El proyecto comenzó hace dos años en
uno de los sectores del Instituto Alvear. Actualmente trabajan
17 chicos junto a algunos de sus padres y está abierto para
todas las personas de la zona que deseen participar. La
posibilidad nació a través de un convenio firmado con el
Consejo Nacional de la Familia para aprovechar 15 hectáreas,
una chanchería y un galpón de pollos, que conforman una zona
de la institución que hace 25 años estaba abandonada.
La mayoría de los chicos viven en el
hogar "Ruca Hueney", ubicado en el barrio La
Fraternidad de General Rodríguez, otros son del mismo barrio
y, también, participan padres de los jóvenes que concurren
al proyecto. Es un centro de capacitación y producción que
comercializa lo que va sobrando vendiéndoselos a los vecinos.
Es un lugar donde la gente se forma en un oficio pero
sobretodo en la cuestión humana.
"La cooperativa se sostiene con
la venta de lo que se produce, hoy estamos en una etapa de
autoconsumo y tratamos de seguir desarrollándonos para
ofrecer este espacio a otra gente que quiera aprender un
oficio", describe Omar Giuliani, uno de los coordinadores
del proyecto.
El proyecto cuenta con talleres de
apicultura y avicultura, se trabaja en la cría de cerdos y
huerta orgánica. "Se realiza con la idea de recuperar el
espacio de la tierra, trabajando comunitariamente y creyendo
que es posible pensar otra vida. En realidad es aprender
haciendo", afirma Omar.
EL HOGAR Y SU HISTORIA
Este proyecto se comprende mejor
conociendo la historia del Hogar "Ruca Hueney", que
nació en 1999 realizando apoyo escolar en el barrio La
Fraternidad de la ciudad aledaña a Luján. En aquel momento,
Omar Giuliani y Estela Gallego, comenzaron a intentar hacer
algo frente a las situaciones problemáticas que vivían los
niños y jóvenes de su sector. "Era un desastre, se los
llevaban presos, mucho alcohol, droga y situaciones de
abandono", comenta Giuliani, quien recordó cuando aquel
sueño se gestaba: "Arrancamos con un grupo de pibes para
empezar a definir y construir otra forma de vida. A medida que
fuimos avanzando la problemática se fue agudizando y tuvimos
que generar otro tipo de respuesta, entonces comenzamos con
una "casita", que era un local de la CTA (Central de
Trabajadores Argentinos), donde venían los chicos a hacer
actividades de escuela, circo, murga. Luego vimos la necesidad
de tener otro lugar y, buscando por el barrio, encontramos una
quinta que estaba abandonada y la tomamos para hacer la
colonia de vacaciones.
La realidad de muchos pibes ya
excedía lo que nosotros podíamos realizar durante el día y
se tornó necesario e indispensable la cuestión de que
algunos se quedaran a vivir".
El hogar, después de 6 años,
"abraza" a 70 chicos, 40 de ellos encontraron ahí
su casa y son acompañados por Omar y Estela, formando
"la gran familia".
Es un espacio destinado para chicos de
cualquier edad. "Tenemos desde la más chiquita, que
tiene un año y medio, hasta otros que ya tienen 23 años. La
mayoría de nuestros educadores son pibes que han estado con
nosotros. Que arrancaron la historia en el `99 y hoy son los
educadores que llevan adelante el proyecto", expresa la
pareja sonriendo, como cosechando el camino realizado.
Respecto de relación que se establece
con los chicos y el hogar, la palabra clave que surge de la
boca de la pareja es "enamoramiento". Tenemos un
gran compromiso con los pibes, nuestro gran enamoramiento es
con los pibes.
Los pibes se empiezan a enamorar del
hogar no porque tengan las grandes comodidades sino por cómo
se los trata", comparte Omar.
SUEÑOS Y CONVICCIONES
Todo el proyecto está sustentado en
convicciones, en valores y en un modo de entender y vivir la
vida que la pareja se encarga de compartir: "Esto es
empezar a pensar en chiquito el país que queremos en grande.
Un lugar donde todos nos respetemos y sea digno vivir, donde
la cuestión sea comunitaria, y no haya algunos que 'le pisen
la cabeza a otros'. En Argentina tenemos tierra fértil y
estructuras del Estado abandonadas; sin embargo, hay 100 pibes
por día que se mueren de hambre, es la incoherencia de este
país", sentencia Giuliani y agrega: "Nosotros
partimos de la idea que las cosas son para el que las trabaja
y no para que la riqueza se las quede otro".
Esta organización social integra el
Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo que es una
organización de la CTA, esta relación, según Omar, tiene un
motivo: "Si los pibes están en esta situación es porque
primero desocuparon a los padres y no creemos que haya
posibilidades de revertir la situación de la niñez sino es
revirtiendo la del país. Por eso estamos en la casa de los
trabajadores".
En la Fraternidad también cuentan con
"la casita", lugar donde funciona todo lo que tiene
que ver con las madres, un centro de alfabetización, una
escuela de adultos y algunos talleres.
Omar y Estela están convencidos de
que "lo que hoy nos pasa no es natural, lo natural sería
que los pibes vivan como corresponde y no se mueran de hambre,
que los padres tengan trabajo y no estar cobrando un plan
trabajar que es una miseria".
Su militancia nació en la época de
su cursada en un colegio secundario; hoy, no dividen el
trabajo social con el resto de la vida, ellos vuelven a su
casa y conviven con todos lo pibes del hogar. La pareja hace
un tiempo "tocó" la utopía de un mundo mejor y
desde ese momento intentan hacerla realidad.