Sábado 3 de Septiembre de 2005 - Año 89 - Edición 7110 - Edición digital 0410

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El mago Emanuel

Fantasía teatral

Un espectáculo donde la imaginación fue la protagonista de la noche.
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La sala oficial se vistió de ilusión con la llegada del mágico mundo de Emanuel. El mago despliega no sólo su óptima destreza de ilusionista sino también su capacidad actoral y de animación, condimentada constantemente con variados recursos cómicos.

Emanuel comenzó a los 14 años, jugando con las cajitas de magia de jugueterías, hasta que conoció la escuela de Fu Manchú, dirigida por su esposa Lola. Allí tomó clases mientras, paralelamente, estudiaba arquitectura en la Universidad de Buenos Aires.

Luego de un año y medio decidió dedicarse de lleno al maravilloso arte de crear ilusiones y tomó cursos de zapateo americano, teatro y bellas artes. Compitió en varios congresos internacionales hasta que conoció a los integrantes del Centro Mágico Platense, quienes lo invitaron a participar de sus reuniones. Al cabo de unos meses lo aceptaron como socio del mismo, resolución que lo honró y de la que siempre estará agradecido.

A partir de allí, distintas presentaciones en medios nacionales le dieron a su arte la difusión necesaria. A lo largo de su trayectoria llevó su destreza a Chile, Brasil, Uruguay y Estados Unidos, entre otros países, obteniendo reconocimientos de todo tipo.

Lo que el público puede ver en sus presentaciones no es meramente una seguidilla de cuadros de magia. Con criterio teatral, Emanuel incluye su actividad de mago en el marco de un espectáculo que cuenta una sencilla historia de viaje a través del mundo y persecuciones con obstáculos, con evocaciones de personajes populares como Indiana Jones.

A esto se suma una cuidada sincronización de las luces, una potente banda musical y mucha imaginación escénica para mantener un ritmo sostenido y atrapante.

Uno de los aspectos destacables del espectáculo es la magia de grandes aparatos que le permite acercar al público muchas de las ilusiones de los más reconocidos profesionales.

Todo sucede con intensa participación del público, lo que acentúa el suspenso de cada uno de los actos. El mágico mundo de Emanuel combina la novedad de algunos números con un conjunto de trucos clásicos. Sabe, además, aportar nuevos ingredientes a las pruebas que resultan más conocidas.

En suma, un show que restituye a la magia en el plano teatral, su capacidad de ser el centro del espectáculo y no simplemente un número más en el marco de una estructura mayor, sea circense, dramática o televisiva.

 

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