Tal vez deba constar en el papel para que
los funcionarios tomen nota de la situación
y dejen de actuar una falsa preocupación.
Hace poco más de dos meses, puntualmente el
30 de mayo, el intendente Miguel Ángel
Prince, sus secretarios de Salud y Medio
Ambiente (Dr. Raúl Ré), de Obras y
Servicios Públicos (Arq. Isabel Otero) y de
Legal y Técnica (Dr. Martín Capandegui),
junto con los directores de esas áreas y el
indescriptible funcionario provincial Rubén
Corominola, intentaron montar el circo de la
preocupación por la contaminación en
Jáuregui en una sesión desarrollada en el
Club Flandria de esa localidad.
La contundencia de los datos que se
animaron a exponer los vecinos ante el
silencio de los funcionarios, minimizaron el
intento por simular que todo se trata de
exageraciones y malas interpretaciones. Más
allá de tediosas, repetidas y forzadas
explicaciones oficiales, que incluyeron
cuadros, mapas, dibujitos y números, quedó
claro que Jáuregui no soporta más convivir
con la contaminación que no generan, pero
que tienen que sufrir a diario. Los vecinos
no generan la contaminación, el gobierno no
controla y las consecuencias las pagan los
ciudadanos comunes. Historia repetida
alrededor de la curtiembre desde hace más
de 12 años.
También había quedado claro que se
necesitan respuestas urgentes. Sin embargo,
a dos meses de los planteos directos a los
funcionarios, las respuestas en Jáuregui no
aparecen. Ni siquiera se logró mermar el
problema más sencillo: el olor nauseabundo,
que cada día reaparece en el aire del
pueblo.
Cuando los vecinos o, mejor dicho, la
indignación aprieta, se habla de la
"inmediata" conformación de una
comisión o de la sanción a la empresa por
no cumplir con "lo comprometido".
Y es probable, porque en Luján pasó, que
algún funcionario provincial con más cargo
que sabiduría se digne a "bajar"
al lugar de los problemas, pero nada cambia.
Hasta el propio gobernador Felipe Solá, sin
intermediarios, admitió que "la
contaminación existe y que la curtiembre
tiene algo que ver".
Esta semana Prensa de la Comuna se apuró
en informar que visitó Luján el ingeniero
Corominola, el funcionario que cobra por
controlar a las empresas para que no
contaminen. A diferencia de lo ocurrido hace
dos meses, cuando todavía había margen
para mentir con promesas, esta vez no se
invitó a los medios de comunicación para
dialogar con Corominola.
Sin molestas presencias periodísticas,
los funcionarios municipales y provinciales
(porque Corominola vino acompañado de otra
funcionaria que cobra para controlar que las
empresas no contaminen) hablaron de lo que
quisieron y dijeron lo que quisieron.
Con un caradurismo del que debe quedar
registro, Corominola y compañía evaluaron
que las obras para disminuir los olores a
podrido de la planta de Curtarsa "van a
buen ritmo" (textual de la gacetilla de
la Dirección de Prensa). La firma tiene
ganancias millonarias y los funcionarios
municipales y provinciales se alegran porque
una obra ínfima que deberían haber
terminado hace una década ahora "va a
buen ritmo".
Es el mismo caradurismo con el que
anuncia que el gobierno local se puso firme
y le pidió a Curtarsa que ceda unos
terrenos de su propiedad para la
construcción de un paso vial.
Salvo aquellos que son necios porque un
sueldo les calla la boca, hace dos meses
había quedado en claro para la mayoría de
la comunidad local que Jáuregui no debía
aguantar más las consecuencias de la
contaminación. Hoy siguen dando vueltas
sobre cuestiones menores porque no se tiene
el coraje ni la decisión política de
frenar los abusos empresariales. En este
contexto, no tendría que extrañar que
dentro de dos meses vuelva Corominola y se
maraville porque Curtarsa dejó de repartir
sus olores, algo que jamás se le debió
permitir.