El profesional, quien tiene un tumor
maligno en la mano, se desempeñaba como profesor en el
Instituto Joaquín V. González. Después de meses de lucha,
consiguió que se revierta la medida.
Juan Bautista Milanese es profesor de
Geografía, geólogo y master en Gestión Ambiental. En su
currículum figuran más de 20 años de trabajo en la
docencia.
Luego de ganar un concurso, ingresó el
23 de abril de 1998 como profesor interino en el instituto
Joaquín V. González, que depende de la Dirección General de
Educación Superior de la Ciudad de Buenos Aires. Pero siete
años más tarde comenzaron sus problemas, y una lucha que se
extendió por 15 meses.
SENTIRSE DISCRIMINADO
"Para ser empleado de la Ciudad de
Buenos Aires hay que tener una ficha municipal. Sabían que
tenía un problema oncológico en una mano y por esta razón
me dijeron que primero me operara y después continúe con los
trámites. Después de operarme, del instituto me informaron
que fui dado de baja por no ser apto para la docencia",
explicó Milanese a EL CIVISMO.
"Espero
que no se repitan acciones vergonzosas como estas, que
constituyen un verdadero papelón para las instituciones y
un motivo de repudio para toda la comunidad
educativa", dijo Milanese.
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Dos
meses después, y ya con el expediente labrado, Milanese
quedó cesante. Ante esta situación, optó por
presentar un primer recurso de reconsideración a la
Dirección Medicina del Trabajo del gobierno porteño.
La respuesta demoró un año y sostuvo la postura que
había determinado la baja inicial.
"La contestación fue poco
menos que ridícula, y fue terminantemente rebatida
mediante un informe hecho por la ortopedista oncológica
que me operó, la doctora Patricia Cudeiro". |
Milanese presentó un segundo recurso,
pero la respuesta volvió a confirmar la no aptitud.
Pero mientras los médicos de Medicina
Laboral de Capital Federal consideraban que no era apto para
ejercer sus funciones como profesor, Milanese trabajaba como
docente en otros institutos del gran Buenos Aires y cinco
días después de su baja había sido habilitado para ocupar
una cátedra en la Universidad Nacional de Luján, puesto que
conserva hasta el día de hoy. Paralelamente se desempeñaba
-como lo sigue haciendo- en la secretaría de Minería del
Estado Nacional.
Además, en marzo del corriente, el
Instituto Médico Especializado Alexander Fleming había
certificado que el profesor no tenía contraindicaciones desde
el punto de vista oncológico para ejercer la docencia. En la
misma fecha, el Instituto Quirúrgico del Callao consideró
que su enfermedad "no le impedía realizar sus tareas
docentes".
A través de una nota de la Defensoría
del Pueblo publicada en un conocido diario capitalino,
Milanese se enteró de la existencia de dos profesoras que
habían sido despedidas por sufrir problemas oncológicos.
Por esta razón, decidió recurrir a ese
organismo para intentar destrabar la situación. A partir de
ese momento, las cosas empezaron a cambiar. El 18 de julio el
tema llegó a los noticieros de los cinco canales de aire.
"Tres días después de aparecer en
televisión, me llamaron de la Dirección de Asistencia al
Docente para entregarme el apto para la función y de esta
manera corrigieron la decisión que habían tomado hace un
año y medio atrás. Esto demuestra la falta de seriedad y
nivel que tienen los médicos de Medicina Laboral de la Ciudad
de Buenos Aires y que no tienen problemas en
discriminar", reflexionó el profesor.
A la hora de encontrar algún tipo de
explicación sobre la medida que determinó su baja por casi
15 meses, Milanese explicó que "como los tres docentes
que sufrimos este problema tenemos más de 50 años, es una
manera de disfrazar una salida laboral inexistente".
"A las otras dos profesoras
todavía no las citaron, pero supongo que las van a llamar
después de las vacaciones para solucionar este
conflicto".
"Que un paciente oncológico no
pueda dar clases es un pretexto tonto, y espero que no se
repitan acciones vergonzosas como estas, que constituyen un
verdadero papelón para las instituciones y un motivo de
repudio para toda la comunidad educativa", dijo Milanese.
Sobre el final de la charla que mantuvo
con este medio, el profesional recordó que cuando fue dado de
baja del Instituto Joaquín V. González se llamó a un nuevo
concurso.
"Me presenté y lo gané. Pero
cuando me notificaron los resultados, la rectora de la
institución me hizo firmar una nota diciendo que si no
presentaba el certificado de aptitud otorgado por Medicina
Laboral, no podía hacerme cargo de las horas. Eso es un
motivo de discriminación del propio instituto, porque me
pedían algo que no le pidieron después al profesor que
terminó segundo en el concurso", contó.