Después
de nueve fechas sumando frustraciones, El Canario retornó al
triunfo. Leiva, de cabeza, puso el empate transitorio, y
Castellón, con un golazo, le dio la victoria definitiva.
Aunque poco importe, el encuentro no fue bueno.
Sí. Créalo señor. No se sorprenda. EL
Canario ha vuelto a conocer la sensación del triunfo. Una
dulce sensación que durante este torneo ha disfrutado en
contadas ocasiones -7, para ser más específicos-. Tres
puntos llenos de oxígeno que permitirán trabajar con las
pulsaciones más controladas durante la semana. Tres puntos
que, quizás, despierten en algunos la esperanza -¿o
utopía?- de alcanzar el Reducido (hoy Flandria está a 5
puntos del noveno en la general y restan jugarse 21).
En fin, un triunfo tan inesperado como
renovador. Un triunfo estimulante para un grupo que necesitaba
a gritos apoyar un sábado la cabeza contra la almohada, mirar
las telarañas del techo, suspirar y esbozar una sonrisa de
tranquilidad.
¿DÓNDE ESTÁ EL QUE
GANÓ EL CLÁSICO?
A los 30 minutos ya era justificado
preguntarse si aquel equipo que le ganó el clásico a
Temperley siete días antes se había extraviado entre los
festejos. Los Andes comenzó y terminó siendo un conjunto
extrañamente apático y con muy escaso vuelo técnico.
Inclusive era válido cuestionar por qué un flaco alto
inelástico como Couceiro tenía el privilegio -o la fortuna-
de llevar la 10 en la espalda... Es que es muy llamativo no
encontrar en este "gigante" de la "B", al
menos, arrebatos de individualidades. Hubo alguna excepción
como el delantero Tridente (aunque no anduvo bien), como el
volante Brites (se cansó y desapareció del partido), o como
Ruiz (el cinco y la figura del local), pero no mucho más.
Demasiado marginales fueron sus apariciones como para
gravitar.
¿Y EL CANARIO?
Flandria, usted sabe, nunca tiró
manteca al techo. Y no lo iba a hacer justamente en estos
tiempos de vacas flacas. El equipo de Guillermo Duró estuvo
"ordenadito". El diminutivo obedece a que era tan
modesto lo que estaba enfrente que no fue necesario estar
"ordenado" para no tener un partido repleto de
zozobras. Con cuatro en el fondo -el último sábado, en el
Carlos V, paró tres-, presentó un clásico 4-3-1-2, con
Petaca Aranda jugando bien cerca de Pighín. Y la verdad que
no estuvo tan mal, aunque para la vista no sea nada
entretenido. Por momentos manejó el balón, por momentos
retrocedió unos metros, y volvió a padecer la recurrente
falta de profundidad y ocasiones de gol.
Y LO DIO VUELTA
Dentro de la monotonía y la parsimonia
con la que se vivía el trámite del encuentro, el gol de
Brites para el local, a los 37 del primer tiempo, parecía una
sentencia de muerte de la cual El Canario no iba a poder
escapar.
Sin embargo, cuando agonizaba la primera
etapa, y a pesar de no generar chances, Flandria recibe un
premio por parte de los pies de Aranda a través de un centro
envenenado que Leiva, en el primer palo, alcanza a peinar y
marcar la igualdad.
Así se fueron al descanso. Con un gol
"anímico" que El Canario capitalizó en el juego
durante los primeros 20
minutos del complemento y que se
reflejó en una postura más ambiciosa frente a la pasmosa
inacción de su rival.
Luego, todo volvió a equilibrarse,
hasta que aparecieron los "hijos prodigios" del
club. Primero lo hizo el más mimado y el que mejor cotiza en
bolsa, Guido Ferreras, quien recuperó una pelota en mitad de
cancha, encaró, se sacó un hombre de encima y la cedió. ¿A
quién? A su hermano, el de otra generación, el que no se
resigna y sigue dando pelea para cerrarle la boca a más de
uno, el Chivo Castellón. El delantero recién ingresado
recibió el balón en la puerta del área y con un zurdazo
implacable fusiló las esperanzas del "Mil Rayitas".
Y se acabó la historia. Flandria, al fin, volvió a tener un
viaje de retorno a casa encantador.
1
Es la primera vez que Flandria pudo
revertir un resultado adverso en todo lo que va del
campeonato.