Sábado 5 de Agosto de 2006 - Año 92 - Edición 7203 - Edición digital 0503

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Ya pasaron dos meses

Tal vez deba constar en el papel para que los funcionarios tomen nota de la situación y dejen de actuar una falsa preocupación. Hace poco más de dos meses, puntualmente el 30 de mayo, el intendente Miguel Ángel Prince, sus secretarios de Salud y Medio Ambiente (Dr. Raúl Ré), de Obras y Servicios Públicos (Arq. Isabel Otero) y de Legal y Técnica (Dr. Martín Capandegui), junto con los directores de esas áreas y el indescriptible funcionario provincial Rubén Corominola, intentaron montar el circo de la preocupación por la contaminación en Jáuregui en una sesión desarrollada en el Club Flandria de esa localidad.

La contundencia de los datos que se animaron a exponer los vecinos ante el silencio de los funcionarios, minimizaron el intento por simular que todo se trata de exageraciones y malas interpretaciones. Más allá de tediosas, repetidas y forzadas explicaciones oficiales, que incluyeron cuadros, mapas, dibujitos y números, quedó claro que Jáuregui no soporta más convivir con la contaminación que no generan, pero que tienen que sufrir a diario. Los vecinos no generan la contaminación, el gobierno no controla y las consecuencias las pagan los ciudadanos comunes. Historia repetida alrededor de la curtiembre desde hace más de 12 años.

También había quedado claro que se necesitan respuestas urgentes. Sin embargo, a dos meses de los planteos directos a los funcionarios, las respuestas en Jáuregui no aparecen. Ni siquiera se logró mermar el problema más sencillo: el olor nauseabundo, que cada día reaparece en el aire del pueblo.

Cuando los vecinos o, mejor dicho, la indignación aprieta, se habla de la "inmediata" conformación de una comisión o de la sanción a la empresa por no cumplir con "lo comprometido". Y es probable, porque en Luján pasó, que algún funcionario provincial con más cargo que sabiduría se digne a "bajar" al lugar de los problemas, pero nada cambia. Hasta el propio gobernador Felipe Solá, sin intermediarios, admitió que "la contaminación existe y que la curtiembre tiene algo que ver".

Esta semana Prensa de la Comuna se apuró en informar que visitó Luján el ingeniero Corominola, el funcionario que cobra por controlar a las empresas para que no contaminen. A diferencia de lo ocurrido hace dos meses, cuando todavía había margen para mentir con promesas, esta vez no se invitó a los medios de comunicación para dialogar con Corominola.

Sin molestas presencias periodísticas, los funcionarios municipales y provinciales (porque Corominola vino acompañado de otra funcionaria que cobra para controlar que las empresas no contaminen) hablaron de lo que quisieron y dijeron lo que quisieron.

Con un caradurismo del que debe quedar registro, Corominola y compañía evaluaron que las obras para disminuir los olores a podrido de la planta de Curtarsa "van a buen ritmo" (textual de la gacetilla de la Dirección de Prensa). La firma tiene ganancias millonarias y los funcionarios municipales y provinciales se alegran porque una obra ínfima que deberían haber terminado hace una década ahora "va a buen ritmo".

Es el mismo caradurismo con el que anuncia que el gobierno local se puso firme y le pidió a Curtarsa que ceda unos terrenos de su propiedad para la construcción de un paso vial.

Salvo aquellos que son necios porque un sueldo les calla la boca, hace dos meses había quedado en claro para la mayoría de la comunidad local que Jáuregui no debía aguantar más las consecuencias de la contaminación. Hoy siguen dando vueltas sobre cuestiones menores porque no se tiene el coraje ni la decisión política de frenar los abusos empresariales. En este contexto, no tendría que extrañar que dentro de dos meses vuelva Corominola y se maraville porque Curtarsa dejó de repartir sus olores, algo que jamás se le debió permitir.

 

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