Miércoles 5 de Abril de 2006 - Año 91 - Edición 7169 - Edición digital 0469

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Los Andes 1 - Flandria 2

Y un día volvió a levantar vuelo

Después de nueve fechas sumando frustraciones, El Canario retornó al triunfo. Leiva, de cabeza, puso el empate transitorio, y Castellón, con un golazo, le dio la victoria definitiva. Aunque poco importe, el encuentro no fue bueno.

Sí. Créalo señor. No se sorprenda. EL Canario ha vuelto a conocer la sensación del triunfo. Una dulce sensación que durante este torneo ha disfrutado en contadas ocasiones -7, para ser más específicos-. Tres puntos llenos de oxígeno que permitirán trabajar con las pulsaciones más controladas durante la semana. Tres puntos que, quizás, despierten en algunos la esperanza -¿o utopía?- de alcanzar el Reducido (hoy Flandria está a 5 puntos del noveno en la general y restan jugarse 21).

En fin, un triunfo tan inesperado como renovador. Un triunfo estimulante para un grupo que necesitaba a gritos apoyar un sábado la cabeza contra la almohada, mirar las telarañas del techo, suspirar y esbozar una sonrisa de tranquilidad.

¿DÓNDE ESTÁ EL QUE GANÓ EL CLÁSICO?

A los 30 minutos ya era justificado preguntarse si aquel equipo que le ganó el clásico a Temperley siete días antes se había extraviado entre los festejos. Los Andes comenzó y terminó siendo un conjunto extrañamente apático y con muy escaso vuelo técnico. Inclusive era válido cuestionar por qué un flaco alto inelástico como Couceiro tenía el privilegio -o la fortuna- de llevar la 10 en la espalda... Es que es muy llamativo no encontrar en este "gigante" de la "B", al menos, arrebatos de individualidades. Hubo alguna excepción como el delantero Tridente (aunque no anduvo bien), como el volante Brites (se cansó y desapareció del partido), o como Ruiz (el cinco y la figura del local), pero no mucho más. Demasiado marginales fueron sus apariciones como para gravitar.

¿Y EL CANARIO?

Flandria, usted sabe, nunca tiró manteca al techo. Y no lo iba a hacer justamente en estos tiempos de vacas flacas. El equipo de Guillermo Duró estuvo "ordenadito". El diminutivo obedece a que era tan modesto lo que estaba enfrente que no fue necesario estar "ordenado" para no tener un partido repleto de zozobras. Con cuatro en el fondo -el último sábado, en el Carlos V, paró tres-, presentó un clásico 4-3-1-2, con Petaca Aranda jugando bien cerca de Pighín. Y la verdad que no estuvo tan mal, aunque para la vista no sea nada entretenido. Por momentos manejó el balón, por momentos retrocedió unos metros, y volvió a padecer la recurrente falta de profundidad y ocasiones de gol.

Y LO DIO VUELTA

Dentro de la monotonía y la parsimonia con la que se vivía el trámite del encuentro, el gol de Brites para el local, a los 37 del primer tiempo, parecía una sentencia de muerte de la cual El Canario no iba a poder escapar.

Sin embargo, cuando agonizaba la primera etapa, y a pesar de no generar chances, Flandria recibe un premio por parte de los pies de Aranda a través de un centro envenenado que Leiva, en el primer palo, alcanza a peinar y marcar la igualdad.

Así se fueron al descanso. Con un gol "anímico" que El Canario capitalizó en el juego durante los primeros 20

minutos del complemento y que se reflejó en una postura más ambiciosa frente a la pasmosa inacción de su rival.

Luego, todo volvió a equilibrarse, hasta que aparecieron los "hijos prodigios" del club. Primero lo hizo el más mimado y el que mejor cotiza en bolsa, Guido Ferreras, quien recuperó una pelota en mitad de cancha, encaró, se sacó un hombre de encima y la cedió. ¿A quién? A su hermano, el de otra generación, el que no se resigna y sigue dando pelea para cerrarle la boca a más de uno, el Chivo Castellón. El delantero recién ingresado recibió el balón en la puerta del área y con un zurdazo implacable fusiló las esperanzas del "Mil Rayitas". Y se acabó la historia. Flandria, al fin, volvió a tener un viaje de retorno a casa encantador.

1

Es la primera vez que Flandria pudo revertir un resultado adverso en todo lo que va del campeonato.

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