Siempre fue un bocón. Siempre se creyó
dueño de la verdad absoluta. Siempre se
pensó inmune e impune. Siempre abusó de
los demás, con una picana, con otros
métodos de tortura, con el uniforme
seguramente impecable o,
"democratizado", con estrategias
legales y económicas.
Sin embargo, no menos cierto es que en
Argentina, desde 1976 hasta hace escasos
meses, estaban dadas las condiciones para
que sujetos como Héctor Pedro Vergez
circularan por las calles y no sólo eso;
siguieran cobrando víctimas. En tiempos
militares, víctimas fatales; en épocas
democráticas, víctimas de estafa.
Esta semana fue su propia incontinencia
verbal la que lo depositó en la cárcel,
sitio en el que debía estar desde el
momento mismo en que se comprobó su
participación en la sangrienta represión
de la última dictadura.
Cuando las leyes del perdón gozaban de
buena salud, sujetos como Vergez, "El
Turco Julián" o el propio
"Capitán Astiz" hacían alarde de
sus capacidades para la persecución, el
espionaje, la tortura o el asesinato.
Vergez, o "Vargas" o
"Gastón", el mismo torturador con
distintas caretas, llegó a afirmar que el
centro de detención La Perla "es mi
hija, mi obra, yo la hice".
Fue en esos tiempos, no tan lejanos, en
los que Vergez le dijo en la cara al hijo de
un desaparecido (de Julio Gallego Soto,
agente de Juan Domingo Perón) que él era
el autor del secuestro de su padre. Pasaron
los años pero la Justicia llegó: hoy
Vergez está preso por ese delito, peleando
legalmente para no caer en una celda común.
Tal vez ahora que el nefasto personaje se
encuentra tras las rejas, es probable que a
su prontuario y posterior condena se sumen
las denuncias de apropiación ilegal de
bienes muebles e inmuebles de los
desaparecidos.
En Luján quedará registrado su paso; un
paso que, aunque cueste creerlo, tenía
ciertos modismos de triunfal. El hombre
desembarcó en esta ciudad hacia fines de la
década del 90, embanderado en la presunta
defensa de las personas estafadas por los
prestamistas.
Con asombrosa rapidez y no menos
asombrosa pasividad del gobierno municipal
(encabezado por el mismo intendente Miguel
Prince de la actualidad) Vergez organizó
marchas callejeras, armó un escenario en la
plaza Belgrano, pregonó sus ideas, fue
columnista radial en una emisora que lo
declaraba al aire "dueño
honorario" del medio de comunicación,
y columnista gráfico en un diario local que
le brindaba no menos pleitesía.
Fue el Concejo Deliberante de 1998 el que
decidió declararlo "persona no
grata". Eso no le cerró las puertas de
la ciudad, pero al menos fue una muestra de
desagravio hacia su figura; mucho más que
lo hecho en Mercedes con Raúl
Guglielminetti, un "respetado
supermercadista" al que nadie molestaba
por su pasado como ex agente de inteligencia
de la Policía Federal.
Con todo, cabe señalar que una sola
expresión de Vergez en sus tiempos de
libertad no se contamina ni siquiera con lo
abominable de su origen. En julio de 1998,
con la Basílica en sus espaldas, Vergez
pedía que los políticos tomaran la posta
en la lucha contra los usureros. Nadie lo
escuchó.
El título de la nota que publicó este
medio luego de la marcha que el ex represor
realizó el 26 de julio de 1998 por las
calles de Luján, a ocho años de distancia,
terminó siendo premonitoria: "Pero los
dinosaurios van a desaparecer". Las
detenciones de esta semana lo certifican.