Sábado 12 de Agosto de 2006 - Año 92 - Edición 7205 - Edición digital 0505

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"Pero los dinosaurios van a desaparecer"

Siempre fue un bocón. Siempre se creyó dueño de la verdad absoluta. Siempre se pensó inmune e impune. Siempre abusó de los demás, con una picana, con otros métodos de tortura, con el uniforme seguramente impecable o, "democratizado", con estrategias legales y económicas.

Sin embargo, no menos cierto es que en Argentina, desde 1976 hasta hace escasos meses, estaban dadas las condiciones para que sujetos como Héctor Pedro Vergez circularan por las calles y no sólo eso; siguieran cobrando víctimas. En tiempos militares, víctimas fatales; en épocas democráticas, víctimas de estafa.

Esta semana fue su propia incontinencia verbal la que lo depositó en la cárcel, sitio en el que debía estar desde el momento mismo en que se comprobó su participación en la sangrienta represión de la última dictadura.

Cuando las leyes del perdón gozaban de buena salud, sujetos como Vergez, "El Turco Julián" o el propio "Capitán Astiz" hacían alarde de sus capacidades para la persecución, el espionaje, la tortura o el asesinato. Vergez, o "Vargas" o "Gastón", el mismo torturador con distintas caretas, llegó a afirmar que el centro de detención La Perla "es mi hija, mi obra, yo la hice".

Fue en esos tiempos, no tan lejanos, en los que Vergez le dijo en la cara al hijo de un desaparecido (de Julio Gallego Soto, agente de Juan Domingo Perón) que él era el autor del secuestro de su padre. Pasaron los años pero la Justicia llegó: hoy Vergez está preso por ese delito, peleando legalmente para no caer en una celda común.

Tal vez ahora que el nefasto personaje se encuentra tras las rejas, es probable que a su prontuario y posterior condena se sumen las denuncias de apropiación ilegal de bienes muebles e inmuebles de los desaparecidos.

En Luján quedará registrado su paso; un paso que, aunque cueste creerlo, tenía ciertos modismos de triunfal. El hombre desembarcó en esta ciudad hacia fines de la década del 90, embanderado en la presunta defensa de las personas estafadas por los prestamistas.

Con asombrosa rapidez y no menos asombrosa pasividad del gobierno municipal (encabezado por el mismo intendente Miguel Prince de la actualidad) Vergez organizó marchas callejeras, armó un escenario en la plaza Belgrano, pregonó sus ideas, fue columnista radial en una emisora que lo declaraba al aire "dueño honorario" del medio de comunicación, y columnista gráfico en un diario local que le brindaba no menos pleitesía.

Fue el Concejo Deliberante de 1998 el que decidió declararlo "persona no grata". Eso no le cerró las puertas de la ciudad, pero al menos fue una muestra de desagravio hacia su figura; mucho más que lo hecho en Mercedes con Raúl Guglielminetti, un "respetado supermercadista" al que nadie molestaba por su pasado como ex agente de inteligencia de la Policía Federal.

Con todo, cabe señalar que una sola expresión de Vergez en sus tiempos de libertad no se contamina ni siquiera con lo abominable de su origen. En julio de 1998, con la Basílica en sus espaldas, Vergez pedía que los políticos tomaran la posta en la lucha contra los usureros. Nadie lo escuchó.

El título de la nota que publicó este medio luego de la marcha que el ex represor realizó el 26 de julio de 1998 por las calles de Luján, a ocho años de distancia, terminó siendo premonitoria: "Pero los dinosaurios van a desaparecer". Las detenciones de esta semana lo certifican.

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