"El capitán Héctor Pedro Vergez
nació de cuna humilde. Entonces, sus padres no se imaginaban
que su hijo, más allá de servir a la patria, inclinaría sus
energías a defender a los más humildes, a los postergados, a
aquellos que no saben cómo ni dónde peticionar. Nació en
1943 en Victorica, La Pampa, y formó parte de una familia tan
humilde como laboriosa. Vergez sabe lo que es el trabajo y el
esfuerzo para hacerse un lugar en una sociedad llena de
desigualdades e injusticias".
Esa es la introducción a la biografía
que, en tono Poldy Bird, publicó el propio Héctor Pedro
Vergez en la página que creó, años atrás, para difundir
las actividades de su Asociación Nacional Contra la Usura (ANCU).
Una biografía más realista debería
decir que Vergez, alias "Vargas" o
"Gastón", fue uno de los represores más
sanguinarios de la última dictadura militar. Estuvo a cargo
del campo de concentración de La Perla, en Córdoba, y entre
las acusaciones que supo cosechar figura la apropiación
indebida de casas e inmuebles de los desaparecidos durante el
gobierno de facto.
Sin embargo, no fue su apego con lo
ajeno lo que determinó su reciente detención, sino su
incontrolable verborrea, propia de aquellos que se creen
impunes.
Vergez fue apresado a principios de esta
semana. El ex represor fue reconocido días atrás por el hijo
de un desaparecido como el autor del secuestro y desaparición
de su padre, Gallego Soto.
El joven se encontró cara a cara con
Vergez hace diez años y éste, amparado en la vigencia de las
leyes de Obediencia Debida y Punto Final, le confesó que él
había sido el autor del secuestro de su padre.
El lunes, en rueda de reconocimiento, el
hijo de Gallego Soto lo identificó de inmediato cuando lo vio
junto a otros delincuentes, y se largó a llorar
desconsoladamente ante el juez de la causa.
Las resoluciones de Rafecas y de
Oyarbide se conocieron un día después de que el presidente
Néstor Kirchner reclamara a la Justicia el avance de las
causas de derechos humanos y que los acusados fueran enviados
a cárceles comunes. De todos modos, las detenciones que
ordenó el juez federal Daniel Rafecas estaban previstas desde
la semana pasada.
EL COLUMNISTA
El "modus operandi" de Vergez
lo llevó a conseguir el apodo de "El Escorpión",
nombre que le puso el programa "Telenoche
Investiga". En agosto de 2000, esa producción
periodística detalló cómo Vergez cerraba negocios
millonarios con personas acorraladas por sus deudas con
prestamistas.
Fue con esa careta de falso héroe que
desembarcó en Luján, una de las tantas ciudades que recibió
los consejos de ANCU, aunque seguramente esta ciudad ha sido
uno de los lugares donde Vergez encontró el terreno más
fértil para difundir sus ideas.
En Luján, antes de que la clase
política reaccionara y lo declarara "persona no
grata", el ex responsable de La Perla realizó marchas
callejeras para escrachar a prestamistas; fue columnista
"estrella" en "Radio Ciudad Luján",
emisora cuyo propietario llegó a decir, al aire,
"Héctor, esta radio es tuya", y también escribió
durante meses en el diario "Tribuna del Pueblo".
En coincidencia con la detención de
Vergez, también aprehendieron en Mercedes al ex agente de
inteligencia de la Policía Federal en la última dictadura,
Raúl Guglielminetti.
Como ocurrió durante algunos meses en
Luján con el nefasto capitán Vergez, en Mercedes
Guglielminetti gozaba de cierto respeto en algunos sectores de
la sociedad. De hecho, según informaron desde "El Nuevo
Cronista" de esa ciudad, "Guglielminetti tuvo un
supermercado y lo conocía todo el mundo". Jamás nadie
se animó a declararlo "persona no grata".
Guglielminetti fue detenido en el campo
"La Mapuche", un predio con semáforo en la
tranquera y seguridad privada, ubicado a la altura del
kilómetro 103 de la ruta 5.