la revolución
en él homenajeados (...) En efecto, en el ambicioso programa
establecido para las celebraciones se contaban numerosas
iniciativas, entre ellas la colocación de la piedra
fundamental del monumento que estaba destinado a exaltar la
figura de Manuel Belgrano en la plaza que llevaba su
nombre".
"La estatua ecuestre del Gral.
Belgrano, cuya inauguración finalmente, con la presencia del
presidente de la nación, se realizaría en 1930, abarcando
ese anhelo veinte años de la historia de la ciudad. Pero que
las autoridades municipales y la Comisión del Centenario,
así como sus diversas sub-comisiones eran concientes del
significado simbólico del monumento que había proyectado, lo
demuestra la amplia adhesión a la suscripción popular que
decidieron llevar a cabo con ese fin, contándose entre sus
más entusiastas adherentes la propia Iglesia, pues no parece
vano recordar llegados a este punto que nadie mejor que Manuel
Belgrano representaban dentro del grupo revolucionario, el
antecedente del anhelo de una identidad nacional fundada en un
catolicismo de fuertes raíces en la devoción mariana, razón
por la que recibió el apoyo entusiasta de la jerarquía
eclesiástica y de la feligresía local una identidad que
sería bandera del verdadero mentor del primer y genuino
proyecto de un entorno de la Basílica del que su gestor, nos
referimos a Salvaire, lo pretendía encarnación material de
ese ideal al que aspiraba y por el que se enfrentó
abiertamente a otras cosmovisiones de su época. Tal vez el
detalle pase inadvertido pero la estatua de ecuestre Belgrano
mira, en clara posición de reverencia, hacia el templo donde
está la depositaria de sus afanes devocionales. Y si es
cierto, que el monumento no pudo levantarse de inmediato, el
25 de mayo de 1910, las autoridades y el pueblo de Luján
colocaban la piedra fundamental que es posible que nuevamente
vea luz si es que se concreta el propósito de
desplazarlo".
De sumo interés
No sólo Di Monte y Marquiegui están
preocupados por el futuro del monumento. El Gobierno Municipal
y algunos concejales de la oposición, están abocados a
conseguir opiniones con sustento para fijar luego una postura
definitiva. De hecho, hace algunas semanas, un par de ediles
de la UV se dirigieron al Instituto Belgraniano donde fueron
recibidos pero no obtuvieron respuesta alguna. Dicen estos
ediles que días antes una funcionaria de carrera de la
Secretaría de Servicios Públicos habría hecho la misma
consulta obteniendo una respuesta negativa a los planes del
DE.
Según trascendió, eso habría
disparado a Di Monte a escribir su carta para respaldar -y tal
vez ejercer cierta presión- para que las autoridades del
instituto modifiquen su postura y no trabar así los planes
del gobierno.
70 a 30
Entre el 14 y el 20 de mayo, EL
CIVISMO preguntó a sus lectores si estaban de acuerdo con el
desplazamiento del monumento: el 30 por ciento respondió que
sí mientras que el 70 por ciento opinó que no.