Un delincuente abatido, tres detenidos
-dos de ellos heridos- y uno que, al cierre de esta edición,
era buscado por aire y tierra fue el epílogo de un hecho de
"piratas del asfalto" iniciado en el mediodía de
ayer contra un chofer de un camión que transportaba bolsas de
cemento.
Todo se inició cerca de las 12.30, en
la ciudad de Ezeiza, y finalizó en la localidad de Open Door,
cerca de las 16, donde luego de un violento intercambio de
disparos uno de los malvivientes encontró la muerte en un
camino vecinal, a unos 70 metros de la Ruta Provincial Nº 6,
mientras que el resto de la banda alcanzó a escapar pero
fueron aprehendidos en un camino rural a unos 1.000 metros de
la Ruta Provincial 192, justo en la portada del emprendimiento
privado de chacras "Loma Escondida". La gavilla se
movilizaba en un Renault Megane bicuerpo que terminó
perforado por todos sus lados como consecuencia de la cantidad
de balas que recibió por parte de la Policía.
El camión, un Mercedes Benz 1518 (EQQ
015), perteneciente a la firma Ispran, cubría el trayecto
Ezeiza-Cañuelas pero a los pocos minutos de su partida y
cuando se encontraba en la Autopista fue interceptado por los
malvivientes. Según expresó a EL CIVISMO Jesús Arrieta,
conductor de transportes, los delincuentes querían el
vehículo, no así la carga que llevaba en su remolque.
A punta de pistola, dos de los
hampones ingresaron a la cabina y amenazaron al conductor, al
tiempo que le ordenaron desviarse de su ruta con el objetivo
de encontrar un sitio seguro donde poder desenganchar el
acoplado y apoderarse del pesado rodado.
Los delincuentes obligaron al chofer a
tomar por Ruta 6, pero a la altura de la Ruta 7 se cruzaron
con otro camión de la misma empresa al que le llamó la
atención el lugar donde circulaba su colega y compañero de
trabajo en la firma. El camionero, ante esto, alertó a los
delincuentes, quienes decidieron dirigirse hacia Open Door.
POLICÍA EN ACCIÓN
Al llegar a una vieja estación de
servicio que se encuentra abandonada, los malandras hicieron
bajar al chofer para que desenganche el remolque. Arrieta
alcanzó a hacer una seña al playero dando a entender que
estaba siendo asaltado. Esta persona se comunicó con un
conocido policía de la localidad quien, con posterioridad,
tendría un rol fundamental en el desenlace de esta historia.
Vestido de civil, el oficial Carlos
Cáceres llegó al lugar donde se encontraba el camión
estacionado y dio la voz de alto, pero lejos de ser acatada,
los delincuentes respondieron con una balacera que los vecinos
y el mismo chofer que presenció los disparos no pudieron
calcular la cantidad de detonaciones efectuadas en unos pocos
segundos.
Solo, contra los cinco delincuentes,
Cáceres alcanzó a herir a tres de ellos. Uno murió en el
acto cuando escapaba hacia Open Door por una calle de barro
sin nombre que une la Ruta 6 con Fray Santa María de Oro. Su
última corrida culminó antes de llegar a la esquina de
Hipólito Bouchard.
El hampón abatido era una persona
joven de no más de 20 años. Su cuerpo quedó como enroscado,
con la mirada paralizada en dirección al cielo, y la piel
blanca como una hoja de papel. Los vecinos, a los pocos
minutos, miraban todo desde lejos.
Mientras uno caía para siempre, los
dos heridos fueron recogidos por otros dos delincuentes que
siguieron todo de cerca en el Renault Megane. El auto dio una
vuelta manzana, cargó a los compinches y escapó en
dirección a Torres. Para entonces, la Policía le seguía los
pasos.
El Megane transitó unos 4 kilómetros
por 192 y dobló hacia la izquierda. Al llegar a "Loma
Escondida", personal policial ya lo había hecho un
colador. Dos disparos en el parabrisa, uno en el capot, otro
en la óptica izquierda, otro más en el faro rompenieblas,
uno en la puerta derecha, no menos de cuatro en la luneta y un
par en la parte trasera, fueron las huellas que quedaron de la
persecución policial. Sin salida, intentaron huir a pie.
Sólo uno corrió más rápido que los efectivos.
En este lugar, tres fueron capturados
y uno logró huir a campo traviesa. Uno presentaba una herida
en uno de los tobillos y el otro cerca de la clavícula. Seis
móviles policiales de las distintas dependencias de la zona,
más el apoyo de un helicóptero de la Bonaerense, iniciaron
la búsqueda del único delincuente que alcanzó a escapar.
En Open Door, changarines que estaban
en una obra en construcción y varios vecinos no podían creer
lo que observaban sus ojos y comentaban azorados lo que había
pasado.
El camionero, su testimonio
Jesús Arrieta, el chofer asaltado, se
acercó a mirar el cuerpo de uno de los sujetos que lo apuntó
con el arma durante un par de horas y luego accedió a contar
su versión a EL CIVISMO. "Paramos en Las Heras y como no
pudimos desenganchar el semi seguimos por la 6. Nos paramos
antes de llegar a la 7 y tampoco pudimos porque le había
puesto unos tornillos especiales. Pasamos la Gaona pero
tampoco pudieron. Nos vinimos para acá y cuando estábamos
haciendo el rulo (el cruce de 6 y 6) nos cruzó otro camión
de Ispran. Entonces, le dije: `Lo único que le pido que no te
la agarres conmigo, porque no tengo nada que ver'". Los
delincuentes le preguntaron cómo sabía que el otro camionero
podía dar aviso a la Policía. A lo que Arrieta comentó que
lo iba a hacer a través de la radio y "se nos van a
venir al humo".
"Ahí le agarró una
desesperación. No sabía cómo meter los cambios para llegar
más rápido. Cuando llegamos acá, yo ya iba en el auto. Me
dijeron que vaya a desenganchar el semi y ahí hago una seña
al pibe (por un playero) de que me estaban robando".
Una seña oportuna, un par de
tornillos y un policía que apareció en el momento justo
pusieron fin a la odisea del camión. "Vino este señor
(por el policía) en el auto, da la orden y ahí empezó el
tiroteo. Éstos (por los delincuentes) se cagaron tirando. Los
cinco estaban enfierrados", agregó Arrieta.
"Yo había quedado en el medio.
No sabía dónde meterme. Los tres salieron corriendo y en el
auto habían quedado dos haciendo campana. Dio la vuelta,
levantó a los heridos y se escaparon". Para entonces,
uno yacía en el lodo de la calle donde nunca pasaba nada.