La sala oficial se vistió de ilusión
con la llegada del mágico mundo de Emanuel. El mago despliega
no sólo su óptima destreza de ilusionista sino también su
capacidad actoral y de animación, condimentada constantemente
con variados recursos cómicos.
Emanuel comenzó a los 14 años,
jugando con las cajitas de magia de jugueterías, hasta que
conoció la escuela de Fu Manchú, dirigida por su esposa
Lola. Allí tomó clases mientras, paralelamente, estudiaba
arquitectura en la Universidad de Buenos Aires.
Luego de un año y medio decidió
dedicarse de lleno al maravilloso arte de crear ilusiones y
tomó cursos de zapateo americano, teatro y bellas artes.
Compitió en varios congresos internacionales hasta que
conoció a los integrantes del Centro Mágico Platense,
quienes lo invitaron a participar de sus reuniones. Al cabo de
unos meses lo aceptaron como socio del mismo, resolución que
lo honró y de la que siempre estará agradecido.
A partir de allí, distintas
presentaciones en medios nacionales le dieron a su arte la
difusión necesaria. A lo largo de su trayectoria llevó su
destreza a Chile, Brasil, Uruguay y Estados Unidos, entre
otros países, obteniendo reconocimientos de todo tipo.
Lo que el público puede ver en sus
presentaciones no es meramente una seguidilla de cuadros de
magia. Con criterio teatral, Emanuel incluye su actividad de
mago en el marco de un espectáculo que cuenta una sencilla
historia de viaje a través del mundo y persecuciones con
obstáculos, con evocaciones de personajes populares como
Indiana Jones.
A esto se suma una cuidada
sincronización de las luces, una potente banda musical y
mucha imaginación escénica para mantener un ritmo sostenido
y atrapante.
Uno de los aspectos destacables del
espectáculo es la magia de grandes aparatos que le permite
acercar al público muchas de las ilusiones de los más
reconocidos profesionales.
Todo sucede con intensa participación
del público, lo que acentúa el suspenso de cada uno de los
actos. El mágico mundo de Emanuel combina la novedad de
algunos números con un conjunto de trucos clásicos. Sabe,
además, aportar nuevos ingredientes a las pruebas que
resultan más conocidas.
En suma, un show que restituye a la
magia en el plano teatral, su capacidad de ser el centro del
espectáculo y no simplemente un número más en el marco de
una estructura mayor, sea circense, dramática o televisiva.