Con sorprendente soltura, desde el
Departamento Ejecutivo admitieron la semana
pasada que gastarán, monedas más o menos,
6 millones y medio de pesos más de los
presupuestados. Para ser más exactos, se
debería indicar que gran parte de esos
millones ya fueron gastados y no tendría
que sorprender que la cifra final del año
supere lo admitido hasta ahora.
La versión oficial del derroche de la
billetera explica que el aumento en los
salarios municipales es la principal causa
para el gasto excesivo. Puntualmente, se
informa que el salario de bolsillo de los
agentes comunales recibirá, escalonado en
tres veces, un incremento total de 130
pesos.
También se explica que los "gastos
operacionales" suben la hemorragia
monetaria en otros 3 millones de pesos, pero
en este caso por culpa de la inflación.
Tanto el argumento de los salarios como
el que apunta a los "gastos
operacionales" merecen alguna
reflexión. En definitiva, se trata de 6.5
millones de pesos "públicos" más
que el gobierno municipal piensa gastar, y
es un derecho ciudadano conocer las razones
de esa situación.
Basta con entrar a cualquier dependencia
municipal para comenzar a comprender por
qué se necesitan 3.5 millones de pesos más
para sueldos de empleados con trajecito
verde. En los últimos meses, sin previo
informe a la comunidad, ingresaron decenas y
decenas de empleados y pasantes a la casa
municipal, a la Cúpula y a todas las
oficinas al servicio de la gestión.
Sirva como ejemplo señalar que cuando se
empezaba a salir de la crisis económica de
2001, el gobierno de Miguel Prince pagaba un
sueldo para el trabajo de Prensa y
Publicidad. En la actualidad, la misma área
tiene un coordinador, un director, un
"contacto de prensa", tres
trabajadores en el edificio municipal y
otros tres en la calle, sin contar las
contrataciones esporádicas. Si bien
también es cierto que existe un cambio
profundo en la producción de ese sector
(atrás quedó la época de dos gacetillas
por semana y entregadas sólo a los medios
de prensa afines con la política
ideológica de la gestión), su incremento
en materia de recursos humanos tiene un
correlato casi exacto con todas las áreas
de gobierno. Y en muchas de ellas no hay
rastros de mejoras en la producción.
Sin la crisis golpeando los talones,
Prince entendió que se debía aumentar el
plantel de empleados municipales. Eso genera
gastos y, se presupone, también cambios o
resultados en la administración.
Lo que no expone mejoras (ni tampoco
explicación racional), más allá de que
sigue ampliándose hasta cantidades
sorprendentes, es el plantel de
coordinadores.
Son tantos que algunos no saben
específicamente para qué cobran, o tienen
cargos tan decorados en su denominación que
no entrarían en una tarjeta personal.
Desarrollando una tarea periodística, todos
los días se conoce el nombre de un
funcionario nuevo. ¿Es esto primordial para
la gestión, o tiene olor a amiguismo? ¿El
pueblo tiene que pagar tantos coordinadores
o es un derroche de Prince que aprovecha esa
figura para complacer a sus allegados?
Hace años, indagar sobre la figura de
los coordinadotes, su función, su
desempeño y su salario, era una de las
tareas comunes dentro de la oposición. Hoy
parecen ocupados por otros menesteres.
También ameritan un desglose los 3
millones de pesos más que insumirán los
"gastos operacionales". Una
partida que aumentará y nadie lo discutirá
es la contemplada para uniformes de
empleados. Con tantos ingresos, la fábrica
de trajes verdes debe estar saturada. Pero
la mayoría de los servicios (luz,
teléfono, entre otros) que utiliza la
comuna, como así también los combustibles
de los vehículos oficiales, no cambiaron
entre el año pasado y el corriente. 3
millones de pesos en un año por culpa de la
inflación es un tema que merece un
replanteo serio no sólo en Luján, sino en
las áreas de Economía de Nación. Si las
cosas aumentaron tanto y la inestabilidad
financiera es tan marcada, no estamos tan
bien como lo afirman Kirchner, Solá y
Prince desde los palcos oficiales.